13 de Mayo de 2016 | 16:49 h

San Cristóbal: la cruz que protege la Lima de todos

Mayo es el mes de las cruces, así que en Rumbos decidimos visitar el mirador del cerro San Cristóbal, el apu sagrado de los primeros pobladores de Lima.

La cruz es acariciada por las sombras del sol. Foto: Jorge Calderón

La cruz es acariciada por las sombras del sol. Foto: Jorge Calderón.

Luis Pérez / Revista Rumbos
 
Desde cualquier punto del corazón de Lima criolla, alegre y jaranera, se le divisa allá en lo alto. Es majestuosa, tiene más de 20 metros de alto y fue 'sembrada' en una cumbre a 400 m.s.n.m. Eso ocurrió en 1927, cuando reemplazó a una deteriorada cruz de hierro forjado. Desde entonces resistió tres terremotos que superaron los ocho grados de magnitud.
 
 
En la cima del cerro San Cristóbal, la cruz que todo lo observa. Foto: Luis Pérez
 
En la cúspide del cerro San Cristóbal, entre los distritos del Rímac y San Juan de Lurigancho, se levantó una monumental cruz de forma diamantada con 48 luminarias incrustadas.
 
La idea fue del sacerdote español fray Francisco Aramburú, quien consideró suplantar la antigua cruz de hierro que se estaba deteriorando por la corrosión.
 
“El padre formó la Junta Restauradora de la Cruz, integrada por grandes personalidades de la época, incluyendo al mismísimo presidente de la República, Augusto B. Leguía. Se organizó una colecta que superó los 27 000 soles”, revela unos de los guías que a diario invita a transeúntes y turistas a viajar en los buses 'urbanitos' que 'trepan' hasta lo alto del mirador capitalino.
 
Es allí donde los incas realizaban ofrendas y rituales a sus dioses por considerar a las cimas de las montañas como medios de transición entre el aka pacha (mundo real) y el hanan pacha (mundo de arriba). Igualmente, como sucedió en otros pueblos del país, los evangelizadores españoles colocaron una cruz, imponiendo su religión.
 
Desde el mirador la vista es impresionante. Foto: Jorge Calderón
 
Pero los 'orejones' no se quedaron de brazos cruzados con la presencia española. Luego de la fundación de la Ciudad de los Reyes, un ejército de casi 25 000 guererros comandados por Manco Inca, ingresaron a Lima con el objetivo de eliminar a los invasores. Su lucha fue infructuosa. El triunfo les fue esquivo, pero al menos lograron destruir el símbolo del cristianismo.
 
Los deseos de Francisco Pizarro por continuar con la evangelización no se detuvieron por ese sacrilegio. Él, de inmediato, ordenó la colocación de una cruz igual a la que los indígenas destruyeron. Ese mismo día, el conquistador bautizó al cerro como San Cristóbal, porque esa fecha se recordaba la festividad del santo protector de los caminantes y viajeros.
 
Junto a la cruz se levantó una pequeña capilla, pero el terremoto de 1746 las echó abajo. A pesar de eso, una tercera cruz de hierro se erigió.
 
“Lamentablemente las condiciones climáticas de tantos siglos hicieron que esta se deteriore. Frente a eso, el padre Aramburú deseó que se haga esta última, luego de soñar que una enorme cruz iluminaba Lima”, cuenta el guía.
 
El sueño del religioso se hizo realidad el 23 de diciembre de 1928. Un año más tarde, fray Francisco organizó la primera peregrinación a la cruz del cerro San Cristóbal. Un acontecimiento que se repite año tras años cada primer domingo de mayo en la Lima de todos.
 

En Rumbo

Dónde: Primera parada: Plaza Mayor del Centro Histórico de Lima. Luego ubique a los urbanitos que los llevarán hasta el mirador del Cerro San Cristóbal
 
Costo: S/. 5 

Síguenos en Facebook