
El término combina la palabra “farmear”, tomada del lenguaje de los videojuegos para referirse a la acumulación de recursos o experiencia mediante acciones repetidas (como en una granja), y “aura”, entendida en internet como el carisma, el estilo, la confianza o la capacidad de captar positivamente la atención de otros. Así, “farmear aura” consiste en aumentar simbólicamente el prestigio personal a través de gestos, actitudes o movimientos que despierten admiración o reconocimiento.
La popularidad de esta tendencia ha trascendido las redes sociales y ha dado lugar a las llamadas “batallas de aura”, encuentros en los que los participantes compiten por demostrar mayor presencia escénica, creatividad y capacidad de impactar al público. Estas competencias carecen de reglas estrictas: son los espectadores quienes determinan al ganador mediante sus reacciones, aplausos y expresiones de entusiasmo.
El fenómeno recuerda, en cierta medida, a las tradicionales batallas de rap o de gallos, en donde el ingenio verbal, la improvisación y la capacidad de cautivar al público, por medio del ataque, resultan decisivos para imponerse ante el adversario. Del mismo modo, las batallas de aura han encontrado espacio en plazas, parques y otros escenarios públicos donde los jóvenes buscan expresarse y compartir códigos culturales propios de su generación.
La importancia y los riesgos del “aura”
En principio, se trata de una manifestación juvenil relativamente pacífica. A diferencia de otros desafíos virales asociados a conductas riesgosas y agresivas, esta tendencia fomenta la creatividad, la improvisación, el humor y la interacción social cara a cara, una dimensión que muchas veces quedaba relegada en la cultura digital. Asimismo, ha permitido que numerosos niños y adolescentes desarrollen confianza para expresarse en público, fortaleciendo sus habilidades comunicativas y su desenvolvimiento social, generando comunidad y apropiándose de espacios públicos que muchas veces les eran vetados.
Sin embargo, el fenómeno también plantea interrogantes que conviene analizar tanto en el ámbito familiar como en el educativo. Entre ellos, surge la pregunta de si es conveniente someter constantemente el carisma y la imagen personal al juicio de los demás o si resulta saludable vincular la autoestima con la aprobación externa. Como sucede en las redes sociales, la sobreexposición pública del espacio personal puede pervertir el sentido de cuidado de lo privado.

En Ciudad de México. Un joven hace un gesto hacia su oponente. Foto: AFP.
Además, la lógica de “ganar” o “perder” aura puede llevar a que la identidad personal se reduzca a un conjunto de gestos, apariencias o comportamientos valorados por el público o por las redes sociales, y no necesariamente por uno mismo. El riesgo consiste en que el reconocimiento externo termine teniendo más peso que la autenticidad o el desarrollo de la autoestima: la presión de grupo muchas veces puede llevarte a tomar decisiones apresuradas. Esta situación resulta especialmente delicada durante la infancia y la adolescencia, etapas en las que el desarrollo personal aún se encuentra en proceso de afianzamiento.
Farmeando otras cualidades
Como toda actividad que expone a niños y adolescentes a la aprobación o desaprobación de sus pares, resulta necesaria la presencia de personas capaces de comprender estos espacios de expresión sin descalificarlos ni censurarlos, especialmente cuando involucran dinámicas competitivas. Esto implica reconocer sus aspectos positivos, pero también establecer límites frente a conductas que puedan afectar el bienestar emocional de los participantes.
La clave está en promover el diálogo, la reflexión y la autocrítica, de modo que la experiencia contribuya realmente al crecimiento personal. Por ello, padres y docentes deben conocer el fenómeno, comprender sus códigos y saber en qué momentos acompañar y orientar para que se convierta en una oportunidad de aprendizaje.
Es importante entender que, más que una moda pasajera, “farmear aura” refleja la manera en que las generaciones más jóvenes trasladan al mundo real los lenguajes, dinámicas y valores presentes en internet y los videojuegos, ámbitos con los que conviven cotidianamente. Precisamente por eso, la preocupación no debería centrarse en prohibir estas prácticas, sino en procurar que favorezcan el desarrollo personal y no se conviertan en una justificación para imponer la ley del más popular o del más fuerte.
Como ocurre con tantos otros fenómenos juveniles, esta tendencia debe convertirse en una valiosa oportunidad para acercarnos a nuestros hijos y alumnos, interesarnos en su mundo y conversar con ellos desde la confianza, el respeto y la solidaridad sin miedos ni prejuicios.

Las canciones del grupo abordan temas como la autoestima, la salud mental, la perseverancia y la aceptación personal, mensajes que muchos seguidores incorporan a sus propias experiencias de vida.

Homenaje. El pasado 7 de octubre se celebró el Día de la Marinera. Hoy este baile es un boom. Recordemos a una de las personas que nunca dejó de difundirlo: Milly Ahón Olguín (1941-2021).

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Se ha vuelto habitual que, durante las campañas políticas, se intente instalar la idea de que el currículo escolar está "ideologizado", que el enfoque de género debe eliminarse de los colegios o que la enseñanza de nuestra historia reciente necesita ser corregida, especialmente en lo referente al periodo de violencia política y terrorismo. Lo preocupante es que estas discusiones, impulsadas más por reacciones emocionales que por un análisis riguroso, suelen sostenerse sobre información incompleta, interpretaciones sesgadas o afirmaciones falsas.

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