Alberto Vergara sobre primer mes de gobierno: “Keiko Fujimori es más hija de la última década que de su papá”

En esta entrevista con La República, Vergara repasa cómo se ha construido la identidad nacional peruana en los últimos años a través de la gastronomía popular, además de analizar el primer mes de gobierno de Keiko Fujimori y sus diferencias con el de su padre.

El politólogo peruano advierte de "incentivos perversos" que estarían configurando el gobierno fujimorista.
El politólogo peruano advierte de "incentivos perversos" que estarían configurando el gobierno fujimorista. | La RepúblicaMarco Cotrina

- En el libro coeditado con Adrián Lerner destacas que lo nacional está construido por procesos que han logrado una identidad culinaria que nos une y nos pone en alerta contra quienes piensan distinto. ¿En qué consiste esta identidad y por qué dices que es tan endeble?

-En este segundo volumen, me acerqué a lo gastronómico, para mostrar —me interesaba— el fenómeno recientísimo, pero profundo, de cómo la comida ha pasado a ser la dimensión simbólica por la cual los peruanos encuentran ahí la principal forma de reconocerse en tanto peruanos.Eso es súper reciente: hace treinta años no hubiera sido así. La gente hubiera dicho el huayno, Vallejo, Machu Picchu, los incas; hubiera encontrado una serie de símbolos, pero no hubiera acudido a la comida. Hoy, tanto en el interior del Perú como en el extranjero, el reconocimiento nacional pasa por esa dimensión culinaria.

Es un proceso muy reciente, pero sobre todo muy global, porque analizo tanto el fenómeno gastronómico —vamos a decir, "por arriba", la gran gastronomía— como "por abajo", la comida popular: la aparición de una cantidad de platos que tiene que ver con esta construcción nacional, con influencias de todas partes

- Anotas el éxito del “mostrito” y el “pollo a la brasa”en esa construcción. Que no provienen de élites.

- Y que no son por antonomasia peruanos. Es la llegada al Perú de formas europeas de cocinar el pollo. O, en el caso del mostrito, que es con arroz chaufa, tiene influencia china. Y entonces puedes encontrar cómo esa dimensión tan fundamental de la construcción nacional de los últimos años, en realidad, es una forma nacional de procesar algo que hace muy poco hubiera podido ser leído como algo ajeno.

- Hasta el papa León XIV contrató a una cocinera peruana al Vaticano, y tras su elección las redes explotaron con memes de comida.

- Sí, y que ahora el agua bendita iba a ser Inca Kola y la hostia unos chifles (risas) O sea, mi punto es que hace treinta años graficar la peruanidad del papa no hubiera pasado por la comida.

- Al final de tu texto también destacas que nuestro desafío principal no es la lealtad nacional como la que puede generar un ceviche, sino la injusticia y la indolencia ante la pobreza. Y estamos como estamos. En la actualidad hay algunos peruanos que siguen esperando que Keiko Fujimori gobierne como su padre. ¿Existen realmente similitudes entre Alberto y Keiko?

- Yo creo que, en lo fundamental, no. Yo creo que Keiko Fujimori es más hija de los últimos diez años que de su padre. Es decir, tal vez el padre es una buena forma de llegar al gobierno, de plantear la diferencia. El padre supuso una gran ruptura en el Perú. Te puede gustar más o te puede gustar menos, pero creo que si de algo estamos claros es que el gobierno de Alberto Fujimori supone la ruptura de un statu quo que prevalecía en el país. Es decir, en un montón de ámbitos, Alberto Fujimori resetea el país de unas maneras, con unas consecuencias, que pocos gobiernos en la historia del Perú han tenido.

Es decir, tú puedes decir que, en el plano estatal, la derrota de Sendero Luminoso y de los grupos subversivos es la readquisición de las funciones básicas de un Estado, de la estatalidad, del monopolio de la violencia. En términos políticos, el autogolpe y toda una serie de prácticas que él impone —el desprecio a la deliberación, a la partidocracia, al Congreso— es la llegada del mundo del independiente, del outsider, del tránsfuga. Resetea la política también y, además, resetea la economía: rearticula, renueva la relación entre economía, Estado y sociedad en el Perú, cosa que queda sellada y sacramentada en la Constitución del 93.

Entonces es alguien, diría, transformador, un modernizador —con corrupción, con violaciones a los derechos humanos, con autoritarismo—, pero no es un agente del statu quo; es un agente del cambio.

- ¿Estás diciendo que ella no cambiará nada?

