Jorge Eslava: "Soy un viejo profesor que detesta que mis colegas hablen mal de sus alumnos"

El escritor y profesor universitario habló sobre su último libro, "Sol tan lejos", y sobre la responsabilidad de un maestro en la educación del país. 

6 Jul 2017 | 14:18 h

Este año, Jorge Eslava cumple 40 años como profesor. Actualmente enseña en la Universidad de Lima. Si bien esta entrevista parte de su último libro, "Sol tan lejos", terminamos conversando sobre uno de los oficios de mayor responsabilidad en una sociedad: la docencia. El libro es un pretexto, claro, porque el objetivo era rendir un merecido homenaje a todos aquellos héroes que nos han salvado de la ignorancia. 
 
Pienso que el personajes de Sol está construido en un momento determinado de su vida. ¿Coincido? 
 
En el fondo, sí. La representación del personaje es algo más sencillo. Está bastante inspirada en la figura y en el comportamiento de mi hija. A medida que ha ido creciendo este personaje, le he ido sometiendo a diversos desafíos y distintos escenarios. Escenarios donde mi hija no ha participado y yo sí. Podríamos hablar de una transferencia. 
 
Es un momento donde el Perú está afectado por el terrorismo. Y en esos momentos tan tristes surgen héroes. 
 
Creo que en esos entresijos de violencia ha habido gente con lealtad y honestidad. Muchos de ellos enterrados de manera clandestina. Nadie sabe de ellos. Otros periodistas como tú que rasparon la superficie de lo que mostraba el periodismo. Creo que configuran la categoría de héroe. Lamentablemente, no ha habido trascendencia ni respeto. 
 
Casi olvidada. 
 
Una de las últimas actividades de Humala ha sido promulgar la ley de las desapariciones forzadas. Cuánto tuvo que pasar para que una legión de parientes que reclamaban por sus seres queridos que habían desaparecido. El número es considerable: son 18.000. El informe de la Comisión de la Verdad registró la mitad de víctimas. 
 
Habían jóvenes que iban a comunidades a ayudar a buscar personas que habían desaparecido. 
 
Es, de alguna manera, la situación en la que se ve Sol sin proponérselo. Ella conoce a unos muchachos de una ONG que recibían denuncias. Y ella por su afición a la fotografía termina por incorporarse en el grupo, antes de que se conforme la Comisión de la Verdad. Lo que hace ella es renunciar a la comodidad de su burguesía. Renuncia al novio y se va a una aventura bastante riesgosa, para buscar una verdad que ella ni siquiera sospecha que tiene que ver con su propia vida, con la muerte de sus padres. 
 
Encontrar esa verdad con el tipo que te detiene. 
 
Claro, es algo que ocurre casi al final de la novela. Es un personaje que no tiene nada que ver con su vida, pero por el oficio que desempeña, como ha ocurrido en el Perú, sabe más de ti. En una época en el que todos estábamos bajo la mira. Cuando está en el interrogatorio, a ella se le revela que su novio era un dirigente estudiantil. No lo sabía. El punto culminante era saber cómo murió el padre. Lo curioso es que yo no tenía previsto esto cuando iba escribiendo los demás libros. 
 
Digamos que has dejado hablar a los personajes. 
 
Los personajes han tomado por asalto las historias. A menudo converso con mis alumnos. Chicos que no van a estudiar literatura, pero hacemos una serie de cuestionamientos a través de las lecturas o de las películas que les paso. Y uno de los temas que más me gusta conversar con ellos es hasta qué punto el autor es dueño del destino de sus personajes. 
 
Hay veces que los autores no se acuerdan de sus personajes. 
 
A mí me pasa con mucha frecuencia. Como ando de un libro a otro, cierro compuertas y me meto en el otro. 
 
 En tus diálogos hay un lenguaje juvenil, donde hay una cierta ingenuidad. 
 
Todavía en los noventa era una época de dolor, de quebranto y de mucho desconocimiento. Hoy estamos mucho más advertidos. 
 
Tenemos las herramientas.
 
Lo máximo que podía haber era rabia, dolor, pero no había mucho conocimiento. Hoy el panorama se ha abierto. Sol ha estado excluida de ese conocimiento porque ha vivido protegida en un sector muy burgués. Como ocurre en Lima. La barbarie del Perú. 
 
Todavía seguimos en la barbarie. 
 
Se ha desplazado la barbarie a otros terrenos. Pero todavía es una barbarie regida por la violencia, la corrupción. 
 
Siempre hemos estado en el abismo. 
 
Tú que eres ciclista. 
 
Y somos suicidas. 
 
Pero hay que bailar y cantar al borde del abismo. 
 
Hay algo que se está haciendo mal. A los jóvenes se les menosprecia. Se les dice que no han vivido nada. Y creo que somos el punto del cambio. 
 
Vivo medio avergonzado de mi generación. Soy un un viejo profesor que detesta que mis colegas hablen mal de sus alumnos. 
 
Lo jóvenes son los que van a apoderarse de la memoria. 
 
Pero además son los que han heredado un país, una memoria que nosotros hemos legado. Si nos quejamos de ello, deberíamos empezar por lamentar nuestra propia experiencia en la política. 
 
Por las decisiones. 
 
En el sistema educativo, ¿qué le ofrecemos a los jóvenes? Con qué autoridad podemos decir que no leen o que no se preocupan por lo que ocurre en el país. Yo también tengo impaciencia, pero tengo bien claro que soy responsable y mi generación.
 
¿Qué hace falta para sacarnos de la indiferencia?
 
Educación. Este año cumplo cuarenta años como profesor. Debería estar, como mis colegas, harto de la docencia. Es una de las profesiones que más desgasta, que más estresa y la que menos se reconoce. 

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