Lucero y Daniela, dos víctimas de acoso que no son protegidas

Atención. Una ha sido acosada por un trabajador del municipio de San Isidro, y la segunda es una estudiante universitaria que ha recibido amenazas de un compañero de clase. Ambas piden recuperar su tranquilidad.

Atención. Una ha sido acosada por un trabajador del municipio de San Isidro, y la segunda es una estudiante universitaria que ha recibido amenazas de un compañero de clase. Ambas piden recuperar su tranquilidad.

Dos jóvenes con una historia en común: denuncian sufrir acoso sexual y no encuentran el apoyo, ni la protección que necesitan. Ambas han tenido que hacer públicas sus denuncias para lograr que las autoridades presten atención a sus casos y frenen de una vez por todas a sus agresores.

En san isidro

“Yo creo que este señor confundió el trato que tuve con él, que fue cordial, como con cualquier otro compañero, y empezó a ser más insistente. Llegó un momento en que ya todo era incómodo para mí, al punto de querer besarme a la fuerza. Es así que dije ya no más y denuncié”.

El relato corresponde a Lucero Bayona Valverde, estudiante universitaria y actual trabajadora de la Municipalidad de San Isidro.

Ella empezó a laborar desde julio de este año en el gimnasio municipal como recepcionista y es desde finales de agosto que vive esta pesadilla.

Justo Fabián Yaipén, trabajador nombrado de la comuna, quien actualmente se desempeña como supervisor deportivo, es señalado como su acosador.

“La denuncia la presenté el 26 de setiembre en la comisaría de Orratia del Mar. Esta situación es muy incómoda porque me afecta en el trabajo, en mis estudios y en mi familia. No se puede estar tranquila”, asegura.

Al principio, Justo Fabián Yaipén le escribía mensajes por WhatsApp, los cuales cada vez se hacían más frecuentes. La iba a ver a su lugar de trabajo y se quedaba observándola.

También le dirigía frases en alusión a su físico como “qué buenas piernas tienes”.

Le preguntaba a qué hora salía de sus clases por la noche. “Todo un control dentro y fuera del trabajo. Intentó besarme un día que estaba por recoger mis cosas al salir de mi turno, en un ambiente que es solo para los trabajadores. Todo esto lo comuniqué hasta en tres ocasiones a mi jefe inmediato, pero solo procedieron a su rotación a otro gimnasio municipal cuando puse la denuncia en la comisaría”, narra Lucero.

“La están utilizando”

“Niego tajantemente lo que esa señorita señala. Yo nunca la he querido besar a la fuerza. Soy un trabajador de más de 30 años en el municipio. Seguro a la señorita la están utilizando políticamente, le habrán ofrecido algo algunos candidatos a regidores con quienes la he visto y por eso sale con esta acusación”, dice en su defensa el denunciado Justo Fabián Yaipén.

Niega que le haya enviado mensajes por WhatsApp, pero existen capturas de pantalla donde se leen frases como “no puedo dejar de verte”.

Desde la Municipalidad de San Isidro han rechazado esta situación y mediante un comunicado informan que Fabián Yaipén ha sido derivado a otra área hasta que se hallen responsabilidades.

Amenazada de muerte

Una pesadilla parecida es la que vive Daniela Quintanilla, estudiante de ingeniería civil de la universidad Inca Garcilaso de la Vega.

Su caso ha merecido la indignación de sus compañeros y profesores, y recién esta semana una respuesta del Ministerio Público.

Ella denuncia el acoso y las amenazas de muerte de parte de su compañero de clase Joseph Juan Padilla Matos.

Y pese a las denuncias ante la comisaría de Lince, este sujeto sigue con las amenazas. La Defensoría del Pueblo atendió el caso y sugirió que la vivienda de Daniela sea vigilada.

Las autoridades universitarias, en tanto, decidieron expulsar a Padilla Matos, pero Daniela sigue estando vulnerable. Lo más sorprendente es que, pese a la evidencia, el Cuarto Juzgado de Familia de Lima le negó a esta joven la protección que solicitaba.

¿Qué debe ocurrir para que las mujeres sean escuchadas?

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