Joseph Zárate: “Yo no escribo por dinero”

El periodista y editor peruano ganó el Premio Gabriel García Márquez con la crónica “Un niño manchado de petróleo”, en el Festival Gabo, Colombia, organizado por la Fundación de Nuevo Periodismo Iberoamericano. Narra la historia de un niño awajún en una de las peores catástrofes ecológicas en el Perú.

El periodista y editor peruano ganó el Premio Gabriel García Márquez con la crónica “Un niño manchado de petróleo”, en el Festival Gabo, Colombia, organizado por la Fundación de Nuevo Periodismo Iberoamericano. Narra la historia de un niño awajún en una de las peores catástrofes ecológicas en el Perú.

La muerte tiene un color, es negra. Arrasa todo. Así lo constata Joseph Zárate, el periodista peruano a través de la crónica “Un niño manchado de petróleo”, con la que acaba de ganar en Colombia el premio Gabriel García Márquez, en el festival que lleva el nombre del nobel colombiano.

La crónica, ganadora en la categoría texto 2018 fue publicada en la Revista 5W de España. Narra la historia de Osmán Cuñachi, un niño awajún del pueblo Nazareth, en la selva peruana, quien, junto a sus hermanos –en realidad hombres y mujeres del pueblo– se ofrecieron extraer el petróleo que se había derramado en el río Chiriaco tras la rotura del oleoducto norperuano de Petroperú, en el verano del 2016.

Así, sin protección alguna, como narra Joseph Zárate, Osmán Cuñachi, balde en mano, se introdujo a las aguas negras sin medir el riesgo de su vida. Quinientos mil litros de combustible: una de las peores catástrofes ambientales del Perú.

Joseph Zárate, que es también profesor universitario y editor, proviene de las canteras de la revista Etiqueta Negra, aquí detalla sobre los motivos y procesos de su crónica ganadora.

- ¿Cuánto tiempo te tomó realizar esta crónica ‘‘Un niño manchado de petróleo”, que ha sido ganadora en el Festival Gabriel García Márquez?

Esta versión, que publiqué en diciembre del 2017, me tomó un año y medio entre los viajes, la reportería y la escritura, porque me tomé mucho tiempo en pensar cuál era el punto de vista que yo iba a tomar al momento de contar esta historia. La pregunta era básicamente ¿quién era yo en al momento de escribir? ¿Qué conexión existe entre esa historia, esa realidad y mis motivaciones como reportero? ¿Por qué lo hago? Me pasé muchos meses pensando en eso que es un método de introspección y que no tiene que ver con el método periodístico, sino más bien es una búsqueda. ¿Por qué me interesa tanto escribir sobre estas cosas? ¿Por qué?

- ¿Cuál fue el proceso de reportería en esta crónica, de entender a este niño y lo que lo rodea?

Para mí es muy importante pasar mucho tiempo con las personas, poder ir a los lugares a los que ellos van, comer lo que ellos comen, conversar con ellos. No me interesa prender la grabadora y que me digan lo primero que se les venga a la mente. Reflexionar juntos sobre lo que les pasa, sobre las decisiones que toman sobre lo que sienten, porque como periodista mi materia prima son las personas, son sus recuerdos, sus emociones, sus pensamientos. Para mí es el material con el que yo trabajo y hay herramientas que los periodistas usamos desde las ciencias sociales, como la antropología, la etnología, la observación participante. A mí me interesa incorporar en mi trabajo estas metodologías, por eso, intento permanecer tiempo con estas personas para poder comprender qué está sucediendo.

- Tras uno de los conversatorios que tuviste en el Festival Gabo, mencionaste que se debe buscar dar dignidad a las personas en las historias que uno escribe. En particular con la crónica “Un niño manchado de petróleo”. ¿sucedió así?

No es tanto cómo darle dignidad, sino tratar de poner sobre la mesa los aspectos más humanos de estas personas. No retratarlos como malos y buenos, sino tratar de dibujar todos sus matices. Eso es de algún modo buscar presentar la dignidad de las personas que son más complejas de lo que usualmente presenta el periodismo tradicional. Ves personas con pasiones, con zonas oscuras, grises y luminosas, ese es el trabajo que yo intento hacer. Creo que de eso se trata, poder ser honesto al momento de escribir, al momento de reportear, tratarlos como si tratáramos a las personas de la ciudad. ¿Cómo escribimos sobre las personas de la ciudad, escribimos diferente? ¿Por qué? ¿Son diferentes a nosotros? Son ciudadanos también, entonces creo que pensar en estas cuestiones hace que podamos encontrar soluciones al momento de abordar este tipo de temas.

- En ese sentido, ¿qué opinas de los periodistas que se declaran activistas?

Mucha gente podrá decir estás haciendo periodismo activista o algo así, pero yo estoy haciendo periodismo, estoy presentando la realidad con sus matices, intentando hacerlo, pero obviamente el periodismo tiene que poner su foco en esas historias que la gente normalmente no conoce y que a veces la desnaturalizamos, porque sucede todo el tiempo, matan mujeres, mueren indígenas, hay actos de racismo. A mí me parece una tontería etiquetar, tiene que haber un compromiso. El periodismo es un servicio, es un acto de generosidad, está implícito eso, si alguien quiere llamarlo activismo, bueno, llámalo así si quieres, pero uno está haciendo periodismo.

- Tú has publicado en una revista española (5W). ¿Por qué? ¿No hay muchos espacios para la crónica en Perú?

Etiqueta Negra está en stand by. En Lima casi no hay medios que te publiquen crónicas largas. Respecto a 5W, surgió porque conocí a Agus Morales, director de 5W, en Barcelona, y el año pasado aquí (en los Premios Gabo) hablamos de esta historia. Yo sé que ellos son muy cuidadosas con la edición y con las fotos, por esta razón publiqué ahí, fue más una cuestión de afecto. Creo que es importante pensar en que como yo no escribo por dinero, porque literalmente no gano nada de plata, al menos quiero hacer que las cosas que yo publique estén bien cuidadas, que esté en un lugar bueno, que haya cariño por el trabajo.

- ¿De qué vive un cronista?

De otros trabajos. Yo, por ejemplo, doy clases en la universidad, edito proyectos, libros periodísticos. En Lima, al menos no se vive de eso. Yo desde hace un buen tiempo decidí que como no vivo de escribir, porque me pagan muy poco, hago otros trabajos para cubrir eso y la escritura solo lo hago cuando hay temas que a mí me comprometan, que me emocionen, que tengan una conexión conmigo, por eso público muy poquito, una vez al año o dos. Pero más que publicar me interesa que eso que publico esté bueno, aunque no tengo problema con eso porque la escritura está conmigo, trato de luchar contra esa ansiedad de estar vigente, es difícil, pero no imposible.

- ¿Crees que debería haber más voces descentralizadas en la crónica?

Me gustaría que haya más voces, más voces de la periferia que no siempre sea el periodista de Miraflores, Barranco, que haya gente de San Juan de Lurigancho, de Comas, gente de Mollendo, de Ica, que haya más voces, el centro siempre ha contado la periferia. Ahora yo pienso que la periferia tiene que contarse a sí misma. Me interesa mucho eso, que el conocimiento circule.

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