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Abdulrazak Gurnah: “Creí que era una broma, de verdad”

Es lo que pensó el escritor tanzano al enterarse de que ganó el Nobel de Literatura. Su obra aborda “intransigente y compasiva los efectos del colonialismo”.

Solo tres obras del autor han sido traducidas al español. Foto: difusión
Solo tres obras del autor han sido traducidas al español. Foto: difusión
Agencia EFE

Copenhague.

El Nobel de Literatura ha distinguido este jueves al tanzano Abdulrazak Gurnah, narrador del poscolonialismo, el quinto autor africano en ganar este premio y un escritor que no figuraba en los pronósticos previos.

A Gurnah se le premia “por su penetración intransigente y compasiva en los efectos del colonialismo y el destino del refugiado en el abismo entre culturas y continentes”, según el fallo de la Academia Sueca.

Al respecto, Gurnah señaló que “este fenómeno que afecta particularmente a los africanos que viajan a Europa es relativamente nuevo, pero los europeos que fluyen hacia el mundo no es nada nuevo. Hemos tenido siglos de eso”, en unas declaraciones recogidas en la web de los Premios Nobel.

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Y en su opinión, la dificultad de Europa para entender la situación se puede justificar en una “especie de avaricia, como si no hubiera suficiente para todos”.

Gurnah no aparecía en las quinielas de los medios suecos ni en las de las casas de apuestas, que mencionaban al keniano Ngugi Wa Thiong’o, la nigeriana Chimamanda Adichie, Maryse Condé y Jamaica Kincaid (Antigua), entre otros.

Perspectiva colonial

Autor de una decena de novelas y varios relatos cortos, Gurnah nació en la isla de Zanzíbar en 1948, pero se refugió en Inglaterra a finales de la década de 1960, huyendo de la persecución a ciudadanos árabes del régimen de Abeid Karume, surgido tras la independencia del dominio colonial británico.

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Aunque el suajili fue su lengua materna, y su acceso inicial a la literatura junto al Corán, el inglés se convirtió en su herramienta de escritura y la tradición literaria en esa lengua, que comenzó a los 21 años, aunque no se plasmó en novelas hasta mucho más tarde.

Gurnah, en cuya obra el tema de la perturbación del refugiado es central, “rompe conscientemente con las convenciones, dando un vuelco a la perspectiva colonial para resaltar la de las poblaciones indígenas”, explica la Academia.

En toda su producción hay también un intento por evitar la nostalgia de una África precolonial y, aunque escribe desde el exilio, lo hace sobre todo de su relación con su lugar de origen, de ahí que la memoria juegue un papel central, como queda ya patente en su debut literario, Memory of Departure (1987).

En Pilgrims Way (1988), Gurnah explora la realidad de la vida en el exilio, y en su tercera novela, Dottie (1980), hace un retrato de una mujer negra de origen inmigrante que crece en el contexto racial duro en la Inglaterra de 1950. Pero el éxito como escritor no le llegó hasta su siguiente libro, Paradise (1994), originado tras un viaje al este de África unos años antes.

“Sus personajes itinerantes se encuentran en un vacío entre culturas y continentes, entre una vida que fue y una vida emergente, es un estado inseguro que nunca podrá ser resuelto”, dice la Academia.

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Sus novelas se alejan de los estereotipos y abren la mirada a un este de África culturalmente diversificado, un mundo literario en cambio permanente, una exploración inacabable impulsada por su “pasión intelectual”.

Una sorpresa

“Estaba pensando: me pregunto a quién se lo darán”, contaba el escritor en una breve entrevista a la web de los Nobel, en alusión a la llamada del secretario de la Academia Sueca, Mats Malm, para anunciarle la concesión del premio. “Creía que era una broma, de verdad”, agregó.

Y como no estaba muy convencido de que la noticia fuera real, decidió seguir en directo el anuncio de la Academia Sueca, momento en el que fue contactado por la web de los Nobel para la entrevista.