Un Perú sin Cipriani (II)

“Castillo es alguien que sí encaja con el espíritu que quiere insuflar Francisco”.

Pedro Salinas
05 Ene 2020 | 5:25 h

Una de las cantinelas de Juan Luis Cipriani fue, sin duda, aquella necia insistencia en asediar cualquier iniciativa que le permita a l@s ciudadan@s, particularmente l@s más pobres, tener control sobre la natalidad en sus respectivas familias. “Quieren convertir al país en un burdel”, alegó.

Pero donde más le gustaba incursionar era en la política. Se mostró a favor del indulto al facineroso Alberto Fujimori. “Yo creo que el indulto ya está suficientemente maduro para que se tome una decisión”, le soltó a Correo.

Como se lee en un texto de Luis Jaime Cisneros, publicado en Cipriani como actor político: hacia finales de diciembre del 2013, “Mario Vargas Llosa formuló un pedido personal al papa Francisco: remover a los arzobispos de Lima y de Santo Domingo, Juan Luis Cipriani y Nicolás López Rodríguez, respectivamente. Las razones las expuso en el diario La República: ‘Yo creo que hay que esperar del papa Francisco que estas autoridades de la Iglesia que representan las cavernas vayan siendo removidas y reemplazadas por obispos, arzobispos que estén mucho más impregnados de la mentalidad de cercanía, de justicia social que representa aparentemente el papa Francisco’. El Nobel de Literatura, que se ha definido siempre como un agnóstico, apostilló: ‘el cardenal Cipriani representa a la Iglesia más reaccionaria, intolerante, fanática, y, entonces, hay que desear que la nueva política del Vaticano llegue a Perú también’”.

Y miren. Finalmente llegó. Según fuentes confiables, la idea de eyectar a Cipriani se habría cocinado en Santa Marta, donde vive el pontífice argentino, a mediados del 2018. Desde ese instante, el jefe de los católicos se dio el tiempo de buscar con calma a un sucesor. Descartó a los seis arzobispos que existen, e hizo lo propio con el otro casi medio centenar de obispos. Y figúrense. Escogió a un cura de parroquia: Carlos Castillo Mattasoglio. Un tipo de primera. Recatado. Sencillo. Austero. Respetuoso. Tolerante. Teólogo erudito. Ilustrado. Culto.

Todo lo que Cipriani no es, para decirlo con claridad. Porque Castillo es alguien que sí encaja con el espíritu que quiere insuflar Francisco. Y es alguien que, todo hay que decirlo, repudia enérgicamente la pederastia clerical. Algo que, si me apuran, no puede decirse de cualquier autoridad eclesiástica peruana. Y menos de Juan Luis Cipriani.