Lejos de todo

“Así es Julio Guzmán. Un personaje de la política local lejano de todo. Lejano de la progresía. Lejano de la caverna. Lejano de la política. Lejano de sí mismo... Lejano de ganar las elecciones”.

Pedro Salinas
25 M08 2019 | 01:09h

Así como el diablo, para existir, necesita que exista dios, en la política para ser alguien hay que estar ahí, presente, cuando las papas quemen, cuando revienten los cuetes, cuando hay que fijar posición en medio del zafarrancho de combate. Obviamente no es el caso de Julio Guzmán, el líder del partido morado.

“Estoy tan lejos de los caviares como de la derecha bruta y achorada”, le dijo el domingo pasado a Maritza Espinoza en las páginas del suplemento de esta casa editora. Y con eso pretendía definirse políticamente. “Nosotros somos de centro, de centro republicano”, remarcó. Y algo similar me dijo cuando lo entrevisté en el 2015 para La Mula.

Y no sé ustedes, pero con Julio Guzmán me pasa que cuando lo oigo, me aburre. O solo escucho blablablá. Ojo. Ni siquiera es que perciba a uno de esos políticos que tratan de justificar lo injustificable, sino a uno de esos demagogos que no quieren quedar mal con nadie ni se quieren comprar pleito alguno.

En la conversación que les cuento, por ejemplo, el candidato moradito no fue firme ni claro sobre cómo hacer del Perú un Estado laico de verdad. Se fue por las ramas, como Chip. O como Dale. O como las ardillas de Alvin, da igual. Le pregunté su opinión sobre la ceremonia del Te Deum (algo que, me parece, debería ser desterrado como parte de las celebraciones de la juramentación presidencial), y no dijo nada. Puro humo.

Maritza Espinoza trató de extraerle un juicio a propósito de los grupos ultraconservadores, tipo Con mis hijos no te metas, y su respuesta no pudo ser más gaseosa. Y levantó la bandera del diálogo y del pluralismo y qué sé yo. Cuando es evidente que no se puede ser tolerante frente a la intolerancia.

Todo en él es lugar común, o sea. Incluso aquello de que está tan lejos de la caviarada como de la DBA. Pero así es Julio Guzmán. Un personaje de la política local lejano de todo. Lejano de la progresía. Lejano de la caverna. Lejano de la política. Lejano de sí mismo. Lejano de lo rotundo. Lejano de la realidad. Lejano de la empatía popular. Lejano de ganar las elecciones. Guzmán, si no quedó claro, está lejos del Perú.