- Estoy diciendo que ella es lo opuesto. El padre encarna un momento de transformaciones; ella encarna el statu quo, y por lo menos en este mes en el Ejecutivo deja ver que es también un agente —creo que en la campaña se notó— cuya inclinación es a reproducir el statu quo, no a transformarlo. Entonces, en ese sentido fundamental, de lectura con distancia histórica, más allá de los detalles, ella es, digamos, lo contrario del padre: es una fuerza del statu quo y no de su transformación.

- ¿Y si la comparas con Pedro Castillo?

- Por lo que hemos visto en este mes, que el peligro mayor en el Perú sigue siendo el desorden antes que la tiranía. Es más peligrosa la mediocridad que te lleve al desgobierno que la producción de un régimen autoritario, totalitario. Yo creo que ni la izquierda ni la derecha estaban en capacidad de producir realmente eso. Uno podría decir, como Mafalda, que esto no es el “acabose” sino el "continuose". Y, la verdad, la veo perdida, en el sentido de que en ella me parece un problema más grave que en otros, porque ella ha vendido la idea de que con ella llega el orden. Pensemos en la inseguridad y muchas otras incertidumbres que aquejan a los peruanos. No tiene el poder ni siquiera para dar un indicador de que está pensando cómo transforma eso; peor aún, ni siquiera da la imagen de tener poder, autoridad, control sobre su gobierno.

- ¿Manda poco porque tiene poco poder, o manda poco por incompetente?

- A mí me da la impresión de que, en realidad, la incapacidad para gobernar proviene, en primer lugar, de la incompetencia, y, en segundo lugar, porque tiene unos incentivos perversos, me parece, para sostener el statu quoque produce el desorden en el país.

- ¿Incentivos perversos?

- Por ejemplo, en Trujillo. ¿Cuál ha sido el interés fundamental del gobierno? ¿Ha sido resolver el crimen, capturar a los malhechores, hacer una investigación seria para entender qué ha ocurrido? ¿O estaban realmente desesperados por hacer control de daños mediático ante lo que ocurría? Además, un control de daños mediático realmente malo: unos aprendices de brujo, mentirosos amateurs del asunto.

Ella y su gente necesitan una policía poco profesional,precarizada, corrupta, que pueda funcionar en los márgenes o por fuera de la ley, porque, eventualmente, cuando haya que reprimir, cuando haya algún problema que los involucre, los necesita en esa condición de poco profesional. Pero esa misma condición de policía —del sector del Interior— poco profesional, sin reforma, es lo mismo que hace imposible que tú puedas solucionar la situación de inseguridad y criminalidad del país.

Entonces, por eso digo que están los incentivos: no lo tienen. Por eso es que, a esa misma policía, que todo el mundo sabe que en Trujillo hace años está involucrada, de una u otra manera, con la corrupción y con el crimen. Pero, en realidad, es a esa policía a la que hay que destacar, premiar, amnistiar, llenar de loas, porque saben que eventualmente la van a necesitar: son un roto para un descosido. Por eso creo que ese es un ejemplo, en donde el incentivo del gobierno, lamentablemente, no está en poder hacer un buen gobierno.

- Déjame hacer un poco de abogado del diablo: dicen que es muy poco tiempo para evaluar al gobierno. Comparado con los primeros días de gobiernos de la última década, ¿cómo observas este primer mes frente a ese riesgo de anarquía que mencionas?

- Yo creo que hay dos cosas. Yo creo que una cosa que podemos decir de positivo es que, primero, a diferencia, como dices, de lo que hemos visto en los últimos años, apareció un gabinete de ministros. Ahora, por lo menos, hay un gabinete más visible. Más visible no quiere decir que sea más efectivo, porque no necesariamente es un buen gabinete —más allá de que creo que hay un par de ministros que pueden serlo, que lo son—.

Pero, efectivamente, volvió un gabinete, y creo que, en algún sentido, en el país vuelve un poquito, al menos, la política. Es decir, nos acostumbramos, los últimos años, a que había una aplanadora permanente de nada más que impunidad y microchoreo. Creo que ahora aparecen ciertos debates: la Cámara de Diputados le dice que no a esto, el Ejecutivo tiene que explicar. Hay como la reaparición de un poquito de política, que me parece saludable.

Pero, del otro lado, está —insisto, lo principal, me parece— que volvemos a lo de la continuidad: la incompetencia, la mediocridad. Me parece que eso es lo que hereda, esencialmente, de los últimos diez años. Los últimos diez años son lo que ha sido la verdadera escuela política de Keiko Fujimori: ese mundo detrás, en el Congreso, organizando el toma y daca de las leyes que dan impunidad, prebendas, que clientelizan.

