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Mientras trabajaba en la simulación, el equipo de investigadores consumió 20 millones de horas en supercomputadora y se generaron casi 900 millones de imágenes. Se buscará, de igual modo, comprender mejor a la materia oscura.

La humanidad ha estado enviando constantes mensajes de radio al espacio. Si algún día recibiésemos una respuesta comprobada, ¿cómo procederíamos como especie?

Los científicos han calculado que esta rareza mediría hasta 16.300 años luz, distancia que, con total sorpresa, desborda el límite común de los brazos de nuestra galaxia.

“Cuando los vimos por primera vez, no teníamos ni idea de lo que eran” dijo uno de los investigadores que se dedica a buscar nuevos fenómenos en lo profundo del universo.

Los firmantes del estudio revelaron que este descubrimiento podría ayudar al programa SETI a detectar señales provenientes de otras posibles civilizaciones de la Vía Láctea.

Ahora se podrá comprender mejor la interacción de las galaxias y los agujeros negros supermasivos, como el caso de Sagitario A* de la Vía Láctea.

El principio cosmológico indica que el universo está distribuido equitativamente; sin embargo, esta estructura colosal contradice dicha máxima de la astronomía.

Casi la mitad de toda la materia visible que debería existir en el universo se había mantenido oculta. Pero un innovador método ha permitido encontrarla.

Los científicos descubrieron que las estrellas se desviaban por su interacción con una extrañeza colosal, de unas 10 millones de veces la masa del Sol.

Además, aquel agujero negro en el centro de la galaxia M87 profiere potentes chorros de energía que se extienden a 5.000 años luz desde su núcleo.

Explorar las actividades de la materia en el universo temprano nos acercaría a conocer todos los eventos originados en los primeros 300.000 años después del Big Bang.

El equipo de investigadores tuvo que observar el cúmulo Abell 2877 por 12 horas ininterrumpidas en cinco frecuencias de radio para que el fenómeno emergiera.

La exposición visual de nuestro vecindario cósmico tiene casi 100.000 pixeles de ancho, 234 paneles de mosaico y se pueden ver más de 20 millones de estrellas.

Los cosmólogos conocían que esta estructura comenzó a formarse al principio del universo, pero nunca la habían observado de forma directa.

Mediante una técnica muy precisa se descubrió que un agujero negro supermasivo, cuya masa supera en tres millones la del Sol, permanece vagando en el espacio.

El chorro de materia y energía puede proporcionar información valiosa sobre los inicios del universo, una de las búsquedas más difíciles de la ciencia moderna.

Mediante una inconmensurable danza, la Vía Láctea y Andrómeda se fusionarán por completo en unos 10.300 millones de años.

La NASA describe así a esta región cósmica que fue captada a 17 millones de años luz de la Tierra.

Además, el firmante principal del artículo sostuvo que las moléculas del agua están en toda la galaxia, por lo que Marte y Venus se habrían formado igual que la Tierra.

Un equipo internacional de astrónomos usó un sofisticado método para detectar estas misteriosas regiones que se muestran como puntos brillantes.

Los científicos están rebobinando el universo hasta sus primeros instantes porque esperan comprender el periodo de inflación. ¿Hallarán pistas sobre la energía oscura?

Los agujeros negros son de extremo interés científico. Dos físicos plantean una opción posible para entrar en ellos, pero aún analizan las consecuencias.

Los astrónomos observaron que, a raíz de un choque cósmico, la galaxia comenzó a perder el gas que forma estrellas.

La NASA permite escuchar una serie de sonidos de los eventos más espectaculares del espacio, tales como el choque de dos cúmulos galácticos o una supernova.

Los astrónomos implicados en el descubrimiento dieron a entender que, a pesar de su tamaño, aquella región del universo había pasado desapercibida.