“Podríamos decir que el pecado se perdona; la corrupción, sin embargo, no puede ser perdonada. Sencillamente porque en la base de toda actitud corrupta hay un cansancio de trascendencia: frente al Dios que no se cansa de perdonar, el corrupto se erige como suficiente en la expresión de su salud: se cansa de pedir perdón” Richard Arce Cáceres Congresista del Frente Amplio Contrario a las enseñanzas de la Iglesia y del Papa Francisco, el ex -sacerdote y católico militante, congresista Marco Arana, se muestra sospechosamente permisivo con el pecado de la corrupción, no sólo en el reciente affaire sobre la Comisión LAVA JATO-ODEBRECHT, al avalar el voto unánime al fujimorista Víctor Albrecht, cuestionado por sus denuncias y sus relaciones nada santas con Alex Kouri, y por imponer autoritariamente al congresista Jorge Castro como representante del Frente Amplio. Ahora todos saben que el representante del Frente Amplio en esa Comisión debió ser el congresista Alberto Quintanilla, al ser un acuerdo adoptado por la bancada. Acuerdo que fue desconocido por Arana, quien impuso a Jorge Castro, quien negoció con el fujimorismo la vice-presidencia de esa Comisión, buscando protagonismos personales, en desmedro de la delegatura que tiene el FA, de enarbolar la bandera en la lucha frontal contra la corrupción. Castro, quien tiene cuestionamientos en su comportamiento pasado, aprovecha la tribuna, no para denunciar los actos ignominiosos de la clase política involucrados en este escándalo de corrupción brasileña, sino para insultar a sus colegas congresistas de bancada, mostrando una imagen distorsionada de la posición contra la corrupción que tenemos la mayoría de congresistas de la bancada frenteamplista, por lo que me veo en la obligación de escribir estas líneas, para diferenciarnos y marcar una posición responsable frente a la mega corrupción de LAVA JATO. Lamentablemente desde que asumió el cargo, Marco Arana está procediendo con arrogancia, hipocresía permanente, doble discurso, zigzagueante proceder político y violación de acuerdos previos de convivencia mínima al interior de la bancada del Frente Amplio y sorprendentemente servil a los intereses del fujimorismo cuando le conviene, cuando se trata de imponer a unos de sus esbirros en la vicepresidencia de la Comisión LAVAJATO; pero en otra situación, se rasga las vestiduras, negándose a firmar un proyecto que promueve el desarrollo de mi región Apurímac, solo por ser de autoría fujimorista. Le recuerdo que él es el vocero de la Bancada del FA, elegido por un voto de diferencia con Manuel Dammert y debería representar el consenso del grupo parlamentario. Pretender imponer sus caprichos personales (como en la reunión con PPK, en la participación en el Acuerdo Nacional, sin consultar) muestra su falta de liderazgo y evidencia su aversión a los principios democráticos que tanto hemos criticado en la clase política tradicional. Pero el tema de fondo que motiva esta columna es el que se refiere a la Comisión LAVA JATO para investigar los delitos de corrupción de Odebrecht y otras empresas brasileras en nuestro país. Este constituye el caso de corrupción más grande en la historia del país – y de América Latina – en el que están involucrados los ex - presidentes Alberto Fujimori, Alan García, Alejandro Toledo, Ollanta Humala y hasta podría “salpicar” al actual presidente Kuczynski (fue ministro cuando se firmaron varios contratos), además de Susana Villarán y el actual alcalde Castañeda, otras varias decenas de empresarios peruanos – Graña y Montero, JJ Camet, etc.) y políticos de diversas bancadas. Por ello, esta Comisión debe ser presidida por congresistas que estén “libres de toda sospecha”, con la suficiente libertad de acción e independencia para destapar la mega corrupción; retomando las investigaciones realizadas por la Comisión Pari, estableciendo estrategias de investigación colaborativa con EE UU, Suiza y Brasil; exigiendo prisión preventiva a los involucrados con las primeras pesquisas que involucran a Josef Maiman y Alejandro Toledo; exigiendo que se traben embargos cautelares a los involucrados, ya sean personas naturales o jurídicas y sobre todo vigilar estos acuerdos previos de negociación con Odebrecht, porque el adelanto de los 30 millones de soles no representa casi nada del perjuicio económico ocasionado al país. Son estos temas que debería poner en la palestra un congresista que representa a la izquierda, por esos más de tres millones de votos que el país ha confiado en estas elecciones y más aún por la responsabilidad histórica que tenemos al frente. Guardar silencio en estas circunstancias significaría ser cómplice con los mafiosos que tanto daño causan al país con la corrupción y la importancia que tiene el destape de LAVA JATO en este contexto.