
El Festival de Cine de Río reunió en su programación a 101 películas brasileñas en una coyuntura política que impacta directamente en el sector cultural. En la edición de este año, la cinta A Margem do Rio, dirigida por Enock Carvalho y Matheus Farias, recibió el Trofeo Redentor al mejor largometraje de ficción de Première Brasil y el Premio Félix a la mejor película brasileña.
Además de la expectativa por los estrenos internacionales como Wild Horse Nine o Coward, la conversación se dirigió hacia las políticas culturales y la libertad de creación. Como se sabe, durante el Gobierno de Jair Bolsonaro, el tan celebrado cine brasileño sufrió drásticos recortes.
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“Para mí, la mejor herramienta diplomática —el mejor instrumento para que los países y los gobiernos se comprendan y lleguen a la mesa de negociaciones con una perspectiva diferente— es el cine”, declaró a Variety la directora del Festival de Cine de Río, Ilda Santiago. “Considero que el cine es un arma diplomática poderosa”.
Jair Bolsonaro, actualmente en prisión domiciliaria, llegó a la presidencia unos meses antes de que Bacurau, de Kleber Mendonça Filho y La vida invisible, de Eurídice Gusmão de Karim Aïnouz, ganaran premios en Cannes.
La cinta del nominado al Óscar (en la foto de esta nota vemos las celebraciones por El agente secreto) es un western sobre un pueblo asediado y parecía una respuesta a la extrema derecha. De otro lado, por la película de Aïnouz, llegó a Perú en 2019 la actriz brasileña Carol Duarte, quien dio una entrevista a La República en el Festival de Cine de Lima. La historia nos habla del Brasil de la década de 1950, cuando dos hermanas son separadas: una ‘desterrada’ por ser madre soltera y la otra obligada a casarse. “Eurídice era muy talentosa con el piano y el violín, pero fue oprimida por los hombres de su vida. En cambio, yo pude hacer lo que me encanta, así que el filme habla también del hoy”, comentaba la actriz.
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Estas dos películas pudieron impulsar el cine de Brasil. Quizá, lograr lo que 20 años después del primer gobierno de Lula, lograron Aún estoy aquí (2024) y El agente secreto (2025), con nominaciones históricas a los Óscar. La cinta de Walter Salles le dio la primera estatuilla a Brasil.
Con Bolsonaro, la Agencia Nacional de Cine (ANCINE) y el Fondo del Sector Audiovisual (FSA) tuvieron un recorte de casi 43%, señala la prensa que asistió al festival. Lula volvió a invertir en el sector y en su gobierno se implementó la cuota de pantalla para apoyar la exhibición de las cintas brasileñas en las salas nacionales. Algo que se pide en Perú para promover, sobre todo, el cine independiente.
Según informa de Variety, un estudio de Oxford Economics encargado por la Motion Picture Association “reveló que la industria audiovisual brasileña generó más del 58% de empleos que la industria automotriz, creando más de 600.000 empleos directos e indirectos”.