Aislamiento social de la política

“No hay ni habrá espacio para la política fuera del Covid-19”.

Augusto Álvarez Rodrich.
22 Mar 2020 | 6:37 h

Una víctima de un mundo asustado por la amenaza de tropas de virus que traspasan fronteras con más eficacia y rapidez que la de cualquier estado invasor es la política.

En el Perú se ve en la eliminación de la sección en varios diarios y noticieros, mientras que los que insisten en darle algo de espacio lo hacen pequeñito y con cada vez menos sentido, pues la política estará erradicada por el tiempo que dure eliminar la amenaza Covid-19.

En muchos sitios se pospusieron elecciones y torneos. El coronavirus liquidó a la política, el fútbol o la farándula, más allá de noticias de infectados ‘célebres’ en cada ámbito, como Tom Hanks en el cine, el argentino Paulo Dybala de la Juve, o Rafael Rey quien, irónicamente, participó en un programa de TV de la troika DBA donde se criticó al presidente Martín Vizcarra por las medidas contra el contagio y le desearon, a él y a su gabinete, el Covid-19.

La política está en modo hibernación. El Congreso se instaló en una ceremonia ‘privada’ pero no tanto como para tener la distancia básica, dando un pésimo ejemplo; aprobó una ley clave para poder modificar leyes electorales hasta octubre; y trata de pasar algunos contrabandos como cambiar (a su manera) la elección del TC y otras absurdas sobre intereses bancarios.

Pero nadie espera hoy nada del congreso, pues la gente solo tiene ojos y oídos para evitar el coronavirus, y hasta suena ridículo el anuncio de que los congresistas irán a sus regiones. ¿A qué van? ¿A contagiar a ciudadanos?

A su vez, los procesos lavajato están parados, salvo para los que, como Alejandro Toledo, aprovechan el virus para salir de la cárcel o escapar.

Quedan algunos políticos desesperados por robar cámara, como algunos fujimoristas que usan las redes para criticar a empresas que informan a sus clientes sobre cómo pagar los servicios públicos por internet, o diciendo que al nuevo ministro de salud lo ponen para repartir píldoras del día siguiente. O alcaldes como el de La Molina, con más ganas de notoriedad que seso.

El susto por el coronavirus ha desaparecido a la política y a los políticos, y muchos quedan en el ridículo cuando critican, pues, para bien o para mal, hoy todos esperan respuestas solo del gobierno del presidente Vizcarra.