TODAS LAS COLUMNAS DE Maritza Espinoza

Domingo 2 de Septiembre

El baile del que sobra…

Hubo un tiempo en que Alan García era capaz de hipnotizar a una audiencia de miles de personas con un solo balconazo. Lo recuerdo, joven y bien plantao, convertido en el líder de no alineados por obra y gracia de su arrollador carisma que seducía por igual a hombres y mujeres, jóvenes y viejos, peruanos o foráneos. Recuerdo también a periodistas muy lúcidos y perspicaces que caían rendidos bajo su hechizo y se convertían, en menos de lo que ladra un perro (de chacra), en sumos sacerdotes de su culto particular. Eran lo que hoy llamaríamos “Alanlovers”.

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