Cultural

Vargas Llosa y Umbral, las mujeres en sus libros

Crítica. Ana Godoy en su libro Arquetipos femeninos analiza las protagonistas de ambos escritores, además coteja el paralelismo vital e intelectual como autores.

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Por: Jorge Valenzuela Garcés

Aristóteles, en el siglo IV a. C, sostenía que la mujer era un hombre deformado. En la antigua Grecia, las niñas eran subalimentadas, no recibían educación formal y no podían hacer ninguna transacción comercial, a diferencia de los niños que gozaban de todos los derechos. En la cultura hebrea, la mujer era igualmente menospreciada. Se la consideraba impura y se la mantenía lejos del templo después de dar a luz durante una cantidad de días determinada, dependiendo si había alumbrado a un niño o una niña.

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Han pasado muchos siglos y, sin embargo, se sigue marginando a la mujer, no a través de esas viejas formas, pero sí a través de otras nuevas, recogidas por la literatura y el arte en general.

No es difícil recordar a personajes femeninos como Eugenia Grandet o Emma Bovary y sus respectivos calvarios. Nuestra memoria las ha fijado, respectivamente, como paradigmas de la burguesa, víctima del amor, y la romántica inconforme con su destino mediocre. No olvidemos, por lo demás, el misterio y las angustiosas contradicciones de La Maga cortazariana o la pura abnegación de Fantine, de Los miserables, de Víctor Hugo, cuya condición de huérfana la termina convirtiendo en una madre ejemplar.

En esta dirección, Ana Godoy, investigadora y docente hispano-peruana, ha analizado en su reciente libro Arquetipos femeninos. Francisco Umbral y Vargas Llosa: obras y vidas paralelas (Editorial Dalya, 2019) el tipo de mujeres que, como arquetipos, han poblado la obra de los autores escogidos (además, ha cotejado el curso de sus vidas y de sus respectivas obras y ha hallado coincidencias y paralelismos en la experiencia vital y títulos de sus libros).

Para tal propósito, Ana Godoy apela al concepto de arquetipo a partir de las propuestas de Carl Jung. Como categoría, resulta operativa pues un arquetipo puede funcionar como un “patrón de formación de símbolos” o puede permitirnos advertir la forma en que a través de él “buscan expresión las energías psíquicas”.

Según Ana Godoy, Vargas Llosa, a través de sus narradores, solo desea a las mujeres; Umbral, por su parte, las desnudaría y llegaría a poseerlas. Y aunque suene polémica esta conclusión, lo cierto es que, si bien este tipo de relación puede separarlos literariamente, en el fondo los acerca. Ambos profesan una gran pasión por las mujeres, pero de distinto modo.

En efecto, los descubrimientos de Ana Godoy comienzan cuando, a partir del modo en que se comportan los personajes femeninos en las novelas estudiadas, determina que Umbral y Vargas Llosa nos acercan al mundo de la mujer desde la pasión, la devoción, la obsesión de sus miradas, su bipolaridad y su natural multiplicidad.

¿Por qué los escritores trabajan con arquetipos? Se pregunta Godoy. En el caso de Umbral y Vargas Llosa las figuras arquetípicas “proceden del reino femenino de la infancia” en el que “la madre cumple un papel central”.

Los arquetipos más trabajados son la madre, las solteras, las madres solteras, las tías, las monjas, las abuelas, las madrastras, las primas, las prostitutas y las viudas. Además de la femme fatale. ¿En cuáles coinciden? En las prostitutas y las monjas.

Ana Godoy sostiene que ambos escritores ensayan la perspectiva individual y colectiva, pero que en su mayoría los personajes femeninos “hallan su sentido en la colectividad”. Sostiene que en la primera etapa, las mujeres son vistas como esclavas del sistema, a partir de una realidad injusta que las subyuga. Por ello la representación las vincula con prejuicios, temores, violencia social y machismo o paternalismo. En un segundo momento, las mujeres son vistas desde un punto de vista más abierto. Para Godoy son polifacéticas, independientes, seguras y autónomas. Cita a Flora Tristán, a Lucrecia, a la niña mala como prueba de su tesis.

Para cerrar esta reseña, anotemos que bien hubiera valido la pena insertar la perspectiva de género para el análisis. El libro rezuma la inquietud de una investigadora que se pregunta por el lugar social de la mujer y sus derechos, conculcados por un orden patriarcal injusto.

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