Opinión

¿Existe un “mecanismo” en el Perú?

Para eliminar el mecanismo necesitamos de una ciudadanía informada y vigilante y comprometida con la honestidad y la transparencia.

Apuesta. Carolina Lizárraga preside la Comisión de la Mujer. Dijo que su grupo peleará para que el dictamen visto ayer sea debatido en el pleno del Congreso.
Apuesta. Carolina Lizárraga preside la Comisión de la Mujer. Dijo que su grupo peleará para que el dictamen visto ayer sea debatido en el pleno del Congreso.

Carolina Lizárraga Houghton (*) Congresista de la República.

José Padilha, director de la serie “El Mecanismo” en “O Globo”, explicaba en un artículo la importancia del caso Lava Jato para revelar cómo opera el sistema de explotación de la sociedad brasileña, sus actores y características. Según Padilha, cada engranaje del sistema es necesario para que el aparato de la corrupción funcione, lo que incluye garantizar la impunidad de sus miembros. Por eso alcanza a todos los ámbitos de la sociedad: la política, la economía, la prensa, la judicatura, etc.

En el Perú, el caso Lava Jato nos mostró a políticos vendiéndose, al gran capital comprando voluntades a cambio de obras y a un Congreso cuya mayoría estaba dedicada a garantizar la impunidad. Hemos escuchado a un juez supremo poniendo precio a una sentencia por violación a un menor mientras que, con sus “hermanitos”, intentaba capturar todo el sistema de justicia. Y hemos visto a congresistas blindando a ese individuo y la flagrancia de sus delitos.

El mecanismo no discrimina por ideología y opera en todos los niveles de gobierno. Fujimori, Toledo, García, Humala, Kuczynski, Villarán tuvieron en el dinero entregado en maletines, cuentas encriptadas y loncheras, su común denominador. Ninguno ha reconocido sus errores ni ha pedido perdón, todos buscaron la impunidad del mecanismo.

El mecanismo excluye a quienes podrían hacerle frente. Un ejemplo palmario lo constituye el hostigamiento a los fiscales del equipo especial Lava Jato y a las fiscales que investigan a los “Cuellos Blancos del Puerto” por parte de integrantes de su propia institución, es decir, del Ministerio Público.

Los miembros del mecanismo son “indulgentes” con la corrupción. Las demoras para levantar la inmunidad parlamentaria y de antejuicio y los archivos e improcedencias de denuncias constitucionales son indicios contundentes. El que no se logre aprobar la reforma constitucional que impide a las personas condenadas en primera instancia por delitos dolosos ser candidatas a cargos de representación, es una prueba de lo mismo.

El mecanismo cuenta con la colaboración de actores privados. Si no te “alineas”, no hay recursos para hacer campañas electorales, lo que reduce las posibilidades de ser elegido, o se es víctima de una “anticampaña” por señalar lo que todos ven, pero nadie mira.

Al mecanismo le es funcional el voto preferencial y el caudillismo porque puede captar personas independientemente de su tienda política financiándolos con “pitufeos”. Por eso algunos no se inmutaron cuando se aprobó la alternancia y paridad sin suprimir el voto preferencial. En la semana decisiva del debate sobre su eliminación se difundía en los medios de comunicación una encuesta a favor de mantenerlo. Si en política no hay coincidencias, el voto preferencial permitiría que vuelvan al poder aquellos que gozan del respaldo de grandes grupos empresariales.

Para eliminar el mecanismo necesitamos de una ciudadanía informada y vigilante y comprometida con la honestidad y la transparencia. Necesitamos partidos políticos y autoridades que promuevan la institucionalidad y fiscales y jueces preparados, objetivos, imparciales, independientes e implacables con la corrupción y la impunidad. Siguiendo a Basadre, necesitamos una nueva promesa de la vida peruana que, a doscientos años de la república, configure una nueva manera de relacionarnos con el poder y con nosotros mismos.

Desarticular el mecanismo es posible, depende de todas y todos nosotros.