Miguel Cabrejos: “Deben escuchar el grito de la población para discernir qué es lo mejor para el Perú”

Monseñor Miguel Cabrejos. Arzobispo de Trujillo, presidente de la Conferencia Episcopal Peruana y de la Conferencia Episcopal Latinoamericana.

La República
25 08 2019 | 04:53h

Por: María Elena Castillo Hijar

El presidente Vizcarra acaba de reunirse con los obispos en medio de una crisis política que no parece tener cuando acabar. No sé si eso es común…

Por aquí han pasado la mayoría de los presidentes de la República. Es la segunda vez que viene el presidente Vizcarra. Ha sido un diálogo fraterno, humano, hizo el enfoque de la realidad del país; nosotros escuchamos y como siempre hemos dicho que en la relación Iglesia-Estado nos une un objetivo, que es la persona humana, el bien común. La Iglesia siempre ha apostado por la democracia y la defensa del Estado de derecho y la institucionalidad, pero básicamente lo que nos une es el bien de la persona humana, del Perú.

En ese marco dialogaron...

Sí. El Episcopado ha estado en pleno. Yo le decía “aquí tiene a todo el Perú”, desde el punto de vista eclesial porque estaban los obispos de todas las jurisdicciones y, de alguna manera, la Iglesia es una caja de resonancia de todo lo que sucede en el país.

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¿Tocaron la crisis política?

También. Los obispos queremos sacar un comunicado, pues frente a la crisis política y social, y sus efectos en la sociedad y en la economía, urge tomar un camino de diálogo, fundado en los principios de unidad, paz, solidaridad, justicia, por ser las bases sólidas de una sociedad que mira al futuro y se esfuerza por construir el bien común.

Ese llamado es para todos, incluyendo al Congreso, ¿no?

Para todos. Para el ciudadano, el Ejecutivo, el Legislativo, las clases políticas. Este es un llamado absolutamente a todos porque somos un país de todas las sangres, como dice la famosa frase, somos un país multiétnico y pluricultural. Todos somos peruanos y nos toca trabajar por una vida digna, sobre la base de la interculturalidad, para que haya una integración social desde la realidad de nuestra inmensa, variada y rica geografía.

... que también genera conflictos…

Es una variada, rica e inmensa geografía cuyas riquezas debemos saber administrar priorizando las necesidades de los más débiles y marginados. A pesar de esta crisis, hay una perspectiva llena de esperanza, que apuesta por los procesos de integración y construcción de la identidad peruana. Y hay un elemento quizás nuevo en la reflexión que hacemos, y es que con frecuencia aparece como problema la relación entre la seguridad jurídica y económica, requerida por las grandes inversiones, como la minería, por decir un caso, pero también las demandas ambientales que priorizan la agricultura y la seguridad de las poblaciones vulnerables.

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Como el caso Tía María…

Sí. Aquí están los dos elementos. Frente a esto, señalamos que urge encontrar nuevos puntos de equilibrio que tengan como objetivo el bien de todos. El Estado, las empresas y las organizaciones sociales deben llegar a acuerdos concretos mediante el diálogo justo y sin violencia de ningún tipo, que no conduce a nada.

No es fácil. Usted vio el conflicto por Las Bambas, pese a que tenía licencia social…

Sí, pero allí hay un matiz. Los comuneros de Fuerabamba estaban satisfechos con la empresa minera inicial, se le levanta cuando llega la segunda empresa que rompe todos los esquemas. El tema es que el Estado debe garantizar que se cumplan los parámetros adecuados y la responsabilidad social. Perú tiene una inmensa riqueza pero debe haber parámetros equilibrados, correctos, justos.

¿Cómo convencer a Islay que acepten Tía María, si Southern ni el Estado cumplen?

Ese es el punto. En Fuerabamba juntamos a los comuneros, a los responsables de la mina y al Gobierno. Este diálogo de a tres es importante, y sí es posible. En Fuerabamba se establecieron 9 mesas de trabajo; no han resuelto todo, pero están avanzando. Ese es el camino de diálogo auténtico, pero ahora se ha sumado una crisis política.

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¿Cómo llevar este entendimiento al campo político, en el que atravesamos una crisis?

Le preguntamos a las autoridades y a la población: si por un lado afirmamos que amamos a nuestra patria, nos interesa la vida y el futuro de los ciudadanos, ¿seremos capaces de dar muestras de desprendimiento político, social y económico a fin de transitar o hacer el camino hacia el desarrollo integral?

Es una pregunta para el Congreso, o el fujimorismo…

Es para todos, para todos los partidos, para el Congreso, para el Ejecutivo. La segunda pregunta es ¿queremos contribuir al buen entendimiento de los poderes del Estado, la clase política y la sociedad civil, de modo que prime la ética en la política? Esta es una invitación a “saber renunciar a mi posición, a mi punto de vista” por el bien común, por la identidad peruana, por el progreso del país.

¿Ve perspectivas en la reunión entre el presidente Vizcarra y el titular del Congreso por el adelanto de elecciones?

Hay que saludar este deseo de encontrarse, pero no basta con eso, sino debe existir la capacidad de renunciar por el bien del Perú.

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¿Qué implica eso: que se adelanten o no las elecciones?

No le puedo dar la receta porque no nos corresponde. Pero deberían sentarse y decir qué es lo mejor para el Perú, preguntarse “¿debo renunciar yo o el otro?”. Están para servir al país y por eso deben buscar lo que el Perú necesita. Ese es el punto fundamental.

El 70% de peruanos quiere adelantar las elecciones…

Eso es clarísimo. Antes de responderle a eso, hacemos un llamado a la responsabilidad y solidaridad de todos los actores y sectores en estos momentos cruciales que vive el país. Como ha dicho el papa Benedicto, la Iglesia no puede quedarse al margen de la lucha por la justicia. Por eso nos pronunciamos. Las autoridades, los partidos, deben escuchar el grito de los pobres, de la población, y con esto no estoy inclinando la balanza, digo que se debe escuchar para discernir qué es lo mejor para el Perú.

¿La reunión entre Vizcarra y Olaechea puede ser el inicio?

Debería serlo, pero no basta el encuentro, sino discernir lo que es lo mejor del Perú y actuar. En esta tarea estamos todos: Legislativo, Ejecutivo, sociedad civil y la Iglesia.