Marisa Glave

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Poder constituyente

“Y este momento constituyente puede inspirar a otros, incluidos peruanos y peruanas que hemos sentido –y de manera muy cruda– el peso de la precariedad en medio de esta pandemia”.

El pueblo chileno nos ha dado una hermosa lección de dignidad y conciencia crítica. Desde las calles y sin tregua dijeron basta de legitimar la desigualdad. Basta de decir que la exuberante riqueza de algunos pocos era una expresión de meritocracia, negando la base de privilegios que permite esa acumulación. Basta de educación y salud mediocre, transporte mediocre, vivienda mediocre para las clases medias y bajas.

Basta de negar que hay un círculo vicioso que reproduce esa desigualdad.

Y el símbolo –para muchos la causante– de este espejismo cínico, que ocultaba las hondas diferencias sociales, era la Constitución. Nacida del golpe de Estado de Pinochet contra el gobierno democráticamente electo de Salvador Allende, se mantuvo tras la transición y ha sido el eje de las políticas chilenas hasta hoy. El pueblo chileno, el domingo pasado, llevó este grito a las urnas: ¡basta!

Se vive un momento constituyente, un momento de creación colectiva, de construcción de un nuevo consenso. Aún hay muchas dudas. Algunas sobre la forma que tendrá la Convención encargada de la redacción de la nueva carta constitucional. ¿Cuántos curules serán reservados para pueblos indígenas? ¿Cómo serán electos? ¿Qué tipo de relación se entablará entre las y los representantes de la “ciudadanía” con las y los militantes de los partidos? Lo único que queda claro es que la Convención será paritaria. Esta será la primera constitución en el mundo que se escriba, mano a mano, entre mujeres y hombres en igualdad.

Otras dudas son más programáticas. ¿Mantendrán el modelo presidencialista? ¿Habrá un estatus especial para pueblos originarios como el Mapuche? ¿Eliminarán el rol subsidiario del Estado? ¿Garantizarán educación y seguridad social universal? ¿Gratuita? ¿Incluirán principios de justicia fiscal? No lo sabemos aún. No será fácil agregar todas las expectativas que se han generado en este tiempo. No todas son compatibles. Tendrán que hilar fino y aprender a ceder en algunos puntos para conseguir el consenso necesario. Pero esas dudas no le quitan un gramo de esperanza al tiempo que se abrió.

Y este momento constituyente del país vecino puede inspirar a otros, incluidos peruanos y peruanas que hemos sentido –y de manera muy cruda– el peso de la precariedad en medio de esta pandemia. Eso lo saben quienes defienden ciegamente la Constitución de Fujimori, nacida también de un golpe de Estado, y que también soporta un modelo generador de desigualdad y que ata las manos del Estado. No logran ocultar su angustia.

No somos Chile, eso es verdad. Tenemos nuestra propia historia. Nuestros propios fantasmas. Pero resulta emocionante cuando un pueblo hermano se organiza y logra su derecho a construir un futuro mejor.