Descubren cómo el coronavirus logra entrar en el cerebro

Ciencia LR

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01 Dic 2020 | 22:50 h
Célula nerviosa (rosa) de la mucosa olfativa que ha sido infectada con SARS-CoV-2 (amarillo). Las células de soporte (epiteliales) aparecen de color azul. Foto: Jonas Franz, Universitätsmedizin Göttingen
Célula nerviosa (rosa) de la mucosa olfativa que ha sido infectada con SARS-CoV-2 (amarillo). Las células de soporte (epiteliales) aparecen de color azul. Foto: Jonas Franz, Universitätsmedizin Göttingen

Científicos analizaron decenas de autopsias y hallaron una ruta de infección que comienza en la nariz.

Un grupo de investigadores ha descubierto los mecanismos que usa el SARS-CoV-2 para entrar en el cerebro de las personas. Un hallazgo que, además de explicar algunos de los síntomas neurológicos que se han observado en pacientes con COVID-19, podría ser útil a la hora de diagnosticar y de aplicar medidas de prevención del contagio. El estudio, realizado con autopsias, se publicó el lunes en la revista científica Nature Neuroscience.

Este coronavirus no solo afecta al aparato respiratorio sino que también tiene efectos sobre el sistema nervioso central con síntomas que van desde la pérdida del olfato y del gusto, el dolor de cabeza, la fatiga y las náuseas. Además, recientes investigaciones confirmaron la presencia de ARN (material genético) del virus en el cerebro y en el líquido cefalorraquídeo, pero seguía sin estar claro por dónde entra el virus y cómo se distribuye en el cerebro.

Para averiguarlo, un equipo del hospital universitario Charité —uno de los más grandes de Europa— liderados por Frank Heppner, realizó la autopsia a 33 pacientes fallecidos por COVID-19.

Los investigadores analizaron el cerebro de 22 hombres y 11 mujeres, y su nasofaringe (parte superior de la garganta detrás de la nariz), un lugar que podría ser un posible primer foco de infección y replicación del COVID-19. En el momento de la muerte, los pacientes tenían una edad media de 71.6 años, y el tiempo transcurrido desde el comienzo de los síntomas hasta la muerte fue una media de 31 días.

Las autopsias encontraron ARN del SARS-CoV-2 y de varias proteínas en el cerebro y la nasofaringe, donde también hallaron partículas del virus intactas. Los niveles más altos de ARN viral se encontraron en la membrana mucosa olfativa, donde están las células nerviosas y reside el sentido del olfato, según el estudio.

La nariz, posible vía de entrada

Los autores también hallaron proteínas S del coronavirus (la que le permite entrar en la célula para infectarla) en ciertos tipos de células de la capa mucosa olfatoria, donde el virus podría aprovechar la proximidad del tejido endotelial y nervioso para entrar en el cerebro.

Asimismo, hallaron evidencia de que las neuronas del olfato podrían estar infectadas, al igual que otras zonas del cerebro que reciben señales olfativas y gustativas. También hallaron SARS-CoV-2 en otras áreas del sistema nervioso, incluida la médula oblonga, el principal centro de control de las funciones respiratorias y cardiovasculares del cerebro.

Sección de una célula en la mucosa olfativa infectada por un gran número de partículas de SARS-CoV-2 (puntos rojos). Foto: Michael Laue/RKI & Carsten Dittmayer/Charité

“Estos datos apoyan la idea de que el SARS-CoV-2 es capaz de utilizar la mucosa olfativa como un puerto de entrada al cerebro”, explicó Heppner. “Una vez dentro de la mucosa olfativa, el virus parece utilizar conexiones neuroanatómicas, como el nervio olfatorio, para llegar al cerebro”.

Por su parte, la coautora Helena Radbruch indicó que, de acuerdo con los datos de su estudio, el virus podría moverse “de una célula nerviosa a otra para ir al cerebro”. “Sin embargo, es probable que el virus también se transporte a través de los vasos sanguíneos, ya que también se encontró evidencia del virus en las paredes de los vasos sanguíneos del cerebro”.

“Es importante destacar, sin embargo, que los pacientes COVID-19 involucrados en este estudio tenían lo que se definiría como enfermedad grave, al pertenecer a ese pequeño grupo de pacientes en los que la enfermedad resulta fatal. Por tanto, no es necesariamente posible transferir los resultados de nuestro estudio a casos con enfermedad leve o moderada”, destacó Heppner.

Los investigadores advierten de que harán falta más autopsias que incluyan una amplia gama de muestras para identificar los mecanismos precisos que median la entrada del virus en el cerebro, y examinar otros posibles puertos de entrada.

Con información de EFE y Charité - Universitätsmedizin Berlin