Pedro Salinas

Pedro Salinas

El ojo de mordor
Periodista y escritor. Ha conducido y dirigido diversos programas de radio y tv. Es autor de una decena de libros, entre los que destaca Mitad monjes, mitad soldados (Planeta, 2015), en coautoría con Paola Ugaz. Columna semanal en La República, y una videocolumna diaria en el portal La Mula. En Twitter se hace llamar @chapatucombi.

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Si pierdo, es fraude

“Lo único que está haciendo el fujimorismo con su insufrible berrinche es prolongar el clima de crispamiento, que ha sacado lo peor de mucha gente que parecía civilizada”.

Juan Diego Quesada, de El País, recuerda el domingo último en la entrevista que le hizo a Keiko Fujimori en su departamento que, apenas dos semanas antes de la segunda vuelta, dijo: “Sea cual sea el resultado, respetaré la voluntad popular”.

El mismo día de los comicios, en la noche, luego del “flash electoral”, en el que descollaba por décimas en un empate estadístico, con un margen de error de tres por ciento, ya sea para arriba o para abajo, Fujimori llamó a la “cautela y a la prudencia”, y a esperar con calma el conteo final de la ONPE.

Hasta que restalló, a las diez de la noche, el conteo rápido de IPSOS, cuyo margen de error se reducía a uno por ciento, donde ganaba su rival, Pedro Castillo, por una nariz. Ahí se acabó aquello de la “voluntad popular”, y se desdibujó su sonrisa triunfante. Ahí comenzó a deslizar la picona frase del “fraude sistemático”.

Con todo derecho, presentó una serie de recursos ante las instituciones correspondientes. Afirma que le han hecho “fraude en mesa”. E insiste en anular doscientos mil votos de las zonas más empobrecidas del país, donde Castillo arrasó.

El fraude no se ha probado. Ni documentado. Y ha sido recusado por los propios jurados electorales especiales, por las misiones de observadores, por la OEA, por la Defensoría del Pueblo, y en ese plan.

No solo eso. IPSOS acaba de presentar al Instituto ProDemocracia un contundente informe en el que concluye que los “casos atípicos” (llámense irregularidades, moderadas o extremas) han sido poquísimos en términos estadísticos. Que no se ha logrado identificar un patrón, un sistema, o una concentración de anomalías en ninguna región en particular. Y que incluso si se eliminasen todos los casos atípicos, la variación en los resultados no se alteraría un ápice. Y el orden sería el mismo: primero Castillo y luego, Fujimori.

En síntesis. Según IPSOS, no se puede comprobar ni descartar que se hayan manipulado algunas actas. Sin embargo, no hay evidencia de una concentración atípica de casos. Ni en determinadas zonas geográficas ni para un candidato en particular.

Es verdad que IPSOS no es el Jurado Nacional de Elecciones, ente que tiene la palabra final en este caso. Pero su veredicto es categórico: el 95,39% de las actas “está dentro de los valores normales”.

Más todavía. Alfredo Torres, de IPSOS, le dijo al periodista de El País: “En la base de datos no hemos encontrado indicios de fraude sistemático”. Así de claro. Así de simple. Así de decisivo.

En consecuencia, lo único que está haciendo el fujimorismo con su insufrible berrinche es prolongar el clima de crispamiento, que ha sacado lo peor de mucha gente que parecía civilizada.