- De hostigar al opositor.

-De hostigar al opositor, por supuesto. Pero de gobernar, nada. Es ese mercado persa, el mundo del toma y daca, en el cual todo tiene su precio. Y ese mundo no te prepara para gobernar, no te prepara para el mundo del Ejecutivo. Más bien, creo que se acostumbraron a ese espacio de politiquería, y por eso no tienen planes, no tienen iniciativas, no tienen cuadros, no tienen la competencia.

-Vinculando esto con el plano global: el Perú se abre a las iniciativas del gobierno de Trump y hace unos días rompió relaciones con Irán. Pareciera que se está administrando para el gobierno de Trump y no para el país.

- Bueno, hay varias cosas ahí. Primero, sí, y no es la única. Creo que hay un alineamiento decidido de muchos de los gobiernos de la región con Estados Unidos, y el nuestro no es la excepción. Digamos que, el caso del canciller Espá, o es una imposición de los Estados Unidos, o les pareció que era una forma de quedar muy bien con ellos poniendo a alguien que haya sido funcionario de ellos por muchosaños. Entonces, creo que eso es algo que está ocurriendo. De hecho, habrá que ver: Marco Rubio llega al Perú la próxima semana, así que habrá que ver cómo se sigue desarrollando esa relación y qué impacto tiene para nosotros, sobre todo en la relación con China. El Perúdebería cuidar su relación con ambos países. Pero vamos a ver si tenemos la capacidad y la voluntad de poder hacerlo.

- Pero Trump está a punto de perder terreno en el parlamento en los comicios de medio término de EEUU. ¿Estamos llegando a la cúspide de esta anarquía libertaria?

- Yo creo que sí. Me da la impresión, por una serie de dimensiones, de que nadie tiene hoy mucha capacidad en América Latina de llevar a cabo, realmente, gobiernos decididamente exitosos. La capacidad estatal no te alcanza, la economía política de los países tampoco te da para redistribuir, el crecimiento económico es mucho menor del que debería ser, la criminalidad y la inseguridad avanzan, y al mismo tiempo tienes sociedades mucho más impacientes, por no decir neurotizadas por el teléfono y su avalancha incontenible de videos y malas noticias. En ese contexto, no es tan fácil construir, a partir del mandato que se recibe en las elecciones, un gobierno efectivo. Creo que no es fácil hoy y no lo está siendo para muchos de esos gobiernos, ¿no?

Uno podría decir que Noboa, en Ecuador, a pesar de todo el performance bukelista, la verdad es que no consigue reducir de manera importante la tasa de homicidios en Ecuador; de hecho, perdió un referéndum importante hace unos meses. Creo que es más fácil tener una retórica inflamada para excitar a los propios y enervar a los contrarios que tener, realmente, la capacidad de construir gobiernos eficaces. Y me temo que el fujimorismo pasaráun poco por ahí también. Curiosamente, me parece que, en lo que hemos visto en los últimos años y en este mes en el Ejecutivo, no encaja en esa derecha radical nueva: la de Bukele, la de Milei, la de Bolsonaro. No tiene ese ánimo, no tiene ese afán polarizante, no tiene esa relectura de la historia del país, no se ve como un punto de quiebre; no hay una lectura, no hay batalla cultural.

- ¿Cómo que no? ¿Y el LUM?

- El LUM me parece que es una controversia de este momento en la que ni siquiera están de acuerdo; fíjate que no se ponen de acuerdo: el ministro de Justicia se lo quiere llevar, el ministro de Cultura dice que no, que el LUM se queda ahí. Me parece que eso es, nuevamente, mediocridad: ni siquiera tienen un discurso establecido sobre qué quieren hacer con el LUM. Es decir, si sabemos lo que quisieran es que no exista nada, ¿no? Pero, ni siquiera a ese nivel tienes un desarrollo ideológico, programático, un discurso sobre el asunto; es más bien un rechazo visceral, identitario, digamos. Es una derecha que ni siquiera cumple con esas características. Y tampoco, obviamente, es ya una derecha neoliberal: me parece que está claro, desde hace años, que el fujimorismo erosiona el orden macroeconómico cada vez que puede, que es un actor principal del debilitamiento tecnocrático del país, que ha apoyado todas las normas que el Consejo Fiscal dice que están haciendo un boquete en la economía peruana. Entonces, tampoco es una derecha neoliberal: es una derecha del patrimonialismo.