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"¡Que se note que hemos estado en Belén!": León XIV llama a los uruguayos a vivir su fe en su segundo día en el país

Con referencias a los puentes y las tradiciones uruguayas, León XIV reivindicó la necesidad de reconstruir los vínculos comunitarios. Además, advirtió sobre las consecuencias de una sociedad que se aleja de sus raíces espirituales y deja desprotegidos a sus sectores más vulnerables.

papa León XIV, Uruguay, el papa en Sudamérica
Desde la misa en Paysandú hasta la vigilia en Montevideo, el pontífice centró su discurso en la construcción de vínculos y el apoyo a los más necesitados. Foto: Composición LR/AFP.

El papa León XIV convirtió su segunda jornada en Uruguay en una sucesión de mensajes sobre la fe y la dignidad humana. Desde la multitudinaria misa celebrada en Paysandú hasta sus encuentros en los barrios vulnerables de Montevideo, en la Universidad Católica y la vigilia en el Estadio Centenario, el pontífice abordó desafíos que atraviesa la sociedad uruguaya: la pérdida de referentes religiosos, la violencia que afecta a la infancia, las dificultades de las familias y los riesgos de la inteligencia artificial.

La primera misa de su visita al país tuvo lugar en el parque París Londres de Paysandú, ante unos 40.000 fieles, según las autoridades locales. La llovizna de la madrugada y las bajas temperaturas no impidieron que las miles de personas llegaran desde distintos puntos de Uruguay y de países vecinos para participar en la celebración.

En su homilía, León XIV recurrió a tres símbolos arraigados en la vida regional —el puente, los palmares y el mate— para transmitir su reflexión sobre la fe y la vida en comunidad. El primero le permitió plantear una idea que había ocupado un lugar central en el pontificado de Francisco: la necesidad de construir vínculos en lugar de profundizar las divisiones.

Al recordar el Puente Internacional General Artigas, que une Uruguay y Argentina a través del río Uruguay, el Papa sostuvo que su función trascendía la infraestructura y representaba una vocación compartida. "Construir puentes, estrechar lazos, unir, comunicar, transmitir la alegría de la fe", afirmó. Pero también advirtió que esos vínculos necesitaban cimientos sólidos.

La referencia a los palmares le permitió desarrollar la importancia de la resistencia. La profundidad de las raíces de estos árboles sirvió para ilustrar la necesidad de mantener el arraigo en Cristo y de crecer junto a otros. El tercer símbolo, el mate, trasladó la reflexión al terreno de las costumbres cotidianas. León XIV lo describió como una expresión de amistad, hospitalidad e integración.

"El mate es signo de familiaridad, de amistad, de encuentro. Nos enseña a compartir, a estar juntos, a estrechar los lazos que nos unen y hermanan", expresó. La mención provocó sonrisas entre los asistentes, muchos de los cuales habían seguido la ceremonia con el termo y el mate en las manos.

El pontífice también exhortó a los uruguayos a continuar el legado evangelizador de figuras como el obispo Jacinto Vera, con especial atención a la formación religiosa de los jóvenes, el acompañamiento de las familias y la cercanía con las personas más necesitadas.

Dios escogió Belén

La dimensión religiosa y social de su mensaje adquirió mayor profundidad durante la vigilia de oración que encabezó esa noche en el Estadio Centenario de Montevideo. Ante decenas de miles de personas, León XIV abordó el retroceso de la práctica religiosa y la creciente indiferencia hacia la Iglesia, una realidad especialmente visible en Uruguay.

El país registraba el porcentaje más bajo de población católica de América Latina: el 35%, según un sondeo de 2026 de Latinobarómetro. En contraste, Paraguay alcanzaba el 82% y México, el 69%. El mismo estudio situaba en el 55% la proporción de católicos en el conjunto de la región, frente al 80% registrado tres décadas antes.

El Papa reconoció que la fe había dejado de transmitirse con la naturalidad de generaciones anteriores y que numerosas personas habían desarrollado buena parte de su vida al margen de la práctica religiosa. Sin embargo, rechazó que esa pérdida de presencia social equivaliera a una falta de relevancia.

Para explicar esa idea, recurrió a Belén, la pequeña localidad bíblica en la que nació Jesús. "Dios escogió Belén, y esa elección basta para que no identifiquemos pequeñez con insignificancia", afirmó. Su reflexión se dirigió puntualmente a las comunidades cristianas que habían tenido que aprender a vivir su fe en contextos de secularización y que, pese a su menor visibilidad, habían mantenido su actividad.

"Cuando se pretende construir un mundo sin Dios, se corre el riesgo de dejar también al hombre sin lugar. Pero nada de eso cambia la realidad: aquel Niño es Dios y viene a salvar-nos. Y en ese “nos” estamos todos, porque la indiferencia puede entrar también, poco a poco, en la vida de quienes creemos", añadió.

Además, durante la jornada en el Centenario, el papa recibió testimonios de jóvenes y familias que participaron en el encuentro, a quienes agradeció por su valentía durante el cierre del encuentro.

"Queridos hermanos y hermanas, querido Uruguay: ¡que se note que hemos estado en Belén! Que se note que Cristo vive y que encontrarse con Él hace la diferencia. Aquel mismo Jesús que nació en Belén, que murió y resucitó, vive para siempre y permanece con nosotros", celebró el pontífice e invitó a poner “nuestra vida bajo la mirada de Nuestra Señora de los Treinta y Tres”.

La violencia y la inteligencia artificial

Antes de la vigilia, el pontífice había visitado Casavalle, uno de los barrios más vulnerables de Montevideo, donde denunció la violencia que afectaba a los niños y las dificultades que atravesaban numerosas familias. Su recorrido estuvo acompañado por un amplio dispositivo de seguridad y por vecinos que salieron a recibirlo.

León XIV puso el foco en los menores que habían dejado de acudir a la escuela por los tiroteos y en los hogares que no contaban con recursos para garantizar su alimentación. "No podemos pasar de largo cuando sabemos que hay niños en Uruguay que no van a la escuela por miedo a no volver", advirtió.

"Un hijo de este país, tan rico en recursos, no debería irse a dormir sin comer, ni debería renunciar a recibir una educación y un futuro dignos debido a la inseguridad que reina en las calles", cuestionó.

La visita incluyó la bendición de una docena de viviendas populares financiadas por la Iglesia católica. El contexto reflejó la gravedad del problema: Casavalle y los barrios aledaños registraban una tasa de homicidios de 41,7 por cada 100.000 habitantes, cuatro veces superior a la nacional, según los datos oficiales citados por AFP. Las cifras también señalaban que cuatro de cada diez niños uruguayos vivían en la pobreza, de acuerdo con UNICEF.

Ya en su paso por la Universidad Católica de Uruguay, en Montevideo, León XIV trasladó su preocupación por la dignidad humana al terreno tecnológico.

"El proceso de deshumanización que estamos viviendo es un desafío para nuestras instituciones escolares y universitarias", señaló ante representantes de la comunidad educativa. También pidió promover un uso responsable y colocar a las personas por encima de los algoritmos.

"La paradoja resulta cada vez más evidente: mientras se atribuye inteligencia a los sistemas computacionales, nos cuesta reconocer la dignidad inalienable de las personas, cuyas vidas se juzgan según el criterio de la eficiencia y, cuando se considera que ya no son productivas, son rechazadas y descartadas", afirmó.

Antes de abandonar la institución, pidió a los estudiantes que mantuvieran el entusiasmo y se convirtieran en una voz capaz de transmitir el valor de la fe y de la vida humana en Uruguay.

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