Marisa Glave

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Tres lecciones y una esperanza

“Personas e instituciones reproducimos patrones de discriminación de género todos los días, la mayoría de las veces sin pretender hacer daño...”.

Esta semana hemos recibido tres lecciones muy claras de cómo debemos comportarnos, a qué debemos aspirar y en qué representaciones podemos estar o no las mujeres. Sí, nosotras.

Si eres de quienes piensan que no existe una brecha de género, que el mundo es justo y nosotras buscamos cualquier razón para quejarnos, quizá la columna de hoy te ayude a entender por qué no es así.

El presidente del Congreso, Manuel Merino, en medio de una conferencia de prensa en la que explicaba la tensa relación entre el Ejecutivo y el Legislativo, decidió usar como analogía de esta relación la del noviazgo. Explica que empieza a funcionar porque “ya la novia está haciendo caso al novio”. Lección para el buen comportamiento de las mujeres, que deben hacer caso al hombre, pues solo así, cuando ellas se someten –hacen caso a la voluntad de otro– un noviazgo funciona.

El diario Gestión, al ilustrar una encuesta sobre habilidades requeridas en el mundo empresarial, coloca al lado de los gráficos a personas –blancas, pero esa será materia de otra columna– que pretenden representar esas habilidades. Los gráficos asociados a directores, jefes o gerentes van con hombres al lado; los de asistentes van con mujeres. Esta lección sobre roles de género en la economía ratifica el techo de cristal que tenemos las mujeres en el mundo empresarial. Fortalece la idea, duramente instalada, que nosotras acompañamos a los gestores o directores; los asistimos. Somos compañeras esenciales, abnegadas y fieles, pero no lideresas.

La tercera lección la dio la cuenta de La Blanquirroja, llamando a la hinchada peruana a alentar a nuestra selección. El video, lleno de escenas en estadios y en la calle, tenía como únicos protagonistas a hombres. La periodista Campos lo remarcó en Twitter y le llovieron críticas; cómo se atrevía a decir algo cuando solo había que alentar, no importa si nosotras no estamos representadas, están ellos.

Probablemente estas lecciones fueron inconscientes. Personas e instituciones reproducimos patrones de discriminación de género todos los días, la mayoría de las veces sin pretender hacer daño. Por eso el patriarcado, el machismo, es tan poderoso.

Justamente esa es la razón por la que es necesario levantar la voz y señalar la agresión, el daño, la violencia que hay detrás de este tipo de mensajes que pretenden mantenernos en roles secundarios y sumisos, peor aún si pretenden invisibilizarnos.

Pero no todo está perdido. Algunas organizaciones, algunas personas, reconocen los errores y los corrigen. Eso hizo, por ejemplo, La Blanquirroja. Colgaron al día siguiente un nuevo video, donde estamos también nosotras y fortalecieron nuestras ganas de alentar a la selección. ¡Arriba Perú!