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Dónde quedó lo “universal” del bono

“La página para el registro de familias que no fi guraban en el padrón y que debían inscribirse colapsó el mismo día que fue abierta”.

Mujer de 28 años, madre soltera de dos niños, de 4 y 7 años. El padre desapareció hace ya un tiempo. Ella trabajaba limpiando una pollería en las noches. No tenía contrato ni Seguro Social ni planilla electrónica. Desde el inicio de la cuarentena, no trabaja y no tiene ingresos. Se mantiene por la solidaridad de familiares y, ahora, por préstamos que tendrá que pagar. Cumple con todos los requisitos señalados por el Estado para recibir apoyo económico. Pero por alguna extraña y burocrática razón, ella no aparece en el padrón del bono universal.

El 23 de abril el presidente aseguró que 6.8 millones de familias necesitaban ayuda. Ese es el primer problema, las familias no son estáticas. La lista de beneficiarias se haría con una focalización inversa: listar todos los hogares y excluir solo a los que mantienen un ingreso por planilla o altos ingresos por ganancias. Es decir, no intentarían ubicar los millones que necesitan la ayuda, porque son más y muy difíciles de identificar. Tienen viviendas informales, en barrios informales o donde se formalizó el suelo pero no la construcción. Trabajan para obtener algo en las enormes grietas del mercado formal. Ningún documento oficial, que no sea el DNI, los asocia con el Estado. Son vulnerables, pero no son oficialmente pobres, de modo que tampoco los ven en el Sistema de Focalización de Hogares (SISFHO). Están en todas partes pero son invisibles para el Estado.

Pese al anuncio del presidente, la tecnocracia -haciendo gala de su necedad- insistió en mantener la idea fallida de identificar a quienes no logra ver. El miércoles, luego de casi 20 días de espera, al fin se publicó el tan esperado padrón y pasó lo que temíamos. Millones otra vez quedaron fuera. La tecnocracia decidió crear un paso -burocrático- más y exigir a todas las familias que no tiene cómo identificar oficialmente, y que no aparecen en el padrón, que se inscriban, una a una, para evaluarlas, una a una, y ver si realmente califican para la ayuda e incluirlas (¡ojalá¡) en otro padrón.

La página para el registro de familias que no figuraban en el padrón y que debían inscribirse colapsó el mismo día que fue abierta. A las 10 a.m. ya no había manera de inscribir a nadie. Otra vez, la espera.

La razón de las políticas sociales no es solo que existan, sino que lleguen. Y que lleguen a tiempo.