07 de Octubre de 2001 | 0:00 h

Origen de la jarana

Por Juan José Vega (*) .....Jarana era o es la fiesta bailable muy alegre, de esencia criolla o afro costeña. Solía prolongarse varios días y se bebía y comía muy abundantemente y podía acabar en juerga y hasta en tambarria. Pero ¿de dónde procede la palabra jarana? La más antigua versión está en la obra "Testimonio del Perú" del eminente sabio suizo J.J. von Tschudi (p.292), quien aprendió a la perfección quechua, idioma sobre el que escribió varias obras y quien anota que escuchó la palabra "jarana" en la sierra hacia 1838, para denominar una reunión alegre. Cabe dejar constancia de que Tschudi pasó varios años en el Perú y en dos ocasiones. Dejó muchas publicaciones sobre nuestra patria. También habría que considerar que el área geográfica de jarana es quechua, pues se usaba desde un principio en la sierra del Perú, de Bolivia y de Argentina. Conviene apuntar que aunque Tschudi, en otras partes de su obra, se explaya largamente en costumbres y fiestas costeñas y muy criollas, no usa el término jarana. Sólo surge en sus páginas al referirse a la fiesta de los blancos y mestizos en la sierra, donde abundan y abundaban los brindis alcohólicos, danzas de la costa y de los Andes y giros idiomáticos andinos. "Quiero advertir óremarca el autoró que estas jaranas como las llaman los nativos, no las realizan los indios, sino las familias más respetadas de blancos y mestizos". En otros informes alude a las cantidades muy generosas de viandas y bebidas propias de toda jarana. El limeñísimo Ricardo Palma no incluye jarana en sus vastas relaciones de peruanismos; quizá la palabra no se usaba en su Lima. Atraídos por la posibilidad de que la jarana fuese en verdad un vocablo indio (y no un término criollo creado en Bajo el Puente o en los Barrios Altos), recurrimos a los diccionarios del quechua clásico a fin de comprobar si la jarana fue registrada por los quechuistas españoles de la primera etapa colonial. Y verificamos que, en efecto, la raíz quechua "karani" ójaranearseó está vinculada a fiestas corrientes, a reuniones de gentes amigas (ágapes). Así en el Diccionario de Gonzales Holguín recogido a fines del siglo XVI, hallamos que Karani es dar de comer a personas, que karanacuni es convidarse unos a otros, siempre pronunciados los vocablos con "k" o "q" guturales, según lo casos, tirando a jota. Ahora bien, en el Diccionario Anónimo, impreso en 1586, figura también el verbo, caranacuni, que se traduce como "servir a la mesa, dar de comer". La idea de festín está presente con claridad. Algo parecido se registra en el Lexicón de 1560. Pero ¿cómo pasaría esa palabra del quechua al castellano? La literatura hispánica, colonial y luego la reaccionaria en la República nos legaron una versión triste del carácter del indio: la verdad fue que lo entristeció la bárbara explotación y desprecio a que estuvo sujeto. Además, tal imagen respondía a la manera como los blancos y mestizos veían a los indígenas y, a la vez, a la forma como éstos se presentaban ante los grupos dominantes del país, ocultando sus escasas alegrías. Casi inaccesible, el mundo espiritual de los nativos era no sólo distinto sino incomprensible para los conquistadores y sus descendientes. Aun más, los indios habrían de adoptar a menudo una doble personalidad como medio de defensa social ante el agresor colonial y republicano. Pero el indio era alegre en su antiguo esplendor imperial, especialmente en niveles aristocráticos. Los primeros conquistadores alcanzaron a ver en su apogeo las grandes festividades incaicas, en varias de las cuales se adoraba la vida a plenitud de todas sus manifestaciones, dentro de un excelso y desbordante paganismo. Música, danza, bebidas, viandas y sexo abundaron, y una revisión de textos de la cerámica prehispánica nos revela un culto a todas las exquisiteces especialmente en el seno de las aristocracias. Y es el soldado cronista Pedro Pizarro quien mejor describe esas grandes reuniones, con frecuencia orgiásticas. Esa alegría inicial, es cierto, se retrajo bastante con la Conquista Española. Las diversas naciones indias peruanas perdieron mucho de su antigua vitalidad, aplastadas por la violencia del conquistador y por el catolicismo que imponía una ética diferente, pero habrían de mantener elementos de lo viejo. El vocablo quechua jarana pudo así haberse deslizado de un grupo a otro en convites de múltiples componentes sociales. Y esos convites de los aborígenes continuaron posiblemente siendo llamados "karanas" o "jaranas" tras la irrupción de los españoles y negros. Las fiestas indias coloniales y republicanas fueron aumentando la presencia de criollos. Pronto el término jarana se debió desplegar hacia esos sectores sociales criollos quizá a través de los mestizos. La opción árabe Es la más antigua, pero fue eliminada por el criollista César Miró en 1999 porque encuentra absurdo que provenga del árabe "jakara", que significa "hacer rabiar". También la suprimió Joan Corominas, el gran etimologista español. Por último, los musulmanes no beben y los continuos brindis son consustanciales a toda jarana. La etimología del Africa Negra Pertenece a un cultor de la negritud, Fernando Romero, y resulta poco viable. Según él vendría del vocablo háram, del idioma haussa y significa "prohibido", por lo que de pecaminoso tenía la jarana.

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