
El papelón del Fujimorismo en la Comisión de Constitución del Senado debe alertarnos sobre sus verdaderas pretensiones. Es tentador estacionarnos en la burla en torno a su incapacidad para sumar votos. Ver a Carlos Mesía invocando artículos del reglamento para volver a votar una cuestión previa que acaba de perder, por desprolijos y ociosos, resulta hasta cierto punto cómico. Pero nos estamos jugando materias muy peligrosas para el país, que quieren delegar a como dé lugar a la señora Fujimori.
La desconexión de Aguinaga – en teoría asistente virtual de la comisión – permitió postergar la imposición de la votación de un dictamen que, a todas luces, desnaturaliza la propuesta enviada desde la Cámara de Diputados.
En esta columna he alertado ya cuáles son los puntos que fueron excluidos por la cámara baja en la materia de Seguridad. Uno de ellos, el más grave, tiene que ver con otorgar capacidades operativas a la Dirección Nacional de Inteligencia (DINI). El dictamen de la Comisión de Constitución, que ayer prepotentemente quiso aprobar Carlos Mesía, incluye este punto entre las competencias a ser delegadas pese a que fue expresamente excluido por la Cámara de Diputados.
Esta semana hemos visto a diversos representantes del régimen gde K. Fujimori declarar en distintos medios de comunicación señalando la “urgencia” de aprobar este punto para poder hacer frente a la criminalidad. Nada más alejado de la verdad y paso a explicarles por qué.
En 1991, el entonces congreso bicameral le delegó competencia a Fujimori papá para hacer frente al terrorismo. En el marco de esta delegación se dictó el DL 746, que reestructuró integralmente el Servicio de Inteligencia Nacional. Dotándole de poder centralizador – no solo coordinador – de las inteligencias sectoriales, de la policía y de las Fuerzas Armadas, le dio mando sobre ellas y además le otorgó capacidad operativa propia, es decir el SIN podría llevar a cabo sus propios operativos de inteligencia.
La ilusión que se vendió es que se diseñó un todopoderoso SIN para enfrentar al terrorismo. Pero años después quedó totalmente probada la falacia y se puso en evidencia cómo operaba realmente el SIN, para buscar puntos débiles de adversarios políticos, para chantajearlos y/o comprarlos, así como preparar operativos sicosociales para distraer la opinión pública. Fue otra inteligencia, una sectorial y maltrecha, la de la policía, la que dio con el paradero de los principales cabecillas terroristas, incluido Abimael Guzmán. Fue el GEIN, no el SIN, quien puso su capacidad al servicio de la pacificación y la derrota de Sendero. El SIN puso sus recursos y maquinaria de chuponeo al servicio del exdictador para silenciar a sus críticos, acallar las críticas al régimen y conseguir topos y tránsfugas en el parlamento.
El poder de Montesinos provenía del SIN. Como si su poder reviviera y sus consejos fueran escuchados por nuestra gobernante, el Fujimorismo está dispuesto a romper con el reglamento del poder legislativo y ampliar competencias delegadas por la Cámara de Diputados, pese a que está explícitamente prohibido, con tal de transformar la actual DINI en el viejo SIN.
Hacer frente al crimen organizado requiere fortalecer la inteligencia de la policía. Hacer frente a las bandas transfronterizas requiere fortalecer la inteligencia militar. Pero no se resuelve dándole capacidad operativa a la DINI. La DINI tiene una función política, está destinada a servir – haciendo análisis de la información generada por las inteligencias sectoriales y ayudando a su coordinación – en la toma de decisiones de órganos políticos, como el Consejo de Ministros y especialmente al premier. Darle capacidad operativa, es decir poder para que maneje sus propios equipos de interceptación telefónica y escucha, defina personas a ser escudriñadas, tenga personal encubierto para hacer seguimiento, responderá exclusivamente a intereses políticos de turno y ya sabemos en qué termina eso.
El pez por la boca muere, decía mi abuela y tenía razón. Ayer la legisladora Moyano nos regaló un momento de sinceridad. Ante el desconcierto del Fujimorismo por el mal manejo de la comisión y la reacción coordinada – sorprendentemente – de las cuatro bancadas de oposición que los dejaron sin cuórum, la senadora salió y confesó lo que realmente piensa: ser autoritario no es tan malo.
Saben perfectamente que ampliar competencias es diferente a modificarlas. Es decir, si la cámara baja aprobó por ejemplo el control de armas, el Senado puede precisar que este control de armas se haga de manera que no afecte a coleccionistas registrados oficialmente. Eso sería hacer una precisión o modificación de una competencia ya otorgada por los diputados. Pero incorporar en el listado “dotar de capacidad operativa a la DINI” no es una modificación sino una desnaturalización, pues en el debate de la cámara baja ese punto fue explícitamente excluido. Pero pese a eso pretendían y pretenden aprobar el dictamen ampliatorio.
Lo hacen además como si estuvieran seguros de que en el pleno de la Cámara de Senadores tendrán los votos suficientes. Como me pregunté en la columna pasada, ¿qué hará Renovación Popular? Si la oposición se mantiene firme y no permite la ampliación de competencias, solo RP podría abrir las puertas para que el Fujimorismo, con el poder del voto dirimente que tiene el presidente del Senado, logre su cometido. Si lo hace, habrá clavado un puñal a sus pares en la cámara baja y bloqueado la posibilidad de un juego legislativo democrático a dos meses de retomada la bicameralidad.

Los riesgos de esta medida, que recuerda prácticas del viejo SIN, se centran en la posibilidad de controlar operativos de inteligencia, desviando la función política que debe tener la DINI.

"Si finalmente son escorpiones, las bancadas de oposición de la Cámara de Diputados sabrán que no se puede dar luz verde al Senado y con eso terminarán por ahogar la producción parlamentaria"

Recientes casos de violaciones, como el del Liceo Naval, revelan el alarmante estado de las instituciones educativas ante situaciones de abuso. La falta de acción efectiva lleva a normalizar estas atrocidades en la sociedad.

La oposición, mayoritaria en la Cámara de Diputados, enfrenta el desafío de actuar con firmeza frente a una propuesta que podría despojarlas del poder obtenido en las urnas.

El fujimorismo, tras años de obstruccionismo, es parte del problema nacional actual.