
“La calidad de un sistema educativo tiene como techo la calidad de sus docentes”. Esta frase, del Informe McKinsey (Barber & Mourshed, 2007), instaló un mensaje clave: para mejorar aprendizajes, necesitamos atraer y formar docentes de alta calidad. Este hallazgo llevó a muchos países —Perú entre ellos— a desplegar esfuerzos para mejorar el desempeño docente. La misma lógica debió aplicarse ahí donde se construye —o se frustra— su profesionalidad: la formación inicial docente (FID). Pero no ha sido así, al menos no sostenida y sistémicamente.
Una mirada a las últimas décadas muestra algunos esfuerzos, pero fragmentados, discontinuos y sin soporte técnico ni financiero que los haga viables. En el balance sobre los avances del Proyecto Educativo Nacional al 2021 respecto a las políticas docentes, Cuenca (2019) señala: la FID quedó relegada, pese a contar con base normativa. Y el eslabón más relegado aún: el formador de futuros docentes.
Un hito fue la Ley 30512 y su Reglamento (DS 010-2017-MINEDU), que consolidaron la FID como educación superior y abrieron paso a una reforma más seria. Hubo avances en el ordenamiento de instituciones, su transición a Escuelas de Educación Superior Pedagógica mediante licenciamiento y en nuevos diseños curriculares. Sin embargo, lo clave quedó relegado: la carrera del formador. Sin criterios rigurosos de selección, formación, evaluación y condiciones laborales, cualquier reforma queda en el papel. Formar a los docentes que el país necesita exige profesionalizar a sus formadores y asegurar condiciones para una enseñanza exigente y de calidad.
Sin docentes no hay reforma posible; sin formadores de docentes, ni siquiera empieza. En este proceso electoral no basta preguntar, hay que exigir: una política nacional para profesionalizar a quienes forman, con estándares claros, carrera definida y financiamiento sostenido. Si los candidatos no pueden decir cómo lo harán —cuándo, con qué recursos y bajo qué metas—, entonces no están proponiendo una reforma, sino repitiendo una promesa vacía. Y la educación del país ya no puede darse ese lujo.
*Colabora Patricia Andrade Pacora, ex viceministra de Gestión Pedagógica del Minedu.

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