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La tentación totalitaria

Un comunicado de la ADOGEN busca darles un rol deliberante a las FF. AA. en este proceso electoral.

Cuando las personas o los grupos comienzan a sentirse elegidos o predestinados para una acción en favor de una idea o una propuesta, e invocan el bien común o la salvación colectiva para justificar el tono imperativo con el que plantean sus premisas, nos queda preguntarnos si estamos cediendo como país a la tentación totalitaria, que no es otra cosa que renunciar a la convivencia democrática y deslizarnos hacia la dictadura del yo creo, yo decido, tú no sabes.

Ese es el sentimiento que provoca la lectura de un comunicado de los altos mandos castrenses en situación de retiro agrupados en la ADOGEN, en el que plantean que estamos poco menos que al borde de una revolución, que hay que tomar medidas para impedirlo y que las Fuerzas Armadas deben participar en la próxima elección, recibiendo por ello copia de las actas de sufragio.

El papel deliberante de las FF. AA. nos lleva a recordar un período lamentable para el país, en el que la dictadura utilizó a los miembros de las instituciones castrenses para pintar cerros, repartir almanaques, y otras tareas más inconfesables, asociadas a la corrupción y a la violación de los derechos humanos. Desapariciones, asesinatos, compras de material bélico malogrado y una sucesión de denuncias que incluso han originado procesos judiciales y sentencias que aún están cumpliéndose.

Por ello, las propias FF. AA. debieron afrontar un enjuiciamiento ciudadano que puso en el tapete la necesidad de firmar actas de sujeción, acatar disposiciones para la creación de un grupo paramilitar como el Grupo Colina, y directamente operar en el escenario político a favor de un dictador, corrupto y promotor de crímenes de lesa humanidad.

La vida política en democracia es una batalla de ideas, una constante confrontación de puntos de vista, una secuencia interminable de mayorías y minorías que se van generando por determinadas coyunturas, elecciones y el ejercicio pleno de la libertad de expresión y libertad de prensa y opinión. Los últimos 20 años hemos sido testigos de una sucesión de gobiernos democráticos que con sus bemoles han respetado los recambios y han garantizado que los procesos electorales sean eso, el ejercicio libre de elegir a quien queramos. Solo en países totalitarios, la discusión se acalla, se anula la posibilidad de elegir, se coacta la libertad y la paz de los cementerios silencia la voz de los disidentes.