Presunto homicida de José Yactayo: “En mi mente escuchaba que estaba enfermo, que no merecía vivir”

Falso arrepentimiento. Los psicólogos forenses que interrogaron al estudiante Wilfredo Zamora señalan que se encuentra en pleno uso de sus facultades mentales, que es consciente de sus actos y que se trata de un manipulador.

15 Abr 2017 | 18:01 h

Unidad de Investigación
 
“No sé lo que pasó. De la noche a la mañana todo cambió, me deshumanicé. Hice lo peor que se le puede ser a un ser humano, que es descuartizarlo”, relató en tono confesional el estudiante universitario Wilfredo Zamora Carrión a los peritos psicológicos forenses Bredman Arteaga Rojas y Ernesto Macazana Rojas, quienes debían evaluarlo para fines de investigación policial.
 
 
Zamora alegó que no sabía que José Yactayo Rodríguez era un reconocido realizador periodístico de televisión. Afirmó que lo contactó por una página social“Manhunt” y que la noche en que se encontró con Yactayo fue la primera vez que lo conoció. 
 
“En ese momento no pensé, no sabía qué hacer con el cadáver. Mi única alternativa fue desaparecerlo. No sabía quién era esa persona. Desconocía que él era un personaje mediático y que estaba metido en el periodismo. Lo conocí por la página ‘Manhunt’. Vi su perfil y decía que era un hombre versátil y apasionado. Eso me llamó la atención, por eso visité su muro y al darse cuenta que entré para ver su perfil me dijo: ‘¡Hola!’ Desde ese momento empezamos a conversar. Eso sucedido la última semana de febrero. Yo le propuse para encontrarnos y él accedió.Yo nunca lo había visto antes, no sabía quién era”, afirmó Zamora a los psicólogos forenses. En todo momento estaba cabizbajo, no deseaba enfrentar las mirada de los especialistas.
 
ENCUENTRO CON LA MUERTE
 
Wilfredo Zamora, estudiante de Ingeniería Mecatrónica, de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas (UPC), aceptó que engañaba a su pareja Aldo Cáceda Benvenuto, quien le pagaba el departamento, la alimentación, los estudios y le había dado un vehículo Volkswagen para su uso exclusivo. El afecto de Cáceda quedó en evidencia cuando, enterado de lo que había hecho su pareja, lo acompañó para lanzar los restos del periodistas, como diría Zamora después de estas declaraciones a los psicólogos forenses.
 
“Primero le dije que nuestro encuentro sea en su departamento, pero él me respondió que era muy pequeño. Entonces le contesté que mejor sería en el mío porque ese día no habría nadie. Justo en esa semana Aldo Cáceda (Benvenuto, su novio) se había ido de viaje al extranjero. Fue así que el día sábado 25 de febrero lo recogí con mi carro y nos dirigimos a mi departamento. Eran las 10 de la noche. Nadie nos vió. Ingresamos y le invité a sentarse en el sofá y él me dijo para beber licor. Yo le respondí que tenía whisky y fue así que empezamos a beber”, narró con lujo de detalles el incriminado Wilfredo Zamora. No mencionó por qué, si tenía pareja estable, buscaba otros hombres por Internet.
 
“Esa noche hablamos de temas culturales, sobre el gobierno de Velasco y los gamonales. También le pregunté si era casado o tenía hijos. Él me respondió que nadie quería estar con él por sus terribles ronquidos. Luego me percaté que llevaba una bolsa. Era un gel lubricante ya usado y un sándwich. En ese momento solo conversábamos y tomábamos. Yo tomaba más que él y a cada rato iba al baño. Durante esa noche él no fue a orinar y me pareció raro. Yo ya sentía el efecto del alcohol, tanto así que me doblaban las rodillas. En esos momento me dio hambre y él me dijo que comiera su sándwich. Yo me lo comí y él solo se dedicaba hablar. En mi mente yo me decía, en qué momento se me insinua. Yo ya me encontraba mareado. Cuando se fue al balcón, yo aproveché y le puse en su vaso tres gotitas de ‘Rivotril, un somnífero para que le diera sueño”, indicó con precisión.
 
