El éxtasis de la tribu rockera

 Un lugar es un libro de portada sobria que al abrirlo te salpica con una avalancha de fotografías  de gente desenfrenada, pestilente, rabiosa, despidiendo alaridos de puro y violento rocanrol. Raúl García Pereira, fotoperiodista, es su autor y en él retrata a los protagonistas de una escena que ha cambiado un poco pero mantiene la misma impetuosidad de siempre.

Por Jonathan Castro

“No es un libro de fotos de bandas de rock. Lo que pretendo es capturar la esencia del rocanrol limeño”, explica Raúl García. Un lugar recopila fotos tomadas entre 1997 y el 2010 sobre la escena rockera limeña que-no-suena-en-la-radio.
Lleva con orgullo el nombre de la primera canción del álbum con el que debutó la popular banda Leusemia en 1985.
“No están todas las bandas locales importantes, sería injusto decirlo. Solo son un puñadito de bandas, y no están ahí por ser las bandas que son; lo que manda en la selección es la foto”.  De todas las imágenes incluidas en el libro destacan los conciertos en lugares pequeños, sucios, con poca luz, sin tarimas altas ni miembros de seguridad que alejen a las bandas de su público. Pocos locales escapan a esta regla, salvo El Huaralino (Los Olivos) y los estadios Manuel Bonilla (Miraflores) y Unión (Barranco).

No hay fotos de las bandas internacionales que han pisado Lima, aunque sí algunas de bandas locales en el extranjero. Lo que le interesa a García es capturar el ambiente como le gusta: fuerte, horizontal y universal. “No solo he fotografiado en Lima, sino en Santiago, Buenos Aires, Medellín y Bogotá, y la escena, la gente y las bandas son iguales. No me refiero a que suenen igual, sino a que se quiere, se sufre y se transmite lo mismo. No me importa si la gente los conoce o no; es la imagen de un rockero underground o subte”.

Contrariamente a lo que uno podría pensar, no es una colección de fotos de bandas independientes reconocidas. Figuran grupos como Manganzoides, Aeropajitas, Voz Propia y Vaselina en pleno éxtasis del concierto, pero también hay encuentros casuales como el de Daniel F y Kimba Vilis (formadores de Leusemia) con “Pelo” Madueño y Fernando “Cachorro” Vial (Narcosis), responsables del boom del rock subterráneo de los 80, en un baño. A estas se suman otras fotos de besos, baile y desenfreno en los locales que más le gusta fotografiar: El Averno de jirón Quilca, el Salón Imperial, el Keko bar, entre otros.

14 años de trabajo

Dos años atrás, entrevisté a Raúl García sobre su blog Aerolíneas Wiracocha. En esa bitácora él publicaba fotos de bandas y fanáticos que tomaba en ensayos y conciertos de rock local. Me llamaba la atención su constancia para publicar fotos de grupos profesionales y amateurs, y lo bien que captaba la oscuridad del ambiente.

Casi a inicios de la conversación me sorprendió cuando me mostró el machote de una selección de fotos que había tomado en los últimos años. En esta ocasión me dijo que solo le faltaban 4 mil dólares para poder realizar la impresión de los ejemplares. Me gustó la idea y la entrevista se encaminó por el libro que estaba, a mi criterio, a punto de publicarse.

Pasaron los meses y se me olvidó el tema, pero a Raúl lo seguí frecuentando en conciertos en el centro de Lima y Barranco. Cada vez que lo encontraba, disparaba una y otra vez fotos en blanco y negro con su cámara Nikon D700. No perdía oportunidad para fotografiar desde el escenario o el pogo mismo.


Raúl empezó a hacer la selección con más de mil fotos en el 2005. Ese año, su hija Mariel, a quien dedica el libro, acababa de nacer. Llenó su casa de ampliaciones de los negativos que tenía en archivo para poder empezar a seleccionar, mientras cuidaba a Mariel en la cuna.

Sus amigos Jorge Villacorta y Francisco Melgar lo ayudaron a darle el criterio que necesitaba el libro. Tendría tres ejes narrativos: los grupos, el baile o pogo y la atmósfera alrededor de los conciertos.


La selección de las fotos la hizo él mismo. En el camino, decidió descartar las que estaban a color “porque eran muy bonitas” y no era lo que quería reflejar. “Después de que revisas toda tu chamba de años, te das cuenta por dónde va tu mirada. Entonces empecé a fotografiar de una manera más personal”.

Cambio de mirada

“Cuando comencé a fotografiar la escena tenía la imperiosa necesidad de ir a todos los conciertos porque pensaba que había que registrar todo”, recuerda. Era 1997 y los pocos fotógrafos que iban a los conciertos tenían que gastar su propio dinero en comprar rollos, revelar y ampliar. No era un hobby barato.

“En los primeros tres años me he movido mucho más pero el material gráfico no es exactamente como me gusta. Además, en esa época yo fotografiaba, revelaba y archivaba, no las movía. Si venía una banda y me las pedía para el casette que estaban por sacar, las buscaba y se las pasaba”.


En el 2003 se contagió de hepatitis y tuvo tiempo de sobra para escanear casi arbitrariamente más de 700 fotografías que había tomado hasta ese momento. En esa revisión encontró imágenes de momentos históricos del rock nacional: el último ensayo de la leyenda del Hardcore-Punk peruano G-3 y la reaparicion de Narcosis en el 2000, y la última gira de los Manganzoides en Argentina en el 2007, por citar algunos ejemplos que aparecen en el libro.

Las fotos que le tomó a Leusemia en 1997 salieron publicadas en el disco Moxón.

Madurez de la escena

La sensación de una parte de la gente involucrada con el rock local es de añoranza a los primeros años de la movida subterránea. Para ellos, los primeros años estaban llenos de gente con más actitud, pese a las deficiencias que había. No reconocen que el cambio también trajo cosas positivas.

La escena rockera ha crecido enormemente. Lo que en algún momento era un movimiento cultural marginal y subterráneo de jóvenes produciendo música desde las entrañas, fanzines y polos se convirtió poco a poco en un espacio con cientos de exponentes dedicados a tiempo completo a la creación de música, revistas, webs, crítica, novelas, documentales y ahora el primer libro de fotografía. Los muchachos de antes maduraron y aprendieron a autogestionarse para producir cosas de calidad.


Para Raúl “no se trata de volver al pasado ni añorar. El tiempo avanza y no hay que quedarse tampoco. Pero hay cosas muy positivas de los primeros años que no deberían perderse y tienen que ver con la conciencia social y crítica sobre tu momento y entorno. Ahora también hay muchos que están comprometidos, pero nunca faltan chicos que solo se vacilan y ya”.

Un lugar es un libro que al final resulta para todos. Los que conocen la escena por dentro se sentirán identificados con el ambiente y los conciertos vividos. Los que no conocen nada verán que no se trata de muchachos violentos, solo era gente disfrutando de rocanrol y de un buen lugar.

Trayectoria

Raúl García Pereira (1969) ingresó al fotoperiodismo profesional de casualidad. Empezó haciendo cámaras para la cadena nipona Fuji TV, luego la agencia Kyodo News lo contrató como fotógrafo para para cubrir la toma de la embajada de Japón en 1997. Ya tenía una cámara con la que había empezado a fotografiar la escena rockera y las marchas contra Fujimori. Tras la crisis de los rehenes, volvió a lo que antes hacía: trabajar en cine y video. En el 2000, lo llamaron para trabajar con César Hildebrandt en el diario Liberación. Luego de eso, ingresó como editor gráfico a Peru21, de donde salió poco después de que Augusto Álvarez Rodrich dejó la dirección.

Encuéntralo

A la venta. El libro debutó en la Feria Ricardo Palma bajo la distribución de Borrador Editores. Ya está a la venta en las librerías Virrey, La Casa Verde e Íbero.


Presentación. Será el 24 de noviembre en el Centro Cultural de España. Habrá concierto de Raúl Montañez y las arañas de Marte, y algunos músicos invitados.

Auspicio. La impresión de los mil ejemplares fue gracias al apoyo del Centro Cultural de España y de Alta Tecnología Andina. El resto salió de su bolsillo y la colaboración de los amigos. Sabe que nunca recuperará lo invertido, pero no le preocupa.

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