Cultural

Iván Rodríguez: “El olvido mata aunque uno siga vivo”

El poeta y académico acaba de publicar 'El angelario de la vida', un poemario que reflexiona sobre la dura experiencia de la pandemia.

Iván Rodríguez obtuvo su grado de doctor de Educación con la investigación 'Planteamiento sobre el concepto de literatura peruana'. Foto: Marco Cotrina/La República
Iván Rodríguez obtuvo su grado de doctor de Educación con la investigación 'Planteamiento sobre el concepto de literatura peruana'. Foto: Marco Cotrina/La República

A pesar de vivir zarandeado por el trabajo académico y administrativo que supone ser rector de una universidad, Iván Rodríguez Chávez se da tiempo –robando horas al sueño- para dedicarse a la literatura. El rector de la Universidad Ricardo Palma acaba de publicar El angelario de la vida (Ed. Arte/Reda), un poemario que intenta, a modo de reflexión poética, expresar todo el drama y la dura experiencia vivida con la pandemia. “Resolver la cuestión académica es absorbente y extenuante. No duermo ni seis horas diarias, duermo menos, pero menos mal soy de buena madera y puedo dedicarme a la literatura”, dice.

Iván Rodríguez Chávez estudió Educación y Derecho en la Universidad de San Marcos. Desde entonces, la literatura ya era un objetivo. Obtuvo su grado de doctor en Educación con la investigación 'Planteamiento sobre el concepto de literatura peruana' (1987) y el de Derecho, con la tesis 'El derecho en El mundo es ancho y ajeno' (1982). Asimismo, ha publicado 'La ortografía poética de Vallejo' (1974), 'Otra ventana sobre Ricardo Palma' (2003), 'César Vallejo al pie del orbe' (2006), entre otros títulos. Admite que está más inclinado hacia el ensayo, “pero de cuando en cuando -dice- tengo visita de las musas”.

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“Yo escribía poemas y guardaba, pero a veces mostraba a pocos amigos. Una fecha, el doctor y poeta Manuel Pantigoso reunió mis poemas y me hizo un regalo en forma de libro. Eso me comprometió y perdí la vergüenza (risas)”, afirma el poeta. El angelario… deviene tras el sacudimiento por la pandemia, marcado por el dolor y la muerte. Está dividido en siete estancias en las que se aprecia dos ejes temáticos: el ataque del virus, del mal y la resistencia y lucha (por la vida).

—¿Es un poemario escrito con el tono de un testigo?

Hemos enfrentado un drama terrible. Hemos visto cómo las personas y las familias que uno menos se imaginaba han perdido al padre, la madre, hermanos. Hemos sentido dolor ajeno y dolor propio. Rodríguez Chávez tenía que buscarle un título, sintetizar la tensión y dimensión de lo que había escrito, desde una emoción cristiana. “Todos tenemos un ángel de la guarda. Uno puede alejarse, discutir, pelear con todos, pero menos con el ángel de la guarda porque es el único que nos protege. Por eso dije, si hay rosarios, también hay angelarios que defienden la vida”, explica.

—Usted define al virus del COVID-19 como la sublevación de la naturaleza.

Sí, yo digo que es la protesta airada de la naturaleza. Es que estamos destruyéndola. El ser humano destruye su propia casa. Hasta ahora la explicación del virus tiene que ver con el daño a la naturaleza. La naturaleza se está revelando contra el hombre.

—En el libro, para usted también hay ángeles terrestres…

Sí, médicos, enfermeras, cirujanos y los recursos como la mascarilla, la vacuna. Era toda una legión contra el mal.

—A propósito de mascarilla, un verso dice: “El lenguaje del amor ha saltado a los ojos”.

Es una cuestión gráfica. Lo que hace la poesía es sintetizar la experiencia humana. En este caso, era poner luz roja al beso con la amada, porque era símbolo de riesgo y muerte.

—En los textos, la pugna es entre vida y muerte…

Sí, pero cuando escribo estos temas lo hago sin drama, sin miedo. La muerte la asumo como una cosa natural.

—A eso iba, hay humor. Un verso suyo dice: “La vida también se hace la muertita”.

Sí, hay humor. No he querido expresar esta situación como tragedia. La muerte un día vendrá, pero no hay que verla como drama. Es la ley natural de la vida. El tema es que nos hemos occidentalizado y hemos heredado ese miedo a la muerte.

—Otro verso suyo dice: “La muerte sepulta la vida en el olvido”. ¿Teme el olvido?

Sí, el olvido mata aunque uno siga vivo.

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