DEL PLACER AL HORROR
 
“Mi interés era que él ya empiece el acto. Yo pensé que con esas gotas se iría a descansar. En esos momentos, yo me fui al baño y al salir lo vi en el sofá dando unos ronquidos fuertes. No recuerdo el tiempo que pasó pero ya eran las 4 de la madrugada y me percaté que él estaba amarillo. Al tocar su nariz me di cuenta que no respiraba, que estaba frío. Traté de reanimarlo, pero ya estaba muerto”, afirmó Zamora.
 
Los agentes de la División de Investigación de Homicidios dudan de la versión de Wilfredo Zamora sobre la muerte de José Yactayo, por lo que requirió la exhumación del cadáver para verificar si había consumido la sustancia mencionada por el estudiante.
 
“En esos momentos no supe qué hacer. Estaba mareado. Solo recuerdo que me fui al cuarto de Aldo y empecé a buscar por Internet información sobre él (Yactayo) y me quedé dormido. Al día siguiente, a las 9 de la mañana, desperté y pensé que todo había sido un mal sueño, pero al ir a la sala encontré a Yactayo muerto en el sofá. Eso me hizo entrar en un cuadro de pánico. Tenía mucho temor, mis oídos me zumbaban, no sabía qué hacer Tenía un cadáver en mi casa. Tenia miedo que mi familia y mis vecinos se dieran cuenta de mi opción sexual. Qué le iba a decir a mi mamá y a mis mis hermanas. Estaba tenso, por eso salí a la calle para pensar lo que había pasado”, manifestó Zamora.
 
La policía no entiende cómo una persona con la formación académica que tiene Wilfredo Zamora no optó por llamar a las autoridades para dar cuenta de la supuesta muerte accidental de José Yactayo y prefirió descuartizarlo y desaparecerlo.
 
“Llegué de noche a mi departamento con una salchipapas que había comprado y al ingresar sentí un olor fétido del cuerpo. Me dirigí al cuarto de Aldo a buscar información sobre el castigo penal que iba a recibir si es que la policía encontraba un cadáver en mi propiedad. Asocié mi situación con los acontecimientos pasados, como el caso del descuartizador de Breña (Enrique Améstar, descuartizado por el periodista Ricardo Vásquez, en 2012). También el caso de Marco Arenas, que mató a su mamá, y el caso de la niña muerta en Huancayo. Todo esto me asustó. Ese día domingo no dormí. Al día siguiente lunes 27 prendí la televisión y vi a Beto Ortiz que hablaba de la desaparición de su amigo. Ahí recién supe quién era esa persona. Yo estaba pendiente de las noticias, sabía que iban a preguntar por él, yo solo tenía pánico y miedo, Tenía temor por que, además, sabía que Aldo (su pareja sentimental) iba a llegar del extranjero”, declaró Wilfredo Zamora. Para la policía, el estudiante relató todos los hechos al empresario Aldo Cáceda Benvenuto, quien, en lugar los contar los hechos a las autoridades, ayudó a su pareja a deshacerse de los restos cercenados de Yactayo.
 
ROMÁNTICA COMPLICIDAD
 
“El olor (del cadáver) ya estaba muy fuerte ese día lunes. Salí al mercado y compré plástico y bolsas negras. Tendí el plástico sobre la sala y puse el cuerpo, tomé el cuchillo grande de cocina y saqué el martillo. Lo despojé del pantalón y la camisa y lo dejé en boxer. Fue así que empecé a cortarle las piernas. El martillo me ayudó a cortarle el fémur. Lo puse dentro de una bolsa. Luego le corté la cabeza. No salía mucha sangre. Agarré la maleta vieja que tenía y guardé el tronco. Luego tomé mi auto y salí rumbo al norte. Me fuí por Pasamayo y llegué a Huaura. Estaba nervioso. La policía estaba a lo largo de la carretera. Llegué a un cañaveral y dejé la maleta allí, pero primero le prendí fuego para desaparecer mis huellas”, describió Zamora. Cuando habló con los psicólogos forenses, pasó por alto mencionar que quien lo acompañó para desprenderse de los restos de Yactayo, era su pareja Aldo Cáceda.
 
Después admitió que tomó algunas acciones más para sortear el seguimiento de la policía, como apropiarse del teléfono de su víctima, José Yactayo.
 
“Yo tenía su celular. Recuerdo que había tomado su batería y su chip y que los coloqué en un teléfono viejo que tenía. Veía sus mensajes por Whatsapp y opté por responder, suplantando su identidad, diciendo a quienes le escribían que estaba bien. Sus amigos preguntaban dónde estaba. Uno de los mensajes que llegó anunció que había muerto el papá de un amigo (Hugo Aguirre). Luego volví en la noche al departamento y guardé las partes del cuerpo en mi cuarto.
 
Sin embargo, la macabra faena todavía no había concluido.
 
Según el informe pericial forense, Wilfredo Zamora no evidencia trastornos psicopatológicos, ni deterioro cognitivo, que le impidan percibir y evaluar la realidad. Está en pleno uso de sus facultades mentales, siendo consciente de sus actos.
 
El reporte también indica que presenta frialdad afectiva, es egocéntrico y muestra poca capacidad de empatía, es inestable en el control de sus emociones, sus acciones se orientan a satisfacer sus necesidades de disfrute personal. Es hábil, perspicaz, actúa con firmeza y convicción. Hace uso de sus estrategias manipuladoras a fin de lograr sus objetivos personales.
 
En su comportamiento sexual muestra preferencias por personas de mayor edad, presentando una conducta sexual tipo parafílica (gerontofilia). Expresa su relato poco coherente, oculta y sesga información que pueda comprometerlo, muestra preocupación de su situación legal que por las acciones que realizó y niega en todo momento haberle quitado la vida a José Yactayo.
 
“Al día siguiente martes 28 salí de la casa y me fui a la tienda Hiraoka a comprar una pequeña refrigeradora para guardar los restos (de Yactayo), ya que ese día llegaba Aldo (Cáceda). Tenía que ir a recogerlo al aeropuerto. Al retornar a mi domicilio quise poner las piernas (del cadáver) en una bolsa. Al ver que no podía, procedí a cortar en tres partes cada una y los introduje en una bolsa. Esa tarde agarré unos restos y los arrojé al río, justo por el puente Morales Duárez, en el Callao. Recogí a Aldo y nos dirigimos al departamento. Yo ya había limpiado el escenario, había sacado el tapiz y guardado el refrigerador debajo de la mesa. Aldo no se percató. Esa noche del martes 28 dormí con Aldo. Él me notó raro y lo único que le dije que estaba así por la muerte de mi padre.
 
MENTIRAS, NOMÁS
 
Luego, al día siguiente, (el miércoles) primero de marzo agarré cuatro paquetes más con restos de Yactayo y los arrojé en un contenedor de basura por Paruro y los otros en la avenida Caquetá. El jueves 2 de marzo en la noche llevé los dos paquetes restantes, en uno de lo cuales se encontraba la cabeza. Los tiré desde el puente Morales Duárez”, explicó Wilfredo Zamora.
 
En el último tramo de evaluación psicológica forense, el presunto homicida se arrepiente del descuartizamiento, pero se niega aceptar que mató a José Yactayo.
 
“Me siento mal con todo esto. En mi mente escuchaba que soy un enfermo, que no merecía vivir. Estoy arrepentido por todo esto. Sé que me iré preso, pero yo no lo maté. Se murió solo. Yo pienso que las gotas de somnífero lo afectó. Yo me encontraba drogado. (...) Yo no tenía ninguna relación con él, recién lo había conocido”, concluyó.
 
El interrogatorio se produjo el 11 de abril, cuatro días después que los agentes de la División de Investigación de Homicidios lo arrestaran en su casa del jirón Pedro Ruíz Gallo 668. Desde entonces ha ofrecido distintas versiones. Probablemente, agobiado por las evidencias, termine por confesar la verdad. No falta mucho.

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