“La comedia me ayuda a joder y a hacer pensar un poco”

Maritza Espinoza.

 

¿Fue tu Perú Ja Ja la obra que dio el giro al llamado boom teatral?

No sé qué decirte. Sí creo que Perú Ja Ja marcó un cambio en la forma de usar el teatro y la gente tuvo menos miedo de jugar con la risa. Y esto (reponerlo) ha sido una retomada para que el grupo siga adelante, lo que ha sido bacán.

Pero el teatro de gran inversión comenzó con tus obras con Raquel en Llamas.

Perú Ja Ja es un paradigma y Raquel en Llamas también. Así como Chela de Ferrari es un paradigma en contratar actores por primera vez, pagarles por los ensayos, hacerles un contrato. Y nosotros, con la cantidad de acogida del público que dijo: el teatro es divertido, el teatro es cercano, el teatro es…

¿Ese fue tu aporte?

Yo no sé cuál es mi aporte. Mi aporte todavía está en búsqueda. Lo único que sé es que, con Perú Ja Ja, hice una magistral clase de historia del Perú, en joda. Y no se hizo de la nada. Yo la mitad de las cosas que he aprendido de historia están en esta obra.  

¿Cuál es tu fórmula que engancha tanto con la gente?

Me gustaría hacer cosas fuertes en drama acá y no las he hecho. En Brasil  estudié una maestría dirección teatral y un doctorado en poética rusa, que no se aplica a lo que estoy haciendo ahora.

¡¿Un doctorado en poética rusa?!

Cuatro años de estudio sobre la poética, los movimientos constructivistas... Tengo un capítulo dedicado a Vladimir Maiakovski y los artistas de la revolución, de la vanguardia soviética, que creyeron en Lenin.

¿Y eso te ha servido para algo?

Es la formación humanística para poder contar una historia estúpida.  

La visión de Alfonso Ugarte en la obra es bien irreverente, amanerada...

Lo presento como un huevón… Lo que pasa es que, en 1889, en Arica, Bolognesi es un general en retiro, y pide volver a actividad... Alfonso Ugarte tiene 20 años, es un chico muy adinerado (de allí viene lo de estúpido, cojudo, hijo de papá) y regala 44 caballos para la batalla, y eso le da título de coronel. Entonces, un señor retirado, que vuelve a la guerra, que ama la milicia, tiene conciencia de patria y que lucha con un tipo así al lado, es como Pinky y Cerebro, El tonto y el más tonto, dos de los Tres chiflados encima del morro….

Para muchos eres un poco lo que Cattone fue en los ochenta…

Es que con el arte yo no tengo trauma. Creo en mil cosas que la gente no cree. Yo creo en el consumo de  la marihuana, en el matrimonio gay, en la adopción homosexual, en la libertad. Yo no soy el ejemplo del peruano promedio en juzgar las cosas.

¿O en transgredirlas?

Yo soy consciente de que la comedia me ayuda a transgredir, a joder, a hacer pensar un poco, pero también tengo una postura que muchos peruanos tienen: que qué pena que nuestro ciudadano sea tan débil, que nuestro Congreso sea una porquería de cochinada, que la corrupción se institucionalice como regla de juego y que seamos el país de los chuponeos y las bandas.

Pero todo eso es material bien rico para las cosas que haces en teatro...

Sí, hay una propuesta con Pablo (Saldarriaga) de hacer la historia de la corrupción, pero yo no sé si la gente se divertiría tanto viendo su realidad.  

¿Y de qué te ríes de ti misma?

¿Yo? De lo atolondrada que soy, de mi imposibilidad de llegar a la hora, de la imposibilidad que tengo de decir que no. A veces me río cuando estoy muy histérica y uso adjetivos calificativos  bastante particulares. ¡Te voy a reventar el ojo con un tenedor en este momento! (risas) ¡Agarro esa botella, la rompo y te desgracio! ¡Te voy a reventar los dientes de un puñete!

Pobre tu nuevo marido (risas). Te has casado recién, ¿no?

Me casé hace un año y medio por segunda vez. Espero que esta vez sea para siempre, porque por un buen tiempo mi vida fue esto del teatro. Estaba creando un mercado, haciendo obra, haciendo país… Y he jodido un montón. Yo quiero que la gente piense en teatro, que consuma teatro.  

¿Verdad que has llegado a invertir medio millón de dólares en una puesta?

Sí. Pero no solo yo. También la producción, ¿no? Eso fue La jaula de las locas, de Raquel en Llamas, en el teatro de la Plaza ISIL. Lo que pasa es que si no haces eso de vez en cuando, la calidad del teatro no progresa.   

¿Y no te provoca hacer cine?

Me encanta hacer cine. Trabajé en Iguana (productora de Lucho Llosa), en todas sus películas de cable, buenas, malas y hasta el c... He trabajado con Fabrizio (Aguilar) en Paloma de papel. Estuve cerca del proceso de Días de Santiago. Soy protagonista de una película de Salvatore Samperi. Hago de la chola embarazada.  

Me refiero a si no te provoca hacer cine después del éxito de Carlín…  

¿Después del éxito de Cachín? Ah, ¡a mí me encantaría hacer Elogio de la madrastra en danza teatro! Una cosa erótica. ¿Te imaginas a ese niñito seduciendo a esta mujer, la Jimena Lindo, allí? Al niño tengo que encontrarlo. Tiene que ser un hijo de puta, un pervertido...  

By the way, ¿ya eres millonaria?

No, nada. Para mí, la plata entra como el agua  y se va.  Este año creo que me voy a preocupar un poco más.     

 

LA FICHA

 

Estudié Comunicaciones en la Universidad de Lima, hice cine y  del 93 al 99 estudié en la Universidade de São Paulo, ciudad donde dirigí dos obras. Al volver, hice Las criadas, y los directores de la época me honraron como la Mejor dirección del año. Luego me dediqué al teatro de comedia con Raquel en Llamas. Ahora tengo mi propia productora, La Productora, y hemos reestrenado una versión renovada de mi puesta más exitosa, Perú Ja Ja.

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