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Ley y sentido común antes que el dogma, por Augusto Álvarez Rodrich

"Se debe respaldar a Mila para que pueda tener una vida".

larepublica.pe
AAR

Toda institución, dogma o corriente de pensamiento tiene, obviamente, el derecho a desarrollar la prédica de sus ideas, principios y lineamientos, pero hay circunstancias en las que la evidencia de los hechos y la contundencia del sentido común los desmoronan, haciéndoles perder credibilidad incluso entre sus seguidores o fieles regulares, que es lo que está ocurriendo con el drama de la niña Mila.

Un resumen de la tragedia. Una niña de once años de una zona muy pobre de Loreto queda embarazada por el padrastro que la viola sistemáticamente desde que tenía siete años. Los médicos de la localidad se niegan a aplicarle un aborto terapéutico establecido en la ley, quizá por temor a la consecuencia legal, pero la decisión es revertida y el Instituto Nacional Materno Perinatal procede a interrumpir el embarazo.

Es lo que correspondía para, como informó la autoridad médica, “evitar en su salud física y mental un mal grave o permanente”, pero sectores conservadores y religiosos proceden a objetar lo ocurrido con argumentos deleznables y que, en todo caso, podrían ser válidos para usarlos en sus propios asuntos, no en los de terceros.

Jorge Montoya, del sector conservador y relativamente grande del Congreso, toma partido por los niños, pero no por Mila, sino por los que podrían nacer, y le mete el carro al Minsa “dada la importancia de garantizar la protección y el bienestar de los menores de edad en nuestro país”, a la vez de pedir para el violador una pena de muerte que no existe en la ley.

A su vez, la conferencia episcopal emite un comunicado en el que dice orar por Mila, pero solo en los buenos deseos pues, en la práctica, pretende condenarla al rechazar un aborto terapéutico sustentado en la ley y en el sentido común de poder apostar por la recreación de un escenario menos tortuoso para esta niña loretana.

La autoridad religiosa agrega, con pleno uso a su derecho a ejercer ignorancia, que el embarazo de Mila es “un hecho inédito en nuestra patria”. ¿En qué paraíso viven estos sacerdotes que no saben lo que pasa en el país?

El respaldo de todos debe ser para Mila, no para estos sectores que creen que sus ideas están por encima de la ley y, sobre todo, del sentido común.

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