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APN01: la mayor esperanza contra el coronavirus

Promesa. Un fármaco desarrollado por un equipo de científicos que descubrieron la puerta de entrada del coronavirus al organismo y, mejor aún, la forma de cerrarla, es la más cercana posibilidad de tratar el COVID-19. El estudio ya está en fase dos y será probado en 200 enfermos graves.

La investigación se hizo utilizando minirriñones creados con biotecnología médica
La investigación se hizo utilizando minirriñones creados con biotecnología médica
Maritza Espinoza

Probablemente la Iglesia católica no esté muy feliz con el modo en el que la ciencia se acerca a una cura para el COVID-19: un equipo de eminentes científicos de Canadá, Suecia y España ha creado minirriñones -réplicas de uno real- para experimentar el proceso de infección del COVID-19 y, pronto, la forma de evitarlo. El detalle es que la materia prima del estudio es un embrión donado por una mujer que intentaba quedar embarazada.

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El equipo de la bióloga española Nuria Montserrat solo usó unas cuantas células del embrión para un estudio que buscaba imprimir tejido humano en 3D y que hoy es la esperanza de un tratamiento eficaz contra el coronavirus: el APN01, desabrido nombre para el fármaco que podría convertirse en el mejor tratamiento para la pandemia.

Mediante los mencionados minirriñones, los investigadores se encontraron con que, para infectar una célula, los coronavirus usan una proteína, denominada S, que se une a un receptor de las células humanas denominado ACE2 (enzima convertidora de angiotensina 2). Esta unión es la puerta de entrada del virus al organismo y, si se logra bloquear, sería un verdadero hallazgo terapéutico.

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Además del pulmón, el receptor ACE2 también se expresa en otros tejidos, entre ellos el corazón, vasos sanguíneos, intestino y riñones, lo que explicaría la disfunción multiorgánica que se da en los pacientes infectados por SARS-CoV-2, virus que provoca el COVID-19.

El fármaco, que ya ha superado las pruebas de fase 1 (en voluntarios sanos) y de fase 2 (en pacientes con síndrome de dificultad respiratoria aguda), y que ya ha recibido autorización para ser probado en 200 pacientes graves, inhibe significativamente las infecciones y reduce su carga viral.

“Es prometedor”

La infectóloga peruana Camille Webb, especialista en enfermedades infecciosas e investigadora del Instituto de Medicina Tropical Alexander von Humboldt, señaló respecto de este hallazgo médico: “Creo que es prometedor, en el sentido de que se ha podido establecer bien rápido el mecanismo por el que el virus ingresa a las células y que es a través de unas proteínas –ACE que funcionan como ‘puertitas’ a la entrada de la célula. Ya se conocía su existencia y servían para otras cosas.

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Lo nuevo es que pueden hacer que el virus no pueda entrar a las células (...) Lo que sucede cada vez que el virus entra a las células, es que se replica, sale y tiene que entrar a nuevas células. Entonces, si podemos impedir cualquiera de estos pasos, podría ser un buen tratamiento que evite que progrese la enfermedad”.

La ciencia está muy esperanzada en el APN01 (descrita médicamente como “enzima convertidora de angiotensina soluble recombinante humana 2-hrsACE2”) y ya el equipo de Nuria Montserrat se unió al del doctor Josef Penninger, profesor de la facultad de medicina de la Universidad de Columbia Británica y director del Life Sciences Institute, quien en 2005 descubrió los trucos moleculares del SARS, el coronavirus que amenazó con una pandemia y que es hermano cercano al que causa el COVID-19.

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La doctora Webb es más cautelosa: “Lo que tengo claro es que todavía no tenemos una buena cura. También hay un medicamento, el Remdecivir, que se está usando en muchos estudios y se desarrolló originalmente para ébola. Pero, a veces, estudios que en laboratorio parecen buenos, por alguna razón en humanos parecen empeorar los casos. Ha pasado con otros virus. Lo único que me da buena espina es que cada vez se está recolectando más información sobre el virus”.

Respecto de posibles reacciones de sectores religiosos por el uso de células de embrión, la científica sentencia: “Cualquier investigación que use células madre despierta estas discusiones. No tengo comentarios, más que decir que muchísimos avances de la ciencia y la medicina han sucedido gracias a esas células”.

Otros esfuerzos

La pandemia ha desatado una fiebre investigativa en el mundo y, según la OMS, ya hay 52 vacunas en desarrollo en países como China, Rusia y Estados Unidos, pero también en Suiza, México y Brasil. En este último, investigadores de la Fundación Oswaldo Cruz, el mayor centro de investigación médica de AL, constataron que el Atazanavir, usado para tratar pacientes con VIH-Sida, tiene eficacia para inhibir la replicación del SARS-Cov-2 y también reduce el proceso inflamatorio en los pulmones de los pacientes que lo contraen.