Marisa Glave

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En el partidor

“Las mujeres tenemos que superar no solo las barreras de acceso, sino que además debemos romper con patrones de exclusión históricos”.

La democracia, en su versión electoral, supone que todo ciudadano tenga derecho a votar; que en el voto seamos iguales. No importan las desigualdades sociales porque en las urnas, seas rico o pobre, hombre o mujer, un voto es un voto.

Este modelo choca con la realidad todos los días. Y no me refiero ni siquiera a la democracia en términos sociales. Nuestros votos en las urnas pueden ser iguales, pero no llegamos en igualdad al proceso electoral. Mil factores lo impiden. Por eso es fundamental ponerlos en evidencia y combatirlos. Si vamos a apostar por una competencia electoral, que sea justa.

En principio todos podemos elegir y ser elegidos, pero para ser elegidos necesitamos tener un registro electoral. Si las reglas de juego permiten que solo quienes tienen mucho dinero puedan obtener un registro, entonces hay una asimetría de acceso. Para ser elegidos necesitamos ser conocidos y oídos por la ciudadanía, pero si los medios para llegar a la opinión pública cuestan millones, entonces enfrentamos una segunda asimetría.

Si queremos ser elegidas, nótese el femenino, tenemos que llegar a ser primero candidatas.

Las mujeres tenemos que superar no solo las barreras básicas de acceso, sino que además debemos romper con patrones de exclusión históricos. Llegamos a la vida republicana formal 130 años después que los hombres. Y pese a tener derecho a votar hace más de 60 años, aún no nos paramos en el partidor en igualdad de condiciones: somos menos y estamos atrás.

En las elecciones pasadas las mujeres llegamos a representar el 40% del total de candidaturas al Congreso. Pero si revisamos el tercio superior de las listas inscritas, las mujeres representábamos menos del 25% del total. Esa es la diferencia de fondo. No estamos donde realmente debemos estar para poder ser elegidas.

Por eso el Congreso debe asegurar la paridad con alternancia.

Este martes la Comisión de Constitución del Congreso demostrará si quiere garantizar igualdad política para las mujeres o no. Tienen la oportunidad de corregir lo que el anterior Congreso no logró: llegar al 50% el 2021, sin renunciar a la alternancia. Pero además, extender la norma al interior de las listas municipales y regionales; y también en las candidaturas a alcaldes y alcaldesas, la llamada paridad horizontal.

Esto permitiría que, al menos en términos electorales, tengamos igualdad.