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Waldemar Espinoza y la destrucción de los incas

Estudio. El reconocido historiador acaba de reeditar y actualizar su libro sobre la caída los incas ante los conquistadores españoles.

Waldemar Espinoza tiene una pasión incontable con la literatura y el ambiente. Foto: Sandra Espinoza-Culleré Montero/ composición LR
Waldemar Espinoza tiene una pasión incontable con la literatura y el ambiente. Foto: Sandra Espinoza-Culleré Montero/ composición LR
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Wilfredo Kapsoli

Waldemar Espinoza Soriano, historiador y maestro sanmarquino, acaba de publicar una versión ampliada de su libro clásico La destrucción del imperio de los incas. La rivalidad política y señorial de los curacazgos andinos (Ed. U. Ricardo Palma). La obra fue gestada durante mucho tiempo desde cuando el autor era alumno de Raúl Porras Barrenechea. Entonces, como ahora, resultaba enigmático comprender como 160 españoles pudieron conquistar a un imperio con más de 10 millones de habitantes. Pues, las armas, ni la tecnología bélica de la época no lo hubieran permitido. Entonces se pensó que este hecho fue producto del milagro de los símbolos católicos como la Virgen María que echaba tierra a los ojos de los soldados indios y del apóstol Santiago que bajaba del cielo con su caballo blanco y arcabuces para matar a los indios.

Esta historia imaginaria va a ser desmentida teórica y documentalmente por Waldemar Espinoza que utilizando fuente de primera mano, como son las crónicas, las visitas y las probanzas, nos hace conocer que la conquista de los incas fue instrumentada por los españoles aliándose con los indios y las naciones dominadas por el mundo de los quechuas.

Como si fuera discípulo de Maquiavelo, quien postulaba las tesis dividir para reinar y el fin justifica los medios, Pizarro y su comitiva se aliaron con Huáscar, que estaba en una guerra civil por mantenerse en el poder que amenazaba arrebatarle Atahualpa. De este modo fue la rivalidad política de los curacazgos andinos las que se sumaron a favor de los conquistadores. La nación de los huancas, los chancas y los cañaris fueron los principales protagonistas que lucharon contra la nación de los quechuas y collahuas logrando las acciones triunfales como la captura del Inca Atahualpa.

El libro está dividido en cuatro partes, cada uno con sus respectivos temas como son Las Nuevas Fuentes Documentales, Los Huancas y las primeras batallas, Las Batallas Decisivas, Las consecuencias de las caídas del imperio. El texto se ilustra también con imágenes y pinturas desconocidas como la figura de Santiago Mataindios, los mapas de los caminos del Capac Ñan y de los ataques en la zona de Riobamba.

El autor finalmente nos presenta quince conclusiones de las cuales damos cuenta algunas de ellas como las referidas a las alianzas celebradas por los diversos señores étnicos con los invasores castellanos a quienes veían como sus libertadores o la participación de múltiples curacazgos que intentaban liberarse de la opresión inca, siendo la alianza de los huancas, la más sobresaliente de todas las estrategias y contiendas militares. También se destaca las batallas entre los propios conquistados, como Chalcochimac y Quisquis.

Nosotros en nuestro libro Elogio a los Libertadores, que actualmente se encuentra en prensa, sostenemos la tesis de que nuestra Independencia se inició con el propio proceso de la conquista, es decir, con el Pachacutic de 1532. Felipe Huamán Poma de Ayala nos presenta la visión providencialista de la Conquista de los incas, a través de imágenes que ilustra en su Nueva Corónica y Buen Gobierno. Así, para él, personajes divinos facilitaron la caída del Tahuantinsuyo. Son los símbolos europeos antes que los andinos, los que iluminan su iconografía alusiva a aquel acontecimiento.

Alianza fallida

Entonces, como dice Nathan Wachtel en uno de sus estudios: “La derrota significa en todas partes la ruina de las antiguas tradiciones. Incluso los indios que prestaron su ayuda a los españoles, con el fin de utilizarlos como instrumento al servicio de sus intereses políticos, vieron cómo, en última instancia, sus aliados se volvían contra ellos y les imponían la ley cristiana, por lo tanto, sus dioses mueren en todas partes. El traumatismo de la Conquista se define por una especie de ‘desposesión’, un hundimiento del universo tradicional”.

Waldemar Espinoza Soriano ahonda ese tema.