Creció mamando de la teta corrupta de su padre. Así, Keiko no conoce otra manera de ser o hacer política que la agresión y el abuso. Pero su mala suerte –signada por sus pésimas decisiones– la han colocado estos años en una situación de desventaja con respecto a su padre: ella no ha podido acceder al poder omnímodo de la presidencia desde la que todo es más fácil para una personalidad déspota, abusiva, personalista y obsesionada con la captura total del poder. Pero tampoco cometeremos la injusticia de no darle crédito a Keiko por el esmero con el que ha logrado parecerse a su padre, aun sin tener el máximo poder. Teniendo el segundo poder político estructurado más relevante en una democracia, ha sabido dirigirlo desde la sombra no para que el país avance o los peruanos nos sintamos orgullosos de tener una oposición que vela por intereses nacionales, sino para tener arrinconado al gobierno, de rodillas ante sus caprichos antipatriotas.

Pero no nos engañemos por las apariencias, la situación de Keiko es en realidad precaria. Parece incluso existir una proporcionalidad entre la precarización de su liderazgo interno y sus muestras de agresividad y obstruccionismo externos, bajo la idea de que le es esencial a su supervivencia mostrar poder duro. Keiko lleva dos elecciones decepcionando a sus angurrientos vasallos, donantes y financistas. Mucho dinero ha corrido en esas dos campañas. Dineros oscuros, como no podía ser de otra forma tratándose de la émula de Alberto. Por ejemplo, de los 10 millones que la ONPE encontró en desbalance, el fujimorismo ha dicho que casi 2 millones se recaudaron en polladas y cocteles, y un millón y medio gracias a aportantes espontáneos. El problema es que, según la Policía de Lavado de Activos, de los supuestos 213 aportantes, solo 40 pudieron sustentar los aportes. El resto, como cuenta Hildebrandt en sus Trece, negó haber aportado o no tenían documentos. Muestra de cómo opera el fujimorismo avasallando otros poderes, es que la Fiscal María del Pilar Peralta en 8 meses no ha formulado acusación con estos importantes indicios. Ni siquiera ha pedido el levantamiento del secreto bancario o tributario de los involucrados. No es coincidencia que se trate de la misma fiscal que archivó la denuncia de pedofilia contra el Sodalicio con la anuencia y promoción de la bancada de Keiko. Quedó claro entonces que cuando Keiko debe escoger entre: proteger a la niñez de violadores o suculentos aliados de campaña, los niños pueden seguir siendo violados.

Esa es, pues, Keiko al desnudo. La que utiliza el poder para sus fines propios, personales, ya ni siquiera diremos partidarios, porque para Keiko el partido parece ser un mero instrumento para su objeto de perverso deseo: máximo poder. Keiko, decíamos, da pena. Porque habiendo perdido dos presidencias y mostrado su precariedad existencial y política, su crédito y expectativa con financistas, donantes y arrimados se van desvaneciendo. Empiezan a cuestionar la utilidad de su inversión en ella. El estratégico posicionamiento de Kenji es una consecuencia (y causa) clara de ello. El partido de Keiko no está hecho de lealtades por sus virtudes (¿?) o por una ideología clara, o principios enaltecedores para la política y la patria. Está articulado con base en meros intereses mutuos. Pena por ella, porque habiendo heredado un capital político, que aunque nefasto pudo haber transformado en algo positivo para el Perú; optó por transformar su partido y su liderazgo en símbolo de decadencia; decadencia del valor de la política como praxis orientada al bien común; decadencia en la defensa de valores humanos, éticos y cívicos. La arremetida última contra el Tribunal Constitucional es un ejemplo de ambas cosas: el desprecio de Keiko por la legalidad, la institucionalidad, la separación de poderes y su mímesis paterna. Alberto botó a los magistrados del TC que declararon insconstitucional su tercer intento presidencial, también compró a opositores para cambiarse de bancada. Ahora Keiko promueve una ley que impide a congresistas cambiar de bancadas y su cúpula de vasallos y aliados apristas han arremetido contra el TC que declara esa propuesta inconstitucional. Pobre Keiko, parece no darse cuenta de que su vida política se derrumba debido a sus pésimas decisiones, equivocadas estrategias y deleznables compañías y complicidades. Pobre Keiko, parece no darse cuenta de que la raíz de todos sus males son las precarias motivaciones que la mueven. Todo esfuerzo por encumbrarse a la mala va en contrasentido con la patria. Pobre Keiko, pudiendo tenerlo todo, va destruyéndolo todo. Empezando por sí misma. Y eso, para quienes defendemos lo mejor para el país, es esperanzador.

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