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Historia electoral de la infamia

Comprar a un candidato con millones, como hicieron las más grandes empresas del país con Keiko Fujimori, lamentablemente no es novedad. Juan Luis Orrego y Francisco Durand recuerdan aquí otros momentos en los que el poder económico trató de controlar a los líderes políticos. Muchas veces con éxito.

Óscar Miranda
24 Nov 2019 | 12:06 h

Comencemos con Ramón Castilla, el presidente más emblemático del siglo XIX. O, mejor dicho, con el hombre que financió su campaña electoral. Un comerciante y prestamista llamado Pedro Gonzales Candamo, a quien se recuerda más porque fue padre del dos veces presidente Manuel Candamo.

Gonzales Candamo fue el financista de la “revolución constitucionalista” de Castilla y de su campaña electoral de 1945.

Cuando el mariscal llegó al poder, no se olvidó de su amigo y patrocinador. El historiador Juan Luis Orrego cuenta que Castilla recompensó a Gonzales Candamo otorgándole la concesión de la obra de infraestructura más grande que se había hecho en el Perú hasta entonces: el Ferrocarril Lima - Callao.

Los libros de historia se refieren a Castilla como el primer gobernante progresista, como el hombre que liberó a los esclavos, abolió el tributo indígena y dio la ley de libertad de prensa.

Pero lo que no suelen decir es que también fue uno de los primeros ejemplos del político que pactó con las élites económicas el intercambio de dinero por beneficios y prebendas.

Lo que vemos hoy en día con Keiko Fujimori y los grupos de poder económico no es nuevo.

Nació con la República.

SEDUCCIÓN DE CLASE

A lo largo de estos casi dos siglos de República, las élites empresariales han tratado de influir, ganarse los favores o controlar directamente a los líderes políticos. Y lo hicieron hasta hace poco sin que nadie lo supiera.

–[Por eso] lo de Keiko Fujimori no me sorprende– dice Juan Luis Orrego. –Si hubiésemos tenido televisión o ‘vladivideos’ desde la época de la Independencia hubiésemos visto que desde el principio así era.

Una forma de ganárselos sin darles plata directamente fue seducirlos, dice el historiador. Hacerlos sentir que eran “uno de ellos”. Eso fue lo que hicieron con Luis Sánchez Cerro, al que hicieron socio del Club Nacional y al que hacían llegar a los bailes del brazo de las hijas de las familias más poderosas. También con Odría y hasta con Velasco.

El caso de Juan Velasco Alvarado es singular. El militar golpista que expropió las tierras de la oligarquía y a quien sus enemigos tildaban de “comunista” se reunía todos los fines de semana con un grupo de empresarios, el llamado Grupo ALTECO, cuya figura más visible era Enrique León Velarde.

León Velarde era un magnate financiero, dueño de haciendas en la zona norte de Lima, que se hizo amigo del general en un viaje de regreso de Europa.

Estuvo a su lado durante la preparación del golpe y una vez en el poder logró algunas prebendas, como presidir Mutual Perú, que le financió proyectos inmobiliarios personales en Los Olivos y San Martín de Porres.

El empresario invitaba al dictador a paseos en su lujoso yate, le organizaba reuniones en su mansión en Chaclacayo y lo introdujo en la vida social de las clases altas de Lima.

Velasco ha pasado a la historia como la bestia negra de la oligarquía, pero lo cierto es que, según Orrego, muchos empresarios se sirvieron de algunas de sus medidas para crecer.

León Velarde evitó que la reforma agraria le quite sus tierras convirtiéndolas en terrenos inmobiliarios. Lo mismo habrían hecho los Brescia. Y los Romero pasaron de ser una familia de terratenientes a una de industriales –luego banqueros– precisamente en esta época.

LA CAPTURA DEL ESTADO

De 1980 en adelante, las elecciones generales han sido disputadas por multitud de partidos y candidaturas independientes. Los protagonistas han ido cambiando. Los que nunca cambiaron fueron los financistas de cada campaña. Los Romero, por ejemplo. Aquello siempre se sospechó, pero en los últimos días se ha terminado de confirmar.

Dionisio Romero Seminario patrocinó las candidaturas de Acción Popular, el PPC y un tercer partido –presumiblemente el APRA– en las elecciones de 1980 (lo contó en una entrevista con El Comercio en 2009).

También financió la postulación de Alan García en 1985 (lo reconoció en un programa de televisión en 1987). Y muy probablemente aportó parte de los 12 millones de dólares que habría costado la campaña del Fredemo en 1990.

El sociólogo Francisco Durand recuerda que durante el fujimorato el banquero más poderoso del país hizo tratos con Vladimiro Montesinos en la salita del SIN para obtener la concesión del Puerto de Matarani y para salvar la deuda de la pesquera Hayduk, intervenida por llevar droga, con su banco. A cambio, Romero declaró públicamente en contra de la candidatura de Alberto Andrade.

Dionisio Romero también colocó a sus funcionarios en puestos claves de ese gobierno, sobre todo en el MEF.

–En el año 99 entra Daniel Saettone como jefe del gabinete de asesores del MEF y se toman una serie de decisiones que favorecen al Grupo Romero– dice Durand. –Cuando termina ese mandato, Saettone regresa y se convierte en cabeza del Banco de Crédito en Bolivia.

Las llamadas “puertas giratorias”. Francisco Durand ha escrito mucho sobre ellas. Se vieron con Fujimori y se vieron con Alan García 2 (por ejemplo, Luis Carranza llegó del BBVA).

Y se vieron con Ollanta Humala, el caso más emblemático de lo que el investigador llama “la captura del Estado por parte de las élites económicas”.

Humala traicionó a las fuerzas de izquierda que lo ayudaron a ganar las elecciones de 2011, ratificó a Julio Velarde en el BCR, nombró a Luis Miguel Castilla en el MEF y se amistó con la Confiep –la misma Confiep que, pocos meses antes, había gastado millones de dólares tratando de destruir su reputación.

En su libro Cuando el poder extractivo captura el Estado, Durand relata las presiones de los poderes fácticos que fueron empujando a Humala a buscar congraciarse con la clase empresarial. El libro H & H, de Marco Sifuentes, complementa ese relato, sobre todo porque muestra el papel de Nadine Heredia en este proceso, tan encandilada con la historia personal de Castilla y con sus nuevas amistades en la alta sociedad limeña.

Como se ve, son muchos factores. Francisco Durand dice que el financiamiento durante la campaña es el primer paso. Inicia una trama de relaciones que, una vez en el poder, se van afianzando con otros mecanismos: el control de los nombramientos en puestos clave, el lobby y, sobre todo en algunos sectores, los sobornos.

Muchas de estas estrategias de control han quedado expuestas gracias a las investigaciones fiscales del Caso Lava Jato. Sin este trabajo, algunos de los empresarios más poderosos del país no habrían admitido que donaron plata a la campaña de Keiko Fujimori.

Durand dice que lo que más le sorprende de la donación de Dionisio Romero Paoletti no es solo el monto –"un monto altísimo"–, sino que la lideresa de Fuerza Popular haya aceptado mantenerla en secreto.

–Es notable. A Keiko le interesa más cumplir con Dionisio que cumplir con la ley. Es un detalle, pero dice mucho de las relaciones de poder. Porque realmente está diciendo quién manda.

RECUADRO

“El poder económico te envuelve”

Juan Luis Orrego

Historiador

Lo que estamos viendo ahora no es nada nuevo. Los procedimientos pueden estar cambiando, las estrategias, las tecnologías, porque tenemos prácticamente 200 años de vida republicana, pero el poder económico siempre está detrás de la política. Muchas veces los políticos, los caudillos, los líderes, han sido la punta de una pirámide de intereses económicos. Y cuando hablamos de poder económico estamos hablando de terratenientes, mineros, empresarios, banqueros, prestamistas, lo que sea. Porque el poder económico tiene muchas caras. Puede ser formal, informal, incluso ilegal, pero es poder económico. Puede haber algunos líderes y partidos que no se dejen llevar necesariamente por eso, en los que puede primar la ideología, pero eso es muy raro y difícil. Al final los poderes económicos te terminan envolviendo. Y no es una psicología exclusivamente peruana; es mundial. Es tratar de conservar tu patrimonio, de incrementarlo, es defender tu poder económico. Y para eso te alías con el que te gusta y con el que no te gusta.

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