Política

Víctor Vich: “La democracia, tal como funciona en el Perú, es un ritual patético en donde siempre gana el peor”

Entrevista al docente e investigador del IEP, quien afirma que vivimos un deterioro del sistema político, económico y cultural. Este, añadió, se ha intensificado a partir de las reformas neoliberales de los noventas.

Mirada. Vich apunta al modelo neoliberal de los noventas que, dice, implantó una lógica ultraindividualista que postergó la lógica de una vida en comunidad. Foto: John Reyes/La República
Mirada. Vich apunta al modelo neoliberal de los noventas que, dice, implantó una lógica ultraindividualista que postergó la lógica de una vida en comunidad. Foto: John Reyes/La República
Enrique  Patriau

Víctor Vich, docente de la PUCP e investigador del IEP, dijo que vivimos un deterioro del sistema político, económico y cultural. Este, añadió, se ha intensificado a partir de las reformas neoliberales de los noventas, que acentuaron la individualización, priorizaron el interés privado y perforaron el sentido de comunidad.

Ha escrito un par de artículos en los que desarrolla la idea de que el Perú atraviesa un deterioro, casi metastásico. ¿Por qué?

— Es claro que vivimos un deterioro de la clase política, de los partidos políticos, del sistema político en general que los diferentes Congresos no se animan a reformar. Vivimos un deterioro económico en el sentido de un modelo que en 30 años de bonanza se ha desentendido de lo público, que ha deteriorado lo público, lo ha denigrado, lo ha privatizado y precarizado. Pero no es solo un deterioro político y económico. Es también cultural.

¿Qué quiere decir?

— Que es un deterioro que tiene que ver con la manera en la que vivimos, con los vínculos entre los peruanos, con la pérdida del sentido de comunidad. Vemos una comunidad profundamente machista, profundamente racista que se activó en la campaña, profundamente corrupta, homofóbica, donde las relaciones entre las personas están mediadas por jerarquizaciones, aprovechamientos. Si soy rico y tú pobre me aprovecho y te pago el sueldo mínimo, si eres mujer te golpeo o violo. Entonces, es un deterioro tremendo de la vida comunitaria.

La crisis va más allá de lo político, entonces. Es un deterioro sistémico.

— Exacto. Es un problema de cómo se han regulado los vínculos entre las personas, de cómo se construyen las relaciones sociales y un deterioro en el sentido de un desprecio absoluto por el conocimiento, el saber. Es una clase política ignorante, una clase empresarial también ignorante, y no vemos espacios de reflexión y cuestionamiento. No vemos nada. Vemos un vaciamiento de la realidad.

¿Desde cuándo viene esto?

— Esto se ha intensificado en los últimos 30 años. Hemos escuchado de las bondades de las políticas neoliberales, pero no cuáles han sido sus lados oscuros. Las reformas de los noventas lo que hacen es generar un individualismo extremo, excesivo, no hay sociedad. Lo único que importa es el interés privado, del emprendedor. Esas reformas lo que hacen es deteriorar la solidaridad, los pocos…

Vínculos que teníamos como sociedad.

— Así es. Y simplemente convertir la vida social en una lucha de intereses privados, en una lucha atomizada de individuos que buscan su propio interés, con una pérdida absoluta del sentido de lo común, cuando la vida es esencialmente común. Se destruye la idea de la comunidad.

Y de lo público.

— De lo público. Y una conversión absoluta hacia lo rentable, lo económico. En todos los países los servicios municipales, como los centros deportivos, son servicios gratuitos. Pero acá las municipalidades construyen canchas de fútbol y cobran por ellas. Hasta lo público se ha privatizado. Es un proceso de economización, una vida unidimensional, reducida al interés. Ese individualismo es funcional a la corrupción, a la pérdida de conciencia de que existe el otro, a la pérdida de solidaridad.

Lo público también puede ser nido de corrupción.

— Sin duda, pero en el Perú es fundamentalmente una atomización de la sociedad. Es un Estado tomado por intereses privados, no por ideas de lo público.

¿Un Estado capturado?

— Capturado por lobbies empresariales, con partidos políticos que son simplemente grupos de interés. Ni en el Estado ni en el mercado hay una idea de lo público. Por eso la vida en el Perú se ha degradado.

Hay un dato fundamental sobre esto: cuando empezó la pandemia, las camas UCI eran 100. Eso es desgarrador.

— Desgarrador, sobre todo cuando hemos tenido 30 años de crecimiento económico. ¿Cómo es eso posible? O sea, si en el momento máximo de crecimiento económico, la salud y la educación no mejoran, ¿entonces cuándo van a mejorar? En los periodos de crisis no van a mejorar. Lo que tenemos es un modelo que simplemente no funcionó por su desprecio de lo público.

¿Diría que es un modelo neoliberal?

— Un modelo neoliberal cuyas medidas lo único que han conseguido es reforzar grupos monopólicos, reforzar a grupos de poder y una clase empresarial que se ha hecho muy rica mientras que, en paralelo, los servicios públicos como la salud y la educación están absolutamente deteriorados.

Usted ha escrito que Pedro Castillo concentra “toda la crisis del país”. ¿No es más de lo mismo que hemos visto en estos años? ¿Qué vemos de diferente en Castillo que no vimos en los otros?

— Lo que vemos en Castillo es que el deterioro ha calado en todos los sectores sociales. La crisis es profunda porque atraviesa a todos. Castillo representa la crisis del sector educativo, del sindicalismo, de lo popular. Es el ejemplo perfecto. Ese es el país que en 30 años de gran economía no ha avanzado, más bien lo hemos deteriorado. La pregunta es si lo económico es suficiente, si el progreso económico es suficiente, si la inversión es suficiente, y estamos viendo que no lo son. Nosotros teníamos políticos más o menos profesionales que fracasaron, outsiders que fracasaron…

Y que también robaron.

— Y que robaron. También tuvimos empresarios que fracasaron, como Kuczynski. Frente al fracaso absoluto, bueno, un campesino, uno con sombrero. Quizás ahí, de repente. Pero tampoco. En ese sentido Castillo es exactamente igual que los anteriores.

El Ejecutivo y Legislativo han sido cuestionado por no saben atender los problemas del país. Foto: Presidencia

Recuerdo que José Luis Rénique me dijo hace un tiempo que con Castillo se acababa uno de los mitos de la izquierda, “sobre los contenidos de la cultura andina, sobre lo que puede traer el fondo rural, serrano de la política peruana”. ¿Qué piensa?

— Completamente de acuerdo. Acá no hay más idealización posible. No hay pueblo puro y limpio opuesto a un poder corrupto. La precariedad, la desigualdad, la sobrevivencia lo que ha hecho es vaciarlo todo, mientras que otros se aprovechan.

¿Deberíamos ir a nuevas elecciones generales o solo sería repetir el problema con diferentes protagonistas?

— En términos prácticos, este gobierno es insostenible. Lo mejor que podría pasar es que renuncien, sin embargo, las elecciones en el Perú se han vuelto un ritual patético, un ritual en donde siempre gana el peor. De las elecciones tampoco podemos esperar nada. Fíjese en las elecciones municipales que vamos a tener en Lima.

Son de miedo.

— Ninguna idealización a la democracia. La democracia es un ritual agotado y eso no significa estar a favor de sistemas dictatoriales, sino simplemente asumir con coraje que la democracia, tal como funciona en el Perú, es un ritual patético en donde siempre gana el peor.

¿Que se vaya solo Castillo?

— Que se vayan todos.

¿Qué papel pueden jugar las políticas culturales para restaurar en algo este tejido social que hemos perdido?

— Lo que en el Perú se necesita es restaurar el sentido de la vida comunitaria, lo que compartimos unos con otros. Hay que restaurar la idea del equipo, más allá de las diferencias. Hay que restaurar el sentido crítico, la necesidad de informarnos mejor. Hay que afinar nuestra sensibilidad, nuestra idea del bien, de la justicia, de la belleza, del saber, de la duda. Todo eso lo pone la cultura. Eso no lo pone una economización de la vida. El mundo tecnocrático, empresarial, no se pregunta si esto es justo o injusto, solo se pregunta si es rentable. No se pregunta si es bueno o malo, solo se pregunta si vende, si es verdad o es mentira…

Se pregunta si es capitalizable, entiendo.

— Correcto, entonces necesitamos restaurar la idea de la verdad, de lo bueno, de lo justo, de lo compartido. Y eso lo puede hacer el arte público, la historia. Necesitamos un país en donde la educación no solo sea responsabilidad de los colegios y las universidades, sino también de las municipalidades, de los centros culturales, de los medios, de las redes sociales. Necesitamos un país -y suena conservador- un país más ilustrado, más culto.

Eso le iba a decir. Suena muy conservador. ¿No es muy elitista?

— Suena bastante conservador porque vivimos en un vaciamiento tal que ya parece autoritario promover arte en la ciudad. Vivimos frente a un vacío tan grande, frente a una cultura de la chatarra tal, que ya parece extraño…

¿Extravagante?

— Extravagante decirle a Cineplanet que es racista que solo ponga películas europeas – y muy pocas veces– en Miraflores y en San Isidro. Debería ponerlas en todo el Perú, aunque sean menos rentables, porque tienen una función educativa que cumplir. Si decimos que el problema educativo en el Perú es central, no solo es responsabilidad de colegios y universidades.

Estoy seguro de que la promoción de la cultura se discutirá muy poco en la campaña municipal. Hablarán más de pistas y bypasses.

— Porque hay una economización de toda la vida. La gente se queja de que un presidente cite a Vallejo en el Congreso, ese es el nivel al que hemos llegado. En el Congreso ya no se puede hablar de José María Arguedas o citar a Basadre porque se convierte uno en un marciano. Y, como digo, la crisis educativa la vemos desde Castillo hasta (Alejandro) Cavero, que no sabe hacer un informe sobre lo que ocurrió en la protesta, que no puede redactar un informe mínimo. Las clases altas están pésimamente mal formadas, son súper precarias en conocimientos. Lo que tenemos es una degradación de todos los sectores sociales.