Unidos contra la democracia, por Paula Távara
“Los supuestos antagonistas pudieron fácilmente ponerse de acuerdo en que sus líderes y sus feudos son más importantes que el fortalecimiento de la democracia”.

Finalmente no habrá primarias abiertas para las elecciones municipales y regionales del próximo año. La mayoría parlamentaria se unió contra la democracia.
En medio de un desorden de pedidos de asistencia, problemas de conexión, y algún micrófono abierto, el pleno del Congreso aprobó el jueves en la noche, mediante reconsideración, suspender las elecciones primarias para los comicios subnacionales del 2022.
Para todos quienes nos preguntábamos el motivo de dejar a la premier Vásquez, y al país, esperando el resultado del voto de confianza al gabinete por diez días, quedó claro ayer que en el Parlamento había otras urgencias. El 31 de octubre vence el plazo para las reformas a las normativas que regirán en las elecciones del 2022, y la suspensión de las elecciones primarias, junto con otros cambios que por suerte no prosperaron, urgía más a nuestras organizaciones políticas que la posibilidad de darle una mayor estabilidad al país.
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Recordemos que ya hace algo más de un mes la Comisión de Constitución presentó esta misma propuesta, que en ese momento fue rechazada por la mayoría parlamentaria. Por ello, el jueves la congresista Juárez, presidenta de ese comité de legisladores, presentó al Pleno un nuevo texto sustitutorio, el mismo que mantenía las seis contrarreformas electorales a rajatabla.
Nuevamente la primera votación no logró los votos necesarios, pero se dio entonces un inmediato pedido de reconsideración, en cuyo proceder pudimos ver la desesperación de los grupos parlamentarios mayoritarios por lograr la aprobación. Es de lamentar, además, la actitud de la Mesa Directiva del Congreso permitiendo que se cambien las reglas de votación acordadas por las bancadas (que señalaban que solo votaban los presentes) para favorecer que se alcanzaran los votos.
Las primarias abiertas –que lograron introducirse en la ley electoral como parte de un conjunto de reformas políticas orientadas a fortalecer nuestro sistema de partidos– tienen el claro objetivo de fortalecer la democracia y la representatividad en un país con partidos políticos que durante años han funcionado como maquinarias que despiertan cada 4 o 5 años, a poco de un proceso electoral, siempre bajo la dirección de liderazgos (o propietarios) personalistas que acomodan las fichas del tablero bajo sus preferencias, mientras la ciudadanía espera conocer entre quiénes podrá elegir esta vez: si guatemala o guatepeor.
Quizás por ello uno de los datos más relevantes de esta aprobación de la suspensión de las primarias sea que, en un Parlamento de bancadas que se dicen antagónicas, Perú Libre y Fuerza Popular votaron juntos, casi aliados, en favor de las contrarreformas. 20 de los 35 parlamentarios de Perú Libre y toda la bancada fujimorista apoyaron la norma que les permite seguir eligiendo desde sus cúpulas partidarias las candidaturas para el 2022.
Con una gran cantidad de preocupaciones de la ciudadanía en espera de atención por parte de sus parlamentarios, los supuestos antagonistas pudieron fácilmente ponerse de acuerdo en que sus líderes y sus feudos son más importantes que el fortalecimiento de la democracia, recordándonos con ello que no son partidos ni precariamente democráticos, sin importar cuánto invoquen este concepto cuando les conviene.
Esta es una muestra más de que las organizaciones políticas existentes no tienen vocación representativa, pero de que, además, mientras los cambios en favor de la democracia dependan de espacios cooptados por estas organizaciones, la reforma política y el fortalecimiento de la democracia seguirán en la congeladora. Porque, aunque en extremos supuestamente opuestos, están unidos contra la democracia.

Paula Távara



