Marisa Glave

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Polarización y agonía

“A mayor polarización política, la concertación desaparece como estrategia posible y queda únicamente la confrontación. Los enemigos hegemonizan la escena”.

“Los extremos se tocan” es una frase que se suele oír para mostrar comportamientos similares entre actores políticos que están en las antípodas en el espectro político pero que, aunque parece sorprenderles a muchos, comparten prácticas (vicios) que los hacen similares. Podemos verlo en sus reacciones en relación con casos de corrupción o violencia de género. Eduardo Dargent explica parte de este comportamiento bajo el concepto de “Demócratas Precarios”.

Pero diría yo que en escenarios de alta polarización como el que vivimos ahora, no solo se tocan, los extremos se necesitan. Solo son posibles si su antagonista existe. Su identidad se construye en relación con la negación del otro. A mayor polarización política, la concertación desaparece como estrategia posible y queda únicamente la confrontación. Los enemigos hegemonizan la escena. No hay adversarios dentro de un juego democrático, hay enemigos en medio de una guerra. En la guerra, la crítica no es admitida, es vista como traición, como cambio de bando.

Creo que perder la capacidad de crítica, desde la izquierda, es lo que le hace juego a la derecha golpista. Los vacíos, improvisaciones y errores se notan, cada vez más. No buscar un cambio de rumbo y silenciar voces disidentes lo único que hace es dejar la cancha libre, el micro abierto a una sola voz.

Es también un problema de la derecha democrática y del mundo liberal al sumarse sumisamente a las voces más extremas que claramente buscan que este Gobierno caiga, pronto y como sea. No entender que Lima no es el país y Twitter no es la opinión pública genera distorsiones serias sobre su percepción de la realidad.

Esta lógica de polarización no es de este quinquenio, la arrastramos de manera visible desde el tiempo que se abrió el 2016 cuando la candidata Fujimori decidió no reconocer el resultado electoral y abrir una confrontación desde el Legislativo con el Ejecutivo. Esta polarización nos llevó a tener 4 presidentes y 2 parlamentos en un solo periodo de gobierno.

Esta lógica no es sostenible. Como he señalado en columnas anteriores, hace que nuestra democracia sobreviva agónicamente. Pero esta vez, con el anuncio de Moody’s, comienza a ser claro que las “cuerdas separadas” entre la política y la economía no son reales. La polarización sí impacta la estabilidad económica del país.

La razón esgrimida para cambiar nuestra calificación crediticia de A3 a Baa1 es el ambiente de continua polarización y fractura política que ha incrementado el riesgo político y ha debilitado materialmente la capacidad de implementar reformas. En mayo lanzaron la advertencia, el entorno político podría afectar negativamente. Hoy confirman que no hemos hecho nada por cambiar el rumbo de polarización extrema. Si seguimos así, lo único que nos espera es la agonía.