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Parte de Guerra: ¡Viva la patria! ¡Viva la libertad! ¡Viva la independencia!

Hilando Fino: El uniforme de gala que usará San Martín en el Perú, una vez ungido como protector, se exhibe en el Museo Nacional de Historia de Buenos Aires. La proclama de la independencia en la plaza Mayor de Lima se repetirá frente a la iglesia de La Merced, en la plaza de la parroquia y hospital de naturales de Santa Ana y, por último, en la Plaza de la Inquisición. La ceremonia  obedeció a un riguroso ritual de legitimidad del Antiguo Régimen. San Martín hila fino para tejer una alianza con tirios y troyanos.
Hilando Fino: El uniforme de gala que usará San Martín en el Perú, una vez ungido como protector, se exhibe en el Museo Nacional de Historia de Buenos Aires. La proclama de la independencia en la plaza Mayor de Lima se repetirá frente a la iglesia de La Merced, en la plaza de la parroquia y hospital de naturales de Santa Ana y, por último, en la Plaza de la Inquisición. La ceremonia obedeció a un riguroso ritual de legitimidad del Antiguo Régimen. San Martín hila fino para tejer una alianza con tirios y troyanos.
Domingo LR

¡Patriotas! El mate de chicha llenad

y alegres brindemos por la libertad.

Canta la muchedumbre tras proclamar San Martín la independencia de Lima el 28 de julio de 1821. Tararean La chicha, canción patriótica compuesta por el mulato José Bernardo Alcedo y por José de la Torre Ugarte, los mismos autores, pocas semanas después, de nuestro himno nacional. El ejército libertador ha ocupado pacíficamente la capital del virreinato apenas 20 días atrás, tras un largo y paciente asedio al virrey La Serna y las tropas realistas, quienes escapan a la Sierra Central por Yauyos. La inflación, el hambre y la incertidumbre castigan a la población, pero la proclama de la independencia exalta los sentidos. Cantan peruanas y peruanos por calles y plazas:

El ceviche venga, la guatia en seguida,

que también convida y exita a beber.

Todo indio sostenga con el poto en la mano

que a todo tirano ha de aborrecer.

Ahora queda el mayúsculo desafío de consolidar el nuevo régimen político, derrotar al enemigo y conjurar futuras intrigas que acechan en los bordes de la verbena popular. La guerra con España está lejos de llegar a su fin.

Escribe: Juan Carlos Estenssoro*

“Lima libre juró su independencia en 28 de julio de 1821″, rezan, con estricta exactitud, las medallas acuñadas para ser lanzadas al aire y dejar memoria del gran día. En 2021, en cambio, se celebra un “San Martín proclama la independencia del Perú”, imponiendo una grave distorsión en el sujeto (el protagonista es el pueblo de Lima, no San Martín), en el acto (jura, no proclamación) y en el ámbito (limeño y no nacional).

Juan Carlos Estenssoro: Doctor en Historia por la EHESS (París), es profesor titular en la Universidad Sorbona Nueva, donde dirige el Centro de Investigación sobre Hispanoamérica Colonial.

Desde 1820 múltiples ciudades vienen jurando sus independencias respectivas y adhiriendo (nada las obliga) a la de un Perú libre de contorno y unidad aún muy inciertos. No una sino muchas independencias, tantas hasta 1825 que somos incapaces de contarlas. Estamos en consecuencia, este día, ya en el “año segundo de la independencia del Perú y primero de la de Lima” conforme al calendario de los libertadores que, con su desembarco, han marcado el punto cero que mantendremos en almanaques, periódicos, leyes y decretos por más de quince años. En 2021 contamos 200 años, ellos querían que contásemos 201.

Una independencia legítima no se concede, es fruto de la autodeterminación. Solo adviene cuando una comunidad asume y se compromete a defender su soberanía. Por ello, San Martín proclama con voz impersonal: Desde este momento... Sus palabras informan, no son ‘performativas’ (no hacen el acto de independencia, no la instituyen). Así, no por modestia sino en honor a esa verdad, en su retrato niega haberla declarado: se define y pide ser recordado como quien “presenció la declaración de independencia de Chile y Perú”.

Testigo comprometido, debe garantizar un resultado incuestionable pues su independencia depende de la que promueve. Ni con 3504 firmas, “la opinión general [que] se haya decidida por la independencia” del cabildo puede pasar por “la voluntad general de los pueblos”. La alcanzará por aclamación masiva, repetida en cuatro plazas. Sin esa presencia, numéricamente significativa de todo el espectro social, el libertador prohíbe el uso de la palabra “pueblo” en actas y declaraciones. Rigor indispensable pues, una vez expresada, la “voluntad general” se convierte en voz unánime siguiendo el mismo principio liberal que, en una elección, obliga a depositar en el resultado de la mayoría la aceptación de todos.

Luego, no hay vuelta atrás. La jura ha transpuesto a Lima en la nueva era, regida por otro paradigma, tan primordial y envolvente en los compromisos que acarrea que nuestros primeros constitucionalistas lo llamaron el “dogma de la independencia”. Más de uno, disimulado en la multitud o refugiado en su casa, había reprobado por su presión coactiva una ceremonia “bajo la protección del ejército libertador”. Esos reticentes saben que el programa del día siguiente les está dedicado. Tendrán un rol protagónico ante la vigilancia de esa fuerza militar transformada entretanto en garante del nuevo orden. Ganar la capital es un paso decisivo que consolida el aparato estatal del Perú libre, a condición de absorber sus instituciones y su personal. Por ello, el 29 se completa la jura popular con juras individuales selectivas: todos los detentores de alguna autoridad de gobierno o justicia, funcionarios, miembros de cualquier corporación, militar, profesional o religiosa, que no hayan firmado el acta municipal están llamados a jurar, uno por uno, públicamente y en voz alta, firmar su fidelidad sin lo cual no podrán seguir ejerciendo.

Frente a esos tibios, José de la Mar y Ramón Castilla, figuras señeras de la futura república, luchan con ahínco y por las armas del lado realista, contrarios a la independencia; el primero incluso firma con el virrey o en su nombre. El proceso no concluye pues aquí aunque, en la euforia, muchas disposiciones (como la libertad de vientres) celebren lo ocurrido como la verdadera “independencia del Perú”. En menos de dos semanas retorna una lúcida prudencia y se llamará, nuevamente y por tres lustros, “independencia de Lima” a estos dos tan festejados días.

(*) Doctor en Historia por la EHESS (París), es profesor titular en la Universidad Sorbona Nueva, donde dirige el Centro de Investigación sobre Hispanoamérica Colonial. Miembro fundador el 2013 del proyecto Narra la Independencia, ha coordinado con Cecilia Méndez el volumen Las independencias antes de la independencia: miradas alternativas desde los pueblos (Lima, IFEA, en prensa).

►Cronología de la independencia del Perú 1821

24 de Jun Bolívar vence en Carabobo y libera a Venezuela.

5 de Jul José de la Serna nombra gobernador de Lima al marqués de Montemira.

6 de Jul El virrey José de la Serna abandona la ciudad de Lima. 9 de Jul Ingreso de San Martín a Lima.

12 de Jul El gobierno provisional decreta la libertad de los hijos de esclavos y da un reglamento de comercio que grava las mercaderías extranjeras y nacionales, suprime las aduanas terrestres, exonera de derechos el azogue, los libros, instrumentos científicos y toda clase de maquinaria. Se prohíbe la exportación de plata y oro, se grava la plata amonedada.

15 de Jul En cabildo abierto se jura la independencia y se firma el acta respectiva.

18 de Jul San Martín envía al cabildo limeño el diseño de la bandera para la proclamación de la independencia.

21 de Jul Francisco Antonio de Zela muere en un calabozo del Castillo de San Lorenzo de Chagres, en Panamá.

Fuente: M. Guerra, coord., Cronología de la independencia del Perú, 2016.

Edición y coordinación: Marco Zileri. Diseño: brian tejeda. Fuente: Uniforme de San Martín: Museo Nacional de Historia de Buenos Aires / Proclamación de la independencia: cuadro de Etna Velarde / Foto: San Martín en París, la única fotografía del Libertador, de autor anónimo.