Marx y el capitalismo informacional

La crisis del capitalismo industrial detonó la crisis de la sociedad industrial de masas, de las organizaciones, los partidos y la política de masas y del horizonte de la revolución como epopeya de las masas proletarias.

La crisis del capitalismo industrial detonó la crisis de la sociedad industrial de masas, de las organizaciones, los partidos y la política de masas y del horizonte de la revolución como epopeya de las masas proletarias.

La vida de Karl Marx (1918-1883) trascurrió en medio del despliegue de la revolución industrial inglesa. Su crítica del sistema capitalista, la que mayores consecuencias ha tenido en la historia, debe ser situada históricamente en el horizonte de una fase particular del desarrollo del capitalismo: la fase industrial. No era un profeta revelando verdades divinas sino un estudioso que buscaba en la investigación de la realidad concreta las claves para comprender las tendencias fundamentales del desarrollo del sistema.

Hasta Marx, el capitalismo pasó por dos fases históricas diferenciadas: 1) la fase mercantil, de una acumulación originaria que se inició en el siglo XVI con los descubrimientos geográficos, el saqueo colonial y la unificación del mundo; y 2) una fase capitalista industrial que se inició a fines del siglo XVIII y entró en crisis a fines del siglo XX. El horizonte histórico de Marx corresponde al capitalismo industrial. Las propuestas políticas de Marx respondían a lo que eran las condiciones sociales imperantes de esa fase histórica particular, pero éstas han dejado de tener vigencia en la nueva fase que está actualmente en despliegue y que Marx no pudo prever: el capitalismo informacional. 

A fines del siglo XX comenzaron a manifestarse signos de que el capitalismo industrial se agotaba y entraba en una crisis terminal. Lo que nos interesa aquí es que la crisis general de la organización industrial del trabajo provocó una profunda crisis social y política que cambió completamente el panorama de las luchas sociales en el mundo.

La crisis del capitalismo industrial detonó la crisis de la sociedad industrial de masas, de las organizaciones, los partidos y la política de masas y del horizonte de la revolución como epopeya de las masas proletarias. A medida que avanzaba el tiempo las grandes movilizaciones populares fueron cediendo crecientemente el paso a los espectáculos televisivos y los partidos políticos fueron perdiendo importancia mientras crecía el poder de los medios de comunicación. A nivel planetario se vive hoy la decadencia de los partidos proletarios, la migración de amplios sectores de la clase obrera a posiciones conservadoras y a una involución política en los países desarrollados marcada por el éxito del populismo conservador, al estilo de Sarkozy en Francia, Berlusconi en Italia o Trump en los Estados Unidos.

Para Marx, la victoria de la revolución provocaría no sólo la desaparición de la burguesía sino la del proletariado –su par antagónico- y así el fin de la sociedad dividida en clases sociales enfrentadas. A la caída del capitalismo le sucedería la sociedad sin clases, el comunismo y el fin de la explotación del hombre por el hombre. Como sabemos, su predicción no se realizó; vivimos no el fin del capitalismo sino su transición a una nueva fase: el capitalismo informacional.

Las propuestas políticas de Marx se agotaron junto con la sociedad industrial a la que pertenecen. La consigna de expropiación de los medios de producción para acabar con la explotación del hombre por el hombre, por ejemplo, tiene poco sentido en las condiciones de capitalismo informacional. Durante la fase industrial la riqueza era tangible y las empresas más importantes del mundo se concentraban en dos ramas fundamentales: la industria del petróleo  y la industria automotriz.

Pero, de acuerdo a la información producida por Forbes, para el año 2017, entre las 20 empresas más importantes del mundo, según su valor de mercado, no hay ni una automotriz. En la rama del petróleo recién en el 7° puesto figura la Exxon Mobil, seguida a bastante distancia  por la Royal Dutch Shell, en el puesto 19°. Y mientras se esfumaba el poder de las empresas industriales la hegemonía de las empresas información, cuyo valor está formado de intangibles, no expropiables, era absoluta: los cuatro primeros puestos entre las empresas más poderosas del mundo son ocupados hoy por compañías impulsoras del capitalismo informacional: Apple, Alphabet (Google), Microsoft y Amazon.com. El quinto puesto lo ocupa Berkshire Hathaway, financiera del multimillonario Warren Buffett, y el sexto, en un virtual empate con la anterior, Facebook. Sólo a partir del séptimo puesto aparecen empresas tradicionales: Exxon Mobil, Johnson & Johnson, J.P. Morgan Chase, etc.

El proletariado industrial clásico vive también una profunda involución. Para el 2016, el sector primario ocupaba el 1.3% de la PEA en los EEUU, el sector secundario (manufactura e industria) apenas el 17.5% y el sector terciario, cuyo corazón es la economía de la información, un contundente 81.2%. El proletariado, que hacia 1957 constituía la mitad de la PEA, representa ahora apenas algo más que la sexta parte, mientras que más de las cuatro quintas partes de la fuerza de trabajo total labora en el sector servicios. Se trata de un escenario completamente nuevo que requiere respuestas igualmente novedosas.
 

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