
El papa León XIV regresará en noviembre a un Perú que atraviesa una realidad distinta a la que conoció durante sus años como Robert Prevost. El avance del sicariato, la extorsión y el temor que estas modalidades generan en la población marcarán también el contexto de una visita que congregará a grandes cantidades de personas en Lima, Chiclayo, Cusco y Pucallpa.
Para monseñor Guillermo Inca, coordinador nacional de la visita papal, esta será una de las principales diferencias que encontrará el pontífice. “Lamentablemente encontrará un Perú un poco más golpeado por la violencia, en el sentido del sicariato, la extorsión”, señaló a La República. Según explicó, aunque existen esfuerzos para enfrentar el problema, el miedo ya forma parte de la experiencia cotidiana de muchos ciudadanos.
Inca contrastó esta situación con el país que conoció Prevost cuando ejerció su labor pastoral en el Perú. “En el día a día experimentamos, escuchamos a la gente que hay mucho sufrimiento, mucho dolor, mucho miedo también de salir”, sostuvo. Sin embargo, consideró que el pontífice también volverá a encontrarse con una característica que siempre destacó del país: la fortaleza de la fe de su población.
La dimensión de seguridad adquiere especial relevancia por las concentraciones masivas previstas durante la visita. Ronald Vílchez, docente de Derecho Penal de la Universidad de Piura (UDEP), explicó que el debate no debería reducirse a la protección de una personalidad internacional, sino servir para preguntarse qué tan preparada está la respuesta del Estado frente a la criminalidad que afecta a todos los ciudadanos.
“Es un momento interesante para preguntarnos qué es lo que está pasando y qué se está haciendo”, sostuvo el especialista. A su juicio, la llegada del Papa debería abrir una reflexión más amplia sobre las políticas de seguridad, la lucha contra la criminalidad y el papel que cumplen las instituciones frente a estos problemas.
Vílchez remarcó que la protección del pontífice y la de los asistentes a sus actividades forman parte de una misma obligación estatal: garantizar la vida y la integridad de las personas. Si bien León XIV, por su condición de jefe de Estado y personalidad internacional, requiere medidas específicas, ello no significa que quienes acudan a verlo puedan quedar relegados en materia de seguridad.
El especialista consideró, además, que una concentración multitudinaria presenta condiciones de vulnerabilidad que deben ser previstas, aunque evitó señalar que exista una amenaza concreta de parte de organizaciones criminales. “No sería responsable establecer cuál es la amenaza principal sin contar con la información concreta” de los organismos encargados de la seguridad, precisó.
En ese escenario, uno de los principales desafíos será la coordinación entre las instituciones involucradas. Policía Nacional, Fuerzas Armadas, inteligencia, municipios y seguridad privada deberán actuar dentro de sus competencias y mantener una articulación efectiva. Para Vílchez, una delimitación deficiente de responsabilidades puede terminar generando “inoperancia” o “pasividad” ante una eventual emergencia.
El docente también cuestionó que la respuesta frente a la criminalidad se centre exclusivamente en aumentar penas o recurrir al Derecho Penal. Recordó que la persecución efectiva requiere recursos para investigar, así como fiscales y jueces suficientes y adecuadamente formados. La educación, la familia y las instituciones educativas también cumplen un papel en la prevención de la violencia, sostuvo.
Por ello, consideró especialmente grave que durante la visita se concentre toda la atención en proteger al Papa y se descuide a los ciudadanos. “La protección, indudablemente, del Papa es una obligación o una responsabilidad importante del Estado. Pero no podemos olvidar que estamos hablando de acontecimientos que congregan a cientos de miles de personas”, afirmó.
Precisamente, la seguridad forma parte de los aspectos que todavía se afinan antes de la llegada del pontífice. Monseñor Inca explicó que la Nunciatura, la Conferencia Episcopal Peruana y el Gobierno vienen trabajando coordinadamente en los preparativos y que actualmente se encuentran en la etapa de ajustes técnicos.
Los mayores esfuerzos se concentran en los escenarios que recibirán a multitudes, particularmente la base aérea Las Palmas, en Lima, y Pimentel, en Chiclayo. En estos lugares se revisan aspectos relacionados con seguridad, servicios, infraestructura y atención a los asistentes.
“Las exigencias son mucho mayores y ahí es donde se están concentrando los esfuerzos en estas últimas semanas”, explicó Inca. Añadió que también se vienen contemplando cuestiones como hidratación, atención sanitaria y los servicios necesarios para las personas que participarán en las actividades.
El 26 de octubre llegará al Perú una tercera misión de avanzada del Vaticano. Su función será verificar nuevamente los escenarios y cerrar los últimos detalles de seguridad, logística y liturgia antes de la llegada de León XIV. La primera delegación estará integrada por ocho personas y luego se sumarán otros integrantes procedentes de Uruguay.
Inca explicó a La República que esta misión ya no tendrá como objetivo definir los grandes aspectos de la visita, sino comprobar que lo acordado esté listo. “Ya son los ajustes finales, como poner bonito el vestido al final”, señaló.
Para el coordinador de la visita, la inseguridad no será el único desafío que encontrará León XIV. También verá un país marcado por la fragmentación y por dificultades para construir acuerdos.
Inca consideró que el pontífice probablemente reforzará durante su visita los mensajes de paz, unidad y fraternidad que han acompañado sus intervenciones desde el inicio de su pontificado. Pero aclaró que no se trata únicamente de un llamado religioso.
“Una nación que no está unida no tiene progreso”, afirmó. Desde su perspectiva, la paz que plantea León XIV está vinculada con la capacidad de enfrentar aquello que genera daño y muerte en la sociedad. “No puede haber una paz auténtica si no se vence aquello que mata la vida de los demás”, sostuvo.
El mensaje adquiere especial relevancia en un país donde la violencia criminal ha incrementado la sensación de vulnerabilidad. Para Inca, el retorno de León XIV puede ser también una oportunidad para que los peruanos vuelvan a mirarse como una comunidad que necesita recuperar espacios de encuentro.
En medio de este escenario, existe una ciudad que, según Inca, ocupa un lugar especial en la expectativa personal del pontífice: Chiclayo, donde Robert Prevost fue obispo y desarrolló buena parte de su trayectoria pastoral en el Perú. “Ahí no hay que dudarlo, es Chiclayo. El Papa quiere a Chiclayo”, afirmó el monseñor.
Para Inca, el vínculo de León XIV con esta ciudad no se limita a su pasado como autoridad eclesiástica. También existe una relación afectiva con la población que lo conoció antes de su elección como papa. “Como buen peruano, porque el Papa se siente y lo sentimos así, ama lo suyo”, explicó.
La visita permitirá así el reencuentro de León XIV con un país que conoce profundamente, pero que ahora enfrenta un escenario distinto. El reto, además de garantizar que el pontífice pueda cumplir su agenda, será que las medidas de seguridad protejan también a las multitudes que acudirán a recibirlo.
Como resume Vílchez, el desafío no debería ser solamente preguntarse cómo proteger a una autoridad internacional, sino qué revela la visita sobre la capacidad del Estado para garantizar que sus propios ciudadanos puedan reunirse, movilizarse y ejercer sus derechos “sin peligro para su vida, para su integridad”.
La visita está prevista del 11 al 16 de noviembre, con actividades en Lima, Chiclayo, Cusco y Pucallpa. El programa se mantiene, mientras los equipos peruanos y las delegaciones de la Santa Sede culminan los preparativos. El propio cirujano que intervino a León XIV señaló que, desde el punto de vista médico, no existen motivos clínicos que impidan el viaje a Sudamérica.

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