
Habría que ser muy irracional para desear que al Gobierno le vaya mal. Si dejamos que nos dominen nuestras pulsiones primitivas, caemos en la trampa del barril de cangrejos. Nos trepamos unos encima de otros y nadie deja salir a nadie. No se trata de subirse a la nave del poder. Pero sí de comprender que estamos en una situación crítica como país y que el fracaso del fujimorismo es, lamentablemente, el fracaso de todos. Los ejemplos lo pueden explicar mejor.
Si no se toman medidas apropiadas y urgentes para combatir la delincuencia, que es, de lejos, la principal angustia de las mayorías, perdemos todos y, en particular, los más desamparados. Y lo que estamos viendo es lo opuesto de una estrategia inteligente, es decir, de inteligencia para combatir a las mafias de extorsionadores o la minería ilegal. Ese despliegue de aparente fuerza con camiones portatropas y soldados equipados para acudir a la batalla, a quien más debe haber divertido es a los jefes del sicariato. Deben haber pensado: con esa presidenta que no logra salir del ámbito del show, estamos tranquilos.
En efecto, la aparente actitud enérgica de la mandataria hablando con voz marcial, mientras las cámaras enfocaban batallones de soldados al estilo de las manifestaciones fascistas (que, a su vez, imitaban las del Imperio romano), les debe haber parecido la mar de divertido… y relajante. Algo análogo ocurre con el inminente cataclismo del fenómeno de El Niño, del cual ya sabemos que producirá desastres de diversa índole, los que también afectarán en especial a los más necesitados. El único mensaje emitido por Palacio se puede resumir en una exhortación: ¡huyan mientras puedan!
A esto me refiero cuando afirmo que sería desalmado y carente de empatía desear que al régimen le siga yendo tan mal. Los gigantescos desafíos son, en cierta medida, tarea de todos. Esto no anula la evidente observación de que el Estado de derecho está amenazado por un peligro no menor que los titánicos retos arriba mencionados. La casi total anulación de la separación de poderes, así como el copamiento de la mayoría de medios de comunicación, complejiza la indispensable tarea de fiscalización en democracia, la cual, lejos de ser un obstáculo, es —o debería ser— una ayuda, una aliada valiosa en tiempos de crisis como estos. Esto, como se verá más adelante, no implica ceder a cualquier pedido del Gobierno, si es que este no tiene sentido.
Lamentablemente, cada vez es más evidente la carencia de preparación para asumir la ardua tarea de gobernar. En un país tan difícil como el nuestro, lo es siempre. Pero cuando esto se agrava por las tormentas activas y en ciernes, es el momento de nombrar a los mejores cuadros posibles para hacer frente a esta situación alarmante. Precisamente lo que no se aprecia. El gabinete, con alguna excepción, es una combinación de apariciones grotescas, como los brincos —figurados y reales— del canciller, con demostraciones en las que la incompetencia rima con la prepotencia.
Para complicarles más las cosas, la socorrida excusa de “todo es culpa de los caviares” se está desvaneciendo. Ahora ya tienen, como en la vieja consigna leninista, todo el poder para los sóviets. Pero los “sóviets” locales sabían poner obstáculos, zancadillas o controlar a muñecos de paja como Boluarte o Jerí. La sensación prevaleciente es que estamos volando en piloto automático, mientras la capitana se ha quedado congelada haciendo los gestos rituales de las aeromozas, a los que nadie presta atención.
Pasado el estupor de los primeros meses, la constatación se impone: solo se observan muestras de sumisión al poder imperial. El problema con ese vasallaje desvergonzado no es solo su indignidad. Lo peor es que es inservible. La oferta norteamericana de enviar ayuda contra la minería ilegal habría que meditarla con cuidado. Al ver lo que sucede en Ecuador o Venezuela, la advertencia es clara: no hay lonche gratis; si acaso, hay lonche.
No se puede abdicar sin haberlo intentado. La policía está en un estado calamitoso, es cierto. Hablar de su reforma desató en el Congreso la trifulca callejera que observamos en las pantallas. Pero no hizo falta esa reforma ineludible para capturar, mediante un paciente y silencioso trabajo de inteligencia, a Abimael Guzmán y a toda la cúpula de Sendero Luminoso, sanguinario movimiento tan ensimismado en el culto del líder que cayó como un castillo de naipes. Es verdad que no le advirtieron al padre de la presidenta ni a su asesor Montesinos, pero tenían muy buenas razones para hacerlo.
La peregrina idea de imitar a Bukele —cuyas alianzas con la mafia no eran un secreto, pero ahora están saliendo a la luz pública— solo puede traerle más escenas ridículas a Keiko Fujimori. Al igual que Alberto Fujimori, Bukele no es un demócrata, pero es evidente que tiene recursos personales por encima del promedio de los presidentes de Latinoamérica. De ahí que el apodo de Bukele de Temu para Keiko haya calado de inmediato. La gente se está dando cuenta de que, cuando el cargo le queda grande al funcionario más importante de la nación, estamos en serios aprietos.
Ese vacío de poder terminará siendo llenado, pues esa es la dinámica implacable de la política. Lo cual no significa que nos vaya mejor, pues quienes suelen ocupar ese espacio son los más inescrupulosos. López Aliaga es un claro ejemplo de esa calaña. Saltarse todas las normas posibles es su modus operandi, al cual, por ahora, ningún organismo responsable logra —o quiere— oponerse. No necesitamos más de esos personajes. Espero, por el bien del Perú, que salgamos de esta pesadilla.

"Ese vacío de poder terminará siendo llenado, pues esa es la dinámica implacable de la política. Lo cual no significa que nos vaya mejor, pues quienes suelen ocupar ese espacio son los más inescrupulosos"

"Esas utopías mesiánicas que terminan, en nombre de Abimael Guzmán. dando rienda suelta a sus pulsiones tanáticas, en particular contra campesinos pobres e indefensos"

"Cuesta más trabajo extenderles esa coartada a integrantes de élites educadas, quienes también se dejan seducir por esos cantos de sirena"

". Si gana su apuesta con trampa, como parece probable, veremos si esta vez podrá sostener su tinglado de mentiras descaradas y estafas al erario público (es decir, el de todos)"

Si alguien ve un paralelismo entre estas tragedias contra las niñas de Condorcanqui y lo que ha sucedido recientemente en el bus que transportaba a los estudiantes del Liceo Naval en San Borja, está en lo cierto.