
Hay una secuencia que los regímenes que capturan instituciones repiten tarde o temprano. Primero van por los árbitros. Después, por quienes forman a los ciudadanos que los van a juzgar.
La propuesta de la presidenta Fujimori de "limpiar de ideologías" los textos escolares tiene la forma de una iniciativa pedagógica y el fondo de una operación política. Es la continuación de un esquema que ya conocemos en el Senado, el JNE y el TC.
El educador León Thatemberg, una de las voces más respetadas del magisterio peruano, señaló que la iniciativa erosiona la autonomía de directores y maestros para tomar decisiones sin tutela de la administración, y apunta, sobre todo, contra el cultivo del pensamiento crítico, la herramienta con la que una sociedad distingue el abuso cuando ocurre y encuentra las palabras para nombrarlo.
La pretensión de neutralidad en los libros escolares es ya una postura ideológica, la más efectiva porque se niega a reconocerse como tal. "Limpiar" los textos tiene un contenido concreto: retirar la memoria de los crímenes cometidos durante el gobierno de Alberto Fujimori y eliminar la educación sexual integral del currículo. Lo que entra al aula y lo que queda fuera de ella es ya una decisión de poder. La omisión ya es una toma de partido.
La resistencia viene de donde siempre ha venido. Los educadores que sostienen el aula como espacio libre, los directores que defienden su potestad de decidir sin rendir cuentas al gobierno de turno, las familias que eligen escuelas donde los alumnos aprenden a preguntar antes que a repetir.
El sistema educativo peruano reconoció la autonomía del docente frente a las presiones de los padres de familia como un principio recientemente. La incoherencia es que ese mismo Estado amenace ahora con sancionar a quien enseñe una historia documentada por organismos internacionales y negada solo por quienes tienen razones propias para negarla. Esa trama existe, es amplia, y es exactamente lo que el esquema de captura institucional necesita desactivar antes de que se consolide.
El pensamiento crítico es un valor ciudadano, no partidario. Es lo que permite que la resistencia que hemos visto en el Senado y en el JNE no sea solo institucional sino también colectiva. Un gobierno que captura árbitros puede sobrevivir a la oposición. La riesgo para ese esquema es una ciudadanía que aprende a identificarlo.

Fuerza y Renovación Popular tuercen las normas cada vez que tienen a los intérpretes de su lado; que no lo logre del todo es mérito de quienes resisten y la razón por la que los atacan.

El acercamiento del gobierno peruano al chavismo dice más sobre las convicciones democráticas de Fujimorismo que todos sus años de discurso antichavista.

Las condiciones creadas por las crisis políticas han generado de seis de cada diez jóvenes peruanos quiera emigrar.

El Índice ODS 2026 ubica a las regiones orientales como las últimas de la lista.

Mientras el debate político persigue la última estridencia, los problemas que matan no tienen respuesta.