Mirko Lauer

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Nos invaden

“Lo que parece claro es que las fronteras nacionales se están volviendo más porosas con cada día que pasa”.

La versión sobre cientos de haitianos que acaban de entrar al Perú a la fuerza por Madre de Dios, imponiéndose a las fuerzas del orden peruana, mueve a cierta perplejidad. En la versión que he recogido, este grupo de personas habría cruzado todo Brasil con el designio de luego cruzar todo Perú, y así llegar a Ecuador o los EEUU. ¿No era más fácil hacerlo desde Haití? ¿Qué hacen en Brasil?

Algo hacen, pues en el 2016 se registraba a más de 50,000 haitianos viviendo en la provincia de Acre, frontera con Perú. En el 2015 unos 15,000 ya habían entrado al Perú. No está claro si una mayoría de ellos logró usarnos como corredor de tránsito a mejores países, o si casi todos los inmigrados permanecieron en la movida economía de Madre de Dios.

La versión es que el terremoto del 2010 en Haití precipitó un movimiento migratorio que todavía no termina. Cada tanto han ido llegando versiones de haitianos varados y/o maltratados en diversos países. Quizás Brasil les resulte atractivo por una idea de afinidad étnica, pero quizás sobre el terreno la cosa cambia.

Los pormenores de esta historia se conocerán pronto. Lo que parece claro es que las fronteras nacionales se están volviendo más porosas con cada día que pasa. Los soldados de la zona de Iñambari no dieron abasto para frenar la caravana de haitianos. Hace poco hubo que enviar armas a la frontera con Ecuador para bloquear el ingreso de más fugitivos venezolanos, sobre todo en tiempos de pandemia.

Como si no hubiera suficientes tareas en el tema de la seguridad interna, las fronteras están cada vez más necesitadas de patrullaje efectivo. No solo por el éxodo de Venezuela, que sigue fuerte. Ahora también por una crisis económica que se expande por toda la región. Las fronteras descuidadas no van a lograr detener las fugas de la miseria.

Nuestras fronteras en el sur son particularmente vulnerables, pues están trenzadas con resistentes redes comerciales. La minería ilegal de Madre de Dios y el contrabando de las famosas culebras desde Puno hasta Tacna son dos de los varios poderosos imanes que hacen de esas zonas versiones del lejano oeste, con la misma violencia.