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Cultural

100 años de Ulises y un paseo actual en Dublín

Homenaje. Un recorrido por calles, cafés y librerías que frecuenta Leopold Bloom, el personaje principal de esta novela vanguardista que se publicó el 2 de febrero de 1922.

El maestro. Escultura de James Joyce en Dublín. Foto: difusión
El maestro. Escultura de James Joyce en Dublín. Foto: difusión
Agencia EFE

Dublín

Nada como un paseo por el Dublín del escritor irlandés James Joyce para atreverse a leer su complejo, divertido y, a veces, incomprensible Ulises, uno de los libros más influyentes de la literatura universal, que cumplió este miércoles cien años.

El propio Joyce (1882-1941) reconoció que había escrito una obra con suficientes “laberintos y enigmas” como para mantener ocupados a los expertos durante siglos: “Es la única manera de alcanzar la inmortalidad”, dijo tras publicar su Ulises el 2 de febrero de 1922, coincidiendo con su 40 cumpleaños.

Cien años después, esta odisea, que narra un día entero por el Dublín eduardiano de tres protagonistas, Leopold Bloom, su esposa Molly Bloom y Stephen Dedalus, sigue fascinando a los académicos y al público en general, a pesar de que Joyce es uno de los escritores más celebrados y, quizá, menos leídos en Irlanda, el país con el que tuvo una intensa relación de amor y odio.

Más allá de las dificultades que presentan los 18 capítulos de Ulises, marcados por un lenguaje experimental, intrincado, con latinajos, a menudo obsceno e inteligible, cada una de sus páginas abordan el universo “joyceano” y sus dos temas favoritos: “Dublín y absolutamente todo lo demás”, explica a EFE Simon O’Connor, director del Museo de Literatura de Irlanda (abreviado como MoLi, en un guiño a Molly Bloom).

El MoLi puede ser el punto de partida perfecto para encontrarse con Joyce y buscar los lugares que recorrieron los tres personajes de Ulises el 16 de junio de 1904, una jornada que se celebra cada año con entusiasmo en la capital bajo el nombre de “Bloomsday” desde 1954.

“Siempre pienso que vivimos en el Dublín de Joyce, porque registró tanto sobre la historia de la ciudad que no es necesario ir muy lejos para encontrar significados conectados a él. Yo viví en la calle Eccles, como Leopold, y me casé en ‘Bloomsday’ sin planearlo. No puedes escapar de Joyce en Dublín”, observa O’Connor.

A pesar del carácter experimental del Ulises, Joyce, quien abandonó Irlanda en 1904, refleja simplemente “el día a día” de “gente corriente” y “nos presenta a todos de una manera real, compasiva y muy humana”, como queda de manifiesto en algunos de los pasajes más hilarantes y escatológicos.

“Ulises trata en algunos aspectos de imaginar el mundo tal y como es y a nosotros tal y como somos. Eso ha sido siempre muy inspirador y lo sigue siendo para los escritores de hoy”, agrega O’Connor.

Dentro de ese realismo, Ulises esconde una crítica feroz a la sociedad irlandesa de la época, que el escritor despreciaba porque la consideraba excesivamente puritana, conservadora y nacionalista.

De hecho, la novela no empezó a venderse libremente en las librerías hasta la década de los 60, debido a las trabas impuestas por las autoridades de aquella Irlanda controlada con mano de hierro por la Iglesia católica, que tacharon el texto de obsceno y antiirlandés.

La librería Ulysses Rare Books, en la ruta de la novela por el centro de Dublín, tiene algunos de los ejemplares llegados desde el extranjero. Primeras ediciones que se venden por 24.000 euros o por hasta 150.000 euros si están firmadas por el propio Joyce.

Portada de la primera edición de Ulises. Foto: difusión

Lugares de Leopold Bloom

Casi enfrente de este mítico establecimiento y perpendicular a la comercial calle Grafton, aún permanece en pie el local “Davy Byrne’s”, parada obligada para seguir el rastro gastronómico de Leopold Bloom, donde pasa del desayuno de casquería a un almuerzo más convencional de bocadillo de queso gorgonzola y vaso de borgoña.

Entonces una tienda de licores y vinos, el visitante puede pedir en “Byrne’s”, ahora un restaurante, el mismo menú que el antihéroe de Joyce disfruta en el capítulo ocho de los lestrigones, mientras contempla una valiosa edición de Ulises firmada.

No es necesario seguir la ruta completa, pues de igual manera que no es “pecado” saltarse algún capítulo de Ulises —según permiten ciertos expertos—, también se puede disfrutar de este viaje homérico con los guías que apuntan a los rincones por donde transcurren episodios memorables.

Tampoco es mala idea acercarse a la novela a través de rutas literarias teatralizadas que recorren pubs de gran reserva dublinesa, como el Mulligan’s, donde Colm Quilligan, autor de Dublin Literary Pub Crawl: A Guide to the City’s Most Famous Pubs, representa con colegas, entre pinta y pinta, escenas del Ulises.

Al fin y al cabo, el propio Joyce se pregunta en esta obra ya centenaria si se puede cruzar Dublín sin pasar por delante de algún pub.

Y fiel al estilo enrevesado del escritor, toda esta odisea puede acabar en el lugar donde (casi) empieza todo en la mañana del 16 de junio de 1904, en el Centro James Joyce, una casa georgiana próxima al número 7 de la calle Eccles, la dirección de Leopold Bloom en Ulises.

Además de recrear parte de los hogares de Joyce y su esposa Nora Barnacle en el exilio italiano, francés o suizo, el centro expone la puerta original de Eccles, como recordatorio de que, ciertamente, Ulises es “Dublín y absolutamente todo lo demás”.