Eduardo Sacheri: “Deseamos ser amados con exclusividad”

06 Sep 2020 | 4:39 h
El autor se metió en la piel de Ofelia para contar su historia de amor en Lo mucho que te amé.
El autor se metió en la piel de Ofelia para contar su historia de amor en Lo mucho que te amé.

El escritor argentino es invitado de la FIL Lima 2020. Aquí detalla aspectos de su última novela, Lo mucho que te amé, en la que aborda una historia de amor situada en Buenos Aires de los años cincuenta.

Eduardo Sacheri se metió bajo la piel de una mujer. Bajo la piel de Ofelia, la protagonista de su última novela, Lo mucho que te amé (Alfaguara). Así se acercó más al pensamiento íntimo de esta muchacha para narrar su historia de amor. Ofelia es una de las cuatro hermanas Fernández Mollé, una familia de origen español con principios y valores establecidos.

La historia está situada en los años 50, en el barrio de Palermo, Buenos Aires. Ofelia está a punto de casarse, pero otro amor, que está en el mismo seno de su familia, asalta su corazón. Entonces vive un remolino de sentimientos encontrados porque la felicidad de ella, y ella lo sabe, puede significar la infelicidad de un ser querido inmediato.

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¿Esta novela es la historia de una mujer en batalla, sobre todo contra la culpa?

Es posible. También creo que está en una batalla que tiene que ver con definir qué lugar le podamos dar a nuestro deseo frente a nuestra responsabilidad. Este difícil equilibrio que todos los seres humanos tenemos entre ejercer la libertad y con eso también correr el riesgo de dañar a quienes queremos.

Contra los valores que da la familia, que son murallas...

Mi idea es que la novela no esté contra nada. En todo caso, sí creo que la familia en la que nacemos, en la que nos educamos, construye las ideas básicas de nuestra moral y movernos contra ellas nos cuesta, creo, más que movernos contra la moral dominante. En ese sentido, me parece que las familias son una frontera moral muy fuerte.

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¿Situar la historia en el pasado ha tenido que ver con cotejar la educación, sobre todo íntima, de las mujeres de antes con las de ahora?

Al contrario. Me llevé la novela tantos años para atrás con la idea de que no se mezclaran los códigos morales de nuestra época y las dudas de nuestra época con las de mis personajes. Yo creo que nuestra época tiene sus propias dudas como toda época humana. Me parece que toda época de la historia presenta sus dilemas morales a quienes viven en ella.

La novela está narrada en primera persona, con voz femenina. ¿Camuflarse en la piel de una mujer le permitió acercarse más al pensamiento de Ofelia?

En general, narrar en primera persona tiene esa ventaja de que uno puede bucear más íntimamente que si trabaja en tercera persona. Y en este caso me parecía mucho más interesante como personaje Ofelia que los varones de la historia. Me llevó muchos meses de escritura afinar que el registro fuera verosímil, que eso está pensado, sentido y dicho por una chica. Me quedé conforme con el resultado, porque, como te digo, la primera persona favorece esa proximidad.

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El amor aquí es una especie de manzana de la discordia entre dos hermanas que aman al mismo hombre...

Yo creo que muchas veces -no siempre, pero muchas veces- los sentimientos entran en conflicto y ponen en situación de angustia a las personas que experimentan esos sentimientos. En Occidente, al menos, y creo que eso no ha cambiado demasiado, casi todos nosotros estamos educados en una idea de exclusividad amorosa. Se espera de nosotros que amemos en exclusividad y, en general, también deseamos ser amados con exclusividad. Pero, bueno, cuando eso no sucede, y creo que es algo que frecuentemente no sucede, muchas personas lo viven con angustia, con dolor, con dudas, con confusión. Creo que eso es lo que le pasa a Ofelia a lo largo de la historia.

En ese sentido, el amor, mejor dicho, la relación amorosa para los hombres les ha resultado siempre más fácil.

Bueno, casi todo en la vida nos ha resultado más fácil a los hombres. Sí, también las relaciones amorosas, pero además el trabajo, la amistad, la libertad fuera de nuestras casas, hacer deporte, en general. Los hombres durante siglos y siglos hemos disfrutado de facilidades y libertades que a las mujeres les han sido, sistemáticamente, negados. Hoy felizmente las cosas empiezan a ser distintas. Cuando digo empiezan, me refiero a que todavía queda un largo camino antes de que la situación sea realmente simétrica entre hombres y mujeres.

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Usted es historiador. ¿Eso ha permitido que su novela esté salpicada por un trasfondo de historia, sobre todo historia política?

En general, me gusta que mis personajes estén situados en un lugar económico, social y temporal. No que estén colgados en el aire. En general, me sucede eso y creo que acudo a mi conocimiento histórico. Pero no escribo novelas históricas. Mi interés no va por ahí, pero sí pongo a mis personajes un telón de fondo que es histórico y que, como cualquiera de nosotros, también lo tenemos. Nuestras vidas son personales, privadas, íntimas, cercanas, pero lo que pasa en la historia también nos afecta, nos determina, nos influye. Me gusta que a mis personajes les pase lo mismo.

Lo mucho que te amé

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