Luis Pinillos. Oncólogo radioterapeuta.Ex ministro de Salud.Director de Oncosalud, Maritza Espinoza / Usted, de muy joven, fue médico de Haya de la Torre… Cuando ocurrió lo de su derrame pleural, y se confirmó que era positivo a cáncer, fue mi padre quien habló con él, le dijo lo que tenía, cuánto le quedaba de vida y qué tenía que hacer. Haya le dijo que quería vivir más y si sabía de un sitio especializado. Se plantearon hospitales de fuera y es ahí donde me contactan, porque yo había estado en Manchester… ¿Usted tenía filiación aprista? No, nunca he estado afiliado al partido, pero sí soy militante. Entonces deciden convocarme para que sea yo quien lo lleve… Después, con Armando Villanueva, conseguimos los fondos y nos fuimos con (Carlos Enrique) Melgar, hombre de una gran alegría. Al llegar a Estados Unidos, en la puerta del avión, nos recibió un representante del presidente, nos dio la bienvenida y nos llevó al chequeo de pasaportes. Haya estaba en silla de ruedas, pero en Migraciones le dijeron que se pare. Tuvimos que pararlo. ¡La rabieta de Víctor Raúl! Como consecuencia, se puso mal. Se sintió maltratado y empezó a hiperventilar, a subírsele la presión, a marearse. En eso, Melgar empezó a hacer payasadas, lo distrajo y se estabilizó.¿Cómo nació en usted la preocupación por el tema del cáncer? De alguna manera, es un tema genético. Mi padre fue médico terapeuta, fundador del Instituto Nacional de Enfermedades Neoplásicas. Pero, viendo cuánto trabajaba, decidí ser agricultor... ¡¿Agricultor?! Me gustaba mucho el campo. Pero ocurrió que tuve un severo accidente en bicicleta a los 15 años. Me fracturé la pierna derecha y quedaron 27 fragmentos sueltos de hueso. Eso obligó a una larga hospitalización, discusiones sobre amputar o no. Tomaron la opción de no cortar. Bueno, sobreviví a eso, pero empezó a interesarme la medicina. El campo perdió un agricultor… Así es, y no sé si la medicina ganó, pero sí reclutó a un médico (risas). ¿Y su encuentro con el tema del cáncer? Estudiando ya medicina, quise ser psiquiatra, cardiólogo y, luego, ginecólogo. Pero a mi padre le dio una angina de pecho e iba a hacer un infarto y, contra lo que hoy hacemos, se le metió a la cama por meses. Yo lo veía angustiado por su consultorio y, para darle tranquilidad, empecé a ir –él hacía radioterapia– y descubrí un mundo que me fascinó. Ya decidido a hacer radioterapia, me aconsejaron hacer algo de cirugía de cáncer. Ingresé a la residencia de Neoplásicas e hice un año de cirugía oncológica. Fue un gran aprendizaje. ¿Como médico, su interés en el cáncer es por un desafío científico o porque lo ha tocado en su entorno familiar? Fundamentalmente un desafío científico, pero no hay nadie que no le haya tocado el cáncer. A mí me tocó personalmente cuando un día estaba en el instituto y llega mi padre con una cara que nunca le había visto y me da la radiografía de mi mamá: era cáncer de pulmón. En un año murió. Nunca fumó, pero mi hermana, mi padre y yo sí, aunque por entonces ya no. Me sacudió terriblemente. ¿El cáncer es un desafío irresuelto? No, cada día curamos más. En Oncosalud tenemos casi un 67% de sobrevivencia, sin enfermedad. El promedio en el Perú es de 30%. Hay quienes dicen que el cáncer es también consecuencia del estado emocional. Me encantaría que fuera así, porque nos sería mucho más fácil hacer feliz a la gente. Hay, sin embargo, una sospecha de que existe una relación entre la depresión y la depresión inmunitaria, pero todos los que han querido estudiar eso no han podido concluirlo. Cuando alguien dice: tienes cáncer, ten mucha fe… ¿da un buen consejo? Es bueno, porque uno enfrenta mejor la situación. No basta la fe para enfrentar el cáncer, pero también hay milagros. ¿Usted ha visto alguno? ¡Sin duda! Me tocó en Inglaterra. Era un hombre joven, futbolista de la primera división, con un cáncer testicular. Ya no respondía a los tratamientos. En su historia le habían puesto un sello de NMTBD, “No More To Be Done” (nada más que hacer). Le dábamos analgésicos, porque tenía dolores. A los dos meses lo volví a ver y me dijo que estaba igual, pero le dolía menos. A los dos meses, que se sentía algo mejor y así cada vez lo vi mejor. ¿Y cuál fue la clave de su mejora? Nada. A los seis meses de metástasis pulmonar ya debería haber muerto. Él decía que se sentía mejor, jugaba sus pichanguitas… Me aceptaron que le hiciera radiografías y las masas pulmonares habían empezado a reducirse y, al año y fracción, estaba jugando en segunda división y llegó a primera al año siguiente. ¿Y cuál es la explicación? El organismo venció a la enfermedad. Se supone que hay uno o dos de cada diez casos en que puede ocurrir eso. Entonces a veces lo bueno no es solo lo que le damos nosotros, sino el propio organismo. O simplemente es el capricho de Dios de hacer el milagro… No lo sé, pero lo he visto. Me ha tocado ese y un par de milagros más. La ficha Me llamo Luis Pinillos Ashton. Nací en Lima hace 67 años. Soy de la Promoción de Oro de la Cayetano Heredia. Hice mi postgrado en el Cristhie Hospital en Manchester. En 1985 dirigí el INEN. He sido ministro de Salud. Ahora dirijo Oncosalud, desde donde lanzamos el concurso Prevence 2012, que reconoce las mejores iniciativas y estrategias para la prevención del cáncer, porque las grandes ideas vienen de las grandes personas.