Martín Adán

Fiesta para un poeta

La casa de cartón, ópera prima del poeta barranquino, cumple noventa años de publicación. Pese a su enorme valor literario, escasean los homenajes para el autor de esta obra fundamental, vanguardista y transgresora.

Edgar Gamboa

Domingo, 28 de Enero del 2018

Las referencias más precisas a la publicación de La casa de cartón apuntan a que apareció en el verano de 1928, por voluntad e insistencia de José Carlos Mariátegui. El entonces director de Amauta —quien ese mismo año publicaría sus Siete Ensayos de Interpretación de la Realidad Peruana— había quedado prendado con los manuscritos de un joven colaborador de su revista, un chico aplicado y culto, que todavía firmaba con su nombre: Ramón Rafael de la Fuente Benavides.

¿Qué vio Mariátegui en esas líneas adolescentes, cuasi infantiles, que De la Fuente comenzó a escribir en sus clases de gramática en el Colegio Alemán? La respuesta la da el propio Amauta en el colofón del libro -que incluye además un prólogo de Luis Alberto Sánchez- en el que presenta al autor, no como un joven intelectual hijo de la aristocracia, sino como un desconocido que lleva el dialéctico mote de 'Martín Adán'.

"De la Fuente es de vanguardia, por su frescura de imágenes, por su dislocamiento, por su humorismo, por su deportismo en el estilo; pero este afán de hacer literatura y frases, acusa cierto decadentismo, distante del ritmo rubeniano, pero, no por eso, menos decadente. Lo decadente es aristocrático siempre, pero hay un vanguardismo de lo decadente, y este es el que practica Martín Adán", señala Sánchez en el prólogo.

Mariátegui, por su parte, refiere en el colofón: "Escritor y artista de raza (Martín Adán), su aparición tiene el consenso de la unanimidad más uno. Es tan ecléctico y herético, que a todos nos reconcilia en una síntesis teosóficamente cósmica y monista. Yo no podía saludar su llegada sino a mi manera: encontrando en su literatura una corroboración de mis tesis de agitador".

Con esa presentación, con el aval de dos grandes intelectuales, opuestos en sus ideas, y con un seudónimo que era un enigma y una contradicción —Martín, por el simio de la teoría evolucionista, y Adán, por el primer hombre según la Biblia—, el poeta hacía su aparición en la literatura peruana. Hoy, noventa años después de la publicación de La casa de cartón, parece que el tiempo ha sido ingrato con este autor, que ha diferencia de otros grandes como César Vallejo o José María Eguren, no tiene un monumento, una calle o una plaza con su nombre.

Prosa dura y magnífica

"Ya ha principado el invierno en Barranco; raro invierno, lelo y frágil, que parece que va a hendirse en el cielo y dejar asomar una punta de verano. Nieblecita del pequeño invierno, cosa del alma, soplos del mar, garúas de viaje en bote de un muelle a otro, aleteo sonoro de beatas retardadas, opaco rumor de misas, invierno recién entrado... Ahora hay que ir al colegio con frío en las manos. El desayuno es una bola caliente en el estómago, y una dureza de silla de comedor en las posaderas, y unas ganas solemnes de no ir al colegio en todo el cuerpo...", así inicia La casa de cartón, destilando virtuosismo en cada línea.

Alumno destacado del Colegio Alemán de Lima, Martín Adán comenzó a escribir su ópera prima a los dieciséis años. En más de una ocasión contó que todo inició como un ejercicio de gramática, durante sus clases de lenguaje con el profesor catalán Emilio Huidobro. Como si se tratara de un juego, fue construyendo una obra compleja e innovadora, un libro fundamental de la literatura peruana.

"En la narrativa, La casa de cartón representa la renovación formal, incluso joyceana y artificiosa. Ciro Alegría es el fundador de la novela peruana con El mundo es ancho y ajeno, 1941, pero la mayor parte de sus recursos narrativos pertenecen todavía al siglo XIX; más creativo y quemante en el discurso novelesco es José María Arguedas, quien fortificó la fundación. Pero cabe señalar que un brevísimo libro de relatos, Los inocentes, de Oswaldo Reynoso, donde campea el monólogo interior, publicado en 1961, es la primera repercusión estilística bien lograda de La casa de cartón", destaca Gregorio Martínez, en su libro de ensayos Libro de los espejos (2004).

El narrador, poeta y ensayista fallecido en el 2017, resalta además la importancia del contexto histórico en ambas obras. "Sus semejanzas en ciertas técnicas, las metáforas y la adjetivación, antes que desmedro, significan provechosa asimilación, pues el texto de Los inocentes está afirmado en su contorno histórico social, así como la novela de Martín Adán lo está en el suyo", apunta Martínez.

Pero la influencia de La casa de cartón, según la visión de Gregorio Martínez llegaría incluso más lejos: "Dos años después, en 1963, variablemente en la línea formal de La casa de cartón, pero esta vez en una versión monumental, apareció en España La ciudad y los perros, de Mario Vargas Llosa".

Barranco de cartón

"Prosa dura y magnífica de las calles de la ciudad sin inquietudes estéticas.

Por ellas se va con la policía a la felicidad.

La poesía gafa de las ventanas es un secreto de costureras.

No hay más alegría que la de ser un hombre bien vestido...", el capítulo 26 de La casa de cartón, es el único que lleva un subtítulo: Poemas Underwood. Se trata de versos sueltos, que pueden leerse de manera independiente, pero que unidos configuran un sólo gran poema, irónico, transgresor, por ratos existencialista.

Cuando Martín Adán escribió estos versos, residía en la calle Sánchez Carrión 131. Hoy, en este inmueble de refinada arquitectura, que por su valor para las letras peruanas tendría que ser un museo, funciona una discoteca. Toda esa calle en la que el poeta creció, jugó e imaginó sus primeros versos, hoy es un emporio de bares y pubs, conocido como el 'Bulevar de Barranco'.

"No creo que sea culpa de los dueños de esa discoteca, de hecho deben ignorar lo que fue alguna vez esa casa, pero las autoridades responsables del patrimonio cultural e histórico tendrían que hacer algo al respecto. No es posible que un poeta mayor como Martín Adán sea ignorado por el distrito al que le dedicó la mayor de sus obras", comenta Jorge Valverde, fundador de la asocación cultural Isegoria.

Junto a esta asociación, Valverde inició en el 2015 el proyecto 'Barranco de Cartón', que no sólo busca rescatar la obra de Martín Adán, sino recuperar el lugar que el poeta merece. "Existe una universidad César Vallejo, además de monumentos y plazas; hay un colegio emblemático José María Eguren, en Barranco, también placas recordatorias en la casa donde vivió, pero de Adán no hay nada", explica preocupado.

Uno de los mayores logros de 'Barranco de Cartón', fue conseguir que la biblioteca infantil de Barranco se llame 'La casita de cartón'. "Es una manera de preservar la obra en el tiempo, de conseguir que no sea olvidada. Así las próximas generaciones se preguntarán por el libro, lo leerán y sabrán su importancia", señala.

'Barranco de Cartón' también organizó tours a los lugares de Barranco que se mencionan en el libro. Recientemente, Valverde reeditó el libro Escrito a ciegas y una serie de sonetos publicados por el diario La República en la década de los ochentas, bajo el título de Arquitectura. También dirigió un taller de cortometrajes inspirado en La casa de cartón, cuyos trabajos serán expuestos en la Casa de la Literatura todo el mes de febrero.

Por su carácter solitario, su adicción al alcohol y su total desarraigo, Martín Adán pasó la mayor parte de su vida en el hospital psiquiátrico Larco Herrera, en bares y hoteles baratos. Fue un autor de culto, admirado por escritores universales como Allen Gingsberg, William Burroughs o Roberto Bolaño. "Me gusta andar por las calles algo perro, algo máquina, casi nada hombre", versa uno de los Poemas Underwood. Por su legado, merece más que eso